Mi visión del 5to. Medio Maratón Emoción Deportiva


Revive lo acontecido en el quinto Medio Maratón Emoción Deportiva. Sin duda el Medio Maratón es una  distancia va adquiriendo muchos adeptos y cada día se lucen en su organización.

Algo pasa en mi mente estos días. Cambiar de chamba cambió algo en mi mente y corazón. Estoy insatisfecha y muy cansada y desafortunadamente comienza a mermar mi espíritu runner. ¿Por qué les cuento esto? Pues porque tuve un debate conmigo misma sobre inscribirme o no al 5to. Medio Maratón de Emoción Deportiva.

En mi calendario de actividades, tenía contemplado éste, el medio de Adidas y el Medio de la Ciudad de México y es mucho dinero todo eso, había que escatimar en gastos, así que pensaba correr Emoción Deportiva “por fuera” es decir, sin inscripción. Luego por fin a dos días me inscribí; pero mi ánimo runnístico seguía sin prender. Fui por mi paquete de corredora junto con Cris, que sí lo correría por fuera y ni así lograba sentir que esta dentro de la carrera.

Y el ánimo siguió así hasta el día domingo en que me desperté y dije “tengo que dejar de correr un poco” y tomé la maleta para irme hacia donde comenzaría la ruta de este quinto Maratón de Emoción Deportiva: al costado del Museo de Antropología. Me sentía cansada, sin ánimo y en verdad esto crece conforme pasan las semanas en el trabajo. Todos estos pensamientos me llevaron a llegar tarde y de malas a la carrera.

Distraídos en el coche, no salimos por Polanco y dimos varias vueltas hasta llegar a donde estacionaríamos el auto, eso nos restó tiempo y por ende, llegamos tarde. Yo quería ir al baño, corrí hacia el guardarropa y de pronto comenzó el Himno Nacional. Uff, me quedé pensando un segundo si ir o no al baño y terminé metiéndome a los corrales y tratando de llegar lo más cerca posible de la salida. Al disparo, yo caminé otros 2 minutos antes de poder cruzar el arco y al comenzar a correr, sin Cris que sí fue al baño, noté que iba a estar difícil hacer una distancia de 21K con ganas de hacer pipí. ¡pero lo hice!

Salimos en punto de las 7 y yo pasé el primer kilómetro en Reforma, hacia la Diana lamentándome el no haber ido al baño. Fue una lucha mortal con mi mente y mi vejiga que paso a paso me decía “debiste ir” y luego “tendrás que detenerte en algún lado”. Dimos la vuelta a la Diana y regresamos por Reforma lo que me hizo pensar que tal vez podría encontrar algún baño cerca. Me equivoqué y sí marqué el kilómetro 2 sin darme cuenta siquiera en el tiempo. Luego dimos la vuelta en Circuito Gandhi y pasé un buen rato mirando el parque y pensando “porqué diablos no fui hombre” al tiempo que miraba a corredores esconderse tras un arbolito.

Justo cuando el tiempo me comía la mente pensando en eso, me encontré a Cris, me dijo “Malili viene atrás” y comenzó a correr más rápido, lo le dije lo que me pasaba y me dijo que debía intentar salir de la carrera, ir al baño y volver al Circuito Gandhi. La verdad no podía, me daba pena, recordaba a aquella maratonista que en el maratón de Pekín dio la vuelta al mundo tras orillarse en la carrera y orinar. Definitivo yo no podía, así que salimos de ahí hacia Rubén Darío donde marcamos el kilómetro 4, yo llevaba ya 20 minutos con el alma en un hilo y la vejiga llena, ni siquiera quería tomar hidratación.

Cris se fue a mi paso, bueno a paso de 5 el kilómetro, intenté seguirlo y como traía una lesión, me dijo que me acompañaría buena parte de la carrera. Ya estábamos de nueva cuenta en Reforma y habíamos pasado el kilómetro 5 cuando dijimos que haríamos cada kilómetro en 5:15. Un reto para mi, para él sería como ir trotando. Yo hacía un gran esfuerzo por mantenerme a su lado y eso me distraía la mente con respecto a mis ganas de ir al baño. En Auditorio marcamos el 6, él se adelantó bastante pero intenté seguirlo. Aquí me encontré con un corredor que conocí hace tiempo y que me saludó. Comenzaba el verdadero reto. De aquí en adelante, la mayor parte de la carrera sería en subida. Entré a Chivatito y miré a lo lejos a Cris que ya iba subiendo. Lo encontré de nuevo ya casi al terminar la cuesta, me estaba esperando. Le dolía la pierna y en definitiva no podía ir rápido, así que se convirtió en mi conejito.

Subimos hacia la tercera sección de Chapultepec y ahí marcamos el 7, creo que ya a esta altura, había olvidado que quería ir al baño así que tomé hidratación en el primer puesto que encontramos. Ahí pude seguir el paso marcado por el que en ese momento se había convertido en mi Rabbit. Alencastre fue mortal, como saben, por que se los he contado en otras ocasiones, las subidas no son mi fuerte, pero quería romper mi récord personal y cerrar antes de las 2 horas. Le metí todas las ganas a este Medio. Entramos a Aguiar y Seijas marcando el octavo. Aquí gozamos de las bondades de una pequeña y reconfortante bajada, que duró nada, para luego subir por Avenida de los Virreyes en lo que de plano es un reto para piernas y pulmones, yo sabía que una vez ahí, no habría otra cosa más que pendientes. Aquí se sucedieron en cascada los kilómetros, yo luchando por subir y Cris intentando que yo mejorara un poco la marca de los tiempos, pero vamos, que no puedo marcarlos en 5:15 cada uno. A ratos marcaba más y en bajadas menos. El 10 lo marcamos en Avenida Toluca en subidas agónicas en donde los corredores no dejaban de quejarse y otros de gritar que sí se podía. Aquí Cris lograba adelantarse. Yo había olvidado por completo que al iniciar la carrera mi vejiga gritaba “ve al baño” y en cambio, la pierna de Cris, le ordenaba “detente”.

