32 Medio Maratón del Día del Padre, sólo para mentes poderosas 1


Organizado por el Bosque de Tlalpan en conjunto con la marca deportiva Nike, el Medio Maratón del Día del Padre es, sin duda, una prueba digna de correr.

Este año eran alrededor de 16 mil participantes y se notaba. A pesar de la lluvia se dio el disparo de salida y comenzó la fiesta y al mismo tiempo, el desafío.

Esta vez a cargo de Nike, el Medio Maratón más importante de México y Latinoamérica se vivió con una renovada perspectiva. ¿Qué por qué digo que es el más importante? Basta con correrla para darse cuenta: súper ambiente, gran convocatoria y una ruta que pone a prueba las piernas más fuertes y las enterezas más grandes. Es un señor Medio Maratón que a sus 32 años goza de buena fama!!!

Lo he corrido sólo 2 veces y, a pesar de que es mi séptimo Medio Maratón, la verdad es que le tengo respeto pues es una ruta muy ruda que exige no sólo preparación física, sino también mental. Se trata de una carrera con varios kilómetros de subida y las subidas ¡me cuestan! Y estas en particular se sienten hoy en las piernas aún después del descanso dominical.

Esta vez la aventura comenzó desde que Nike me ofreció un pase para correrla gratis. En realidad, estoy preparándome para un maratón y este domingo me tocaban 22, así que me pareció buena idea “entrenar” con este Medio. Fue una gran decisión que me llevó a darme cuenta que necesito entrenar mucho más duro y añadir a mi entrenamiento varias sesiones de fuerza en brazos y piernas. Pero, después de todas estas consideraciones, les dejo la crónica de lo que yo viví y sentí en ese gran día.

Recorrí la ciudad en una loca carrera automovilística Naucalpan- Perisur en busca de llegar temprano. No lo logré. Llegué justo cuando se escuchaba el disparo de salida, comenzaba la música y el estruendo energético de los que festejaban su arranque. Corrí hacia la salida quitándome la chammara y pensé, “de cualquier modo, voy a salir tarde”, así que me di a la tarea de buscar el guardarropa sin lograrlo. No había más, o dejaba que el reloj corriera o me iba con todo y chamarra, así que la amarré a mi cintura y conseguí colarme por las rejas para evitar hacer la filota. Una vez dentro, activé mi chip Nike+, mi medidor de ritmo cardiaco y me lancé hasta el tapete de salida. ¡Comenzaba mi fiesta!

Estaba decidida a vencer mi marca de 2: 10 en ese Medio. Es extraño, he logrado mejores resultados en otras justas con la misma distancia, pero el Medio del Día del Padre, no se deja. Como quería correrlo debajo de 2 horas, me pegué con los “conejitos” que marcaban el ritmo de 2:00 pensé ir a ese paso y apretar hacia el final, es decir en plena subida.

Seguí al conejito y su conejita, por lo menos durante 7 kilómetros, hasta que me distraje y los perdí de vista, aún con ello cada paso me hacía sentirme más segura, además recordaba las palabras de José Luis: “que nuestro compromiso sea lograrlo en menos de 2 horas”, (pero no pude).

Cuando ya llevaba 33 minutos de carrera se escuchó “allá vienen los punteros” recorrían el camino de regreso ya perfilándose hacia la meta. Me pegué hacia la izquierda de los carriles centrales de periférico sur y los vi: dos kenianos que venían uno adherido al otro, paleando por el primer sitio. Un poco más atrás, un mexicano y unos minutos después, el poderosísimo Vo2Max haciendo su aparición con Charly, un excelentísimo corredor parte del equipo. Seguí por la izquierda y divisé algunos más del equipo, a Richard, a José Luis (el otro), al Titán del Asfalto, a Efra… e incluso pude ver a mi amigo Aldo corriendo sin esfuerzo alguno, pero a un súper ritmo, entonces miré mi cronómetro y decidí recuperar mi concentración. Más o menos estaba haciendo unos 5 30 por minuto, marqué 27 en los primeros 5 y la consigna era marcar 10 antes de cumplir la hora. Todo era justo conforme a mi plan, incluso, cuando iniciamos la escalada de la primer subida, me maravillé de mi estado físico y mi concentración mental. Se trata de un puente largo que exige mucha fuerza en las piernas: lo enfrenté y vencí como las grandes. Miré el reloj, estaba a punto de llegar a los 10k faltando 7 minutos para cumplir la primer hora corriendo.