Un corredor le puso agua fría en el muslo mientras íbamos subiendo y rodeando la tercera sección de Chapultepec. Aquí marcamos el 11 y el 12 y vimos a Beto que nos preguntó por Malili. Bajamos de nuevo para marcar el 13 y lanzarnos de nueva cuenta a Avenida Toluca ahora de bajada. Aquí recuperé un para de minutos que había perdido en las subidas interminables. Marcamos el 14. Cris que llevaba el registro de todos nuestros kilómetros, me dijo que lo habíamos marcado en 4:45, lo que significaba que podía ir rápido en bajada, pero luego en subida me tardaba un siglo. Volvimos a las Lomas y marcamos el 15 en Avenida Bosques donde de nuevo subimos y luego comenzamos a bajar. Cris se quedó un poco atrás, las subidas le permitían manejar el dolor en el muslo, pero las bajadas lo dejaban fuera, con un piquete que lo hacían disminuir la velocidad. Íbamos de regreso. En Alencastre de nuevo Cris me rebasó y me costó mucho ubicarlo con la mirada, lo volvía ver ya cerca de marcar el 17, le pregunté cómo iba su pierna y me dijo que llevaba bastante dolor. Al pasar el 17 noté que bajaríamos de nuevo por Chivatito y eso sólo podía significar una cosa: entraríamos a Chapultepec.

Confieso que desde hace tiempo no checho la ruta. Eso es malo, supongo porque no me da una idea de por donde andaremos. Por lo general me fijo en la altimetría, sabía que iba a ser predominantemente subida, pero no sabía bien por donde. La razón por la que no checo los mapas es que no les entiendo, pues soy bastante desubicada. Eso me llevó a no saber que entraríamos a Chapultepec y eso sí es un problema porque que verdaderamente ¡me choca! sólo por una razón: el adoquín.

Así que bajamos por Alencastre, ahora del otro lado y entramos al temible adoquín. Esa última bajada fue mortal para mi, pues empecé a sentir dolor en el dedo gordo de mi pie derecho. Mi calcetín se había atorado en mi uña, o al menos es lo que me imaginaba y eso me estaba causando dolor y pisar el adoquín no mejoraba nada. Me sentía cansada, muy cansada y adolorida. Ya casi por llegar al 18, paré, tenía que acomodarme el tenis porque ya no aguantaba el dolor. Cris se adelantó y lo fui viendo a lo lejos por lo menos un kilómetro. Llevábamos buen paso aún y creí que podría entrar a al meta antes de las 2 horas, pero comencé a cansarme mucho y a ir muy lento. Tomé mi última hidratación y disminuí el paso, pero la idea, nuevamente de Malili atrás me hizo acelerar, así entre el dolor por el pie y las ganas de cruzar antes de las dos horas, seguí corriendo.

Llegué al monumento a los niños héroes y ahí me esperaba Cris, “ya casi llegamos, esfuérzate un poco”, me dijo y corrimos los últimos metros hacia la salida de Chapultepec, tras dos kilómetros de adoquín. Marcamos el 20 en la puerta de salida y entonces corrimos de nuevo por Reforma. La meta se encontraba enfrente de Antropología, por donde habíamos salido hacía dos horas. Miré el reloj, llevábamos buen tiempo, así que apreté el paso, intentando seguir a mi conejito. Pensé que faltaba poco, porque miraba el arco de la meta, pero fue una ilusión, tendríamos que correr un poco más allá de Antropología y regresar de nuevo. No pude mantener el paso. Bajé el ritmo y casi lloraba por el dolor en mi pie, no sólo la uña, sino también mi fascitis me estaban haciendo una mala pasada. Le dije a Cris “no puedo más” pero él insistía en no dejarme vencer.

Dimos la vuelta, miraba a lo lejos la meta y sentía que corría muy lento. De pronto, Cris apretó el paso y tomó mi mano, me dijo “abre las piernas como si hicieras cienes”. Así que comencé a usar su técnica, también me dijo que me impulsara más con los brazos, así que pronto comencé a ir más rápido. Escuché ya casi llegando a la meta, el apoyo a Ángel y otros Vo2max, así que faltaba poco, tomé a Cris de las manos y cruzamos la meta juntos. El tiempo: 2.00 cerradas, quitando los dos minutos que me tomó salir. La mejor marca de mi último año en Medio Maratón tras mi regreso al grupo. Voy bien, pero aún falta.

Por ahí me encontré al fotógrafo del Universal que me tomó una foto. Aún no la tengo, pero quedó en mandarla.

Como cicatriz de batalla me quedó una uña morada a punto de caer. Comienzo a creer que son los tenis los que me están lastimando, por lo que habrá que compra otros. Una vez terminada la competencia y ya con los Vo2max, Luis dijo que había tenido un cierre espectacular. No sé de dónde saqué aire para hacerlo, pero sin duda, el apoyo de mi conejito, fue fundamental. Gracias Cris.

Ahora sí, camino hacia el Medio de la Ciudad de México, el último que habrá. Sin duda histórico. Ruta Olímpica. Vamos cerrando temporada porque al parecer 2014 traerá Maratón.


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.

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