Justo ahí fue cuando la porra comenzó a hacerse presente ¡Vamos corredores, ya falta menos! Estábamos ya casi a la mitad de la competencia, pero apenas era el recorrido “facilito”, el verdadero reto estaba a punto de revelarse antes mis ojos: los siguientes 11 kilómetros con pura subida, pequeñas, grandes y al último ¡imponentes! cuestas que ponen a prueba pulmones, corazón, piernas, mentalidad y hasta entereza.

Las porras eran cada vez más cercanas las unas a las otras;  prácticamente en todo el recorrido se acercaba la gente a dar muestras de apoyo, regalar dulces o darte la mano para pasarte energía. Estábamos justo en la mejor parte de todas. Y es que cuando escuchas los gritos de apoyo, todo el esfuerzo acumulado (y el que aún falta) vale la pena. Ya para el kilómetro 16, la primera cuesta verdadera se hizo presente. Nadie flaqueaba. Paso a paso conquistamos la cima para encontrarnos que el camino que se nos revelaba enfrente no era más fácil. Entonces recordé una frase que alguna vez compartió conmigo, mi buen amigo Fher y que, a su consideración, debe ser la filosofía para enfrentar los retos diarios “¿Qué hay después de una subida?, me dijo un día mientras andábamos en bici, yo le dije “una bajada” y él contestó “no, otra subida” y remató “si tomas en cuenta esto, podrás afrontar muchos retos en tu vida, sin flaquear ni confiarte”. Y sí, en el Medio Maratón del Día del Padre, los corredores sabemos que una vez que comienzas a escalar la montaña, no pararemos de subir hasta cruzar la meta, no puedes confiarte de tus capacidades, pero tampoco dejarte vencer.

Altrimetría de la ruta. ¡¡Ven como sí está ruda!

El cansancio afloraba en mis pantorrillas que marcaban el ritmo de una subida interminable. Sentía dolor y me decía, “tú puedes llegar a esa gloriosa meta” pero la verdad es que mis piernas comenzaban a flaquear. Pasamos el kilómetro 17.5 y ya no había hidratación ¡con la sed que llevaba!, estábamos cerca de llegar al final, entonces lo mejor sucedió. A la salida de Perisur, la gente formaba una vaya humana de manos que se estiraban para tocar a los corredores y darles ánimo. Estiré mi brazo derecho para sentir sus palmadas de ánimo y entonces, como un combustible nuevo y energético, mis piernas comenzaron a volar, como si la cuesta no existiera ¡Vamos, vamos! Se escuchaba a los costados y, a lo lejos, el sonido diciendo “falta menos corredores, falta menos”. Entré a la Avenida Zacatepetl al costado izquierdo del centro comercial PeriSur y seguí subiendo como si no trajera kilómetros a cuestas. Aquello ya era una fiesta a punto de culminar entre los fuegos artificiales que sólo un corredor que ha dado todo (sin importar su tiempo) puede sentir al cruzar la meta. Creo que nunca en mi vida me había esforzado tanto en competencia y entonces Tlaloc me regaló un poco de lluvia para refrescarme. No me gusta correr lloviendo porque los riesgos se hacen grandes, pero en aquel momento y después de recorrer 20 kilómetros, la lluvia era ya lo de menos.

Sentía calor en las piernas por el esfuerzo; mis pantorrillas ardían y mis cuadríceps ya estaban agotados, la lluvia me obsequió la pila necesaria para dar lo mejor en los últimos metros. Entonces bajé por el puente de periférico como en automático y enfrenté la última y pequeña subida que me llevaría hasta la meta. La gente ya se arremolinaba en las vallas que hacían evidente que mi sueño llegaba a su final. Di lo último, con dolor en las piernas, con brazos adormilados, con cansancio, con pasión y entonces alcé los brazos coronando mi llegada, como si fuera la única que ya volaba sobre el asfalto y lloré. Sí, lloré. Estaba emocionada por el gran esfuerzo que significa esta carrera y porque una vez más, había llegado entera a mi destino, después de una charla larga conmigo misma. Sólo he llorado dos veces en competencia, la primera vez cuando corrí el Maratón y ahora, el enfrentarme a este Medio y es que, en verdad exige mucho en todos los sentidos.

Este fin de semana se me presentó difícil, comenzando desde el viernes y no hay mejor forma de dejarlo todo atrás, que corriendo. Cada vez que me enfrento a un kilómetro, me siento más grande, más entera, más yo, y más lejos, bastante lejos de otros, lo cual no puede significar más que una cosa: crezco como persona y mucho de ello, se lo debo al running.

Pues bien, Carrera del Día del Padre, nos vimos y volveremos a vernos y verás cómo vuelvo a vencerte, ahora con un mejor tiempo.

¡Mi reconocimiento! No suelo publicarlos, pero éste sí lo merezco :D


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.

Dejar un Comentario