Carrera del Colegio Americano 2014: una grata sorpresa para mí


Con una ruta exigente, la Carrera del Colegio Americano me regaló una experiencia inigualable. Correr tiene eso: siempre acaba por sorprendernos.

Los primeros días de enero del año 2000 fueron los que atestiguaron el inicio de una historia: Mariana, la corredora. Antes de eso, yo había estado alejada de cualquier cosa que implicara ejercicio. Cuatro años antes había hecho un intento por nadar y dos años antes de eso, había jugado básquet en la escuela. En estricto orden, para el año 2000 yo tenía 4 años de no moverme más que lo necesario para ir a la Universidad y regresar a casa.

Ahora, en 2014, tras 14 años ininterrumpidos (bueno quizá un par de veces) de correr, mis piernas han acumulado cientos de kilómetros repartidos entre el Parque la Hoja, la colonia donde vivo, la pista de Atletismo de Acatlán e Iztacala, la Pila, el Ocotal, el Desierto de los Leones, La Malinche, el Nevado de Toluca, y un sinfín de carreras de 5, 10, 21 kilómetros y dos maratones. Pero, aunque cada competencia y cada entrenamiento suponen una experiencia inigualable, de todas esas carreras, la que seguro quedará en mi mente, será la Carrera del Colegio Americano, ¿por qué? Bueno, porque me regaló algo lindo.

Comienza el reto

El despertador sonó en punto de las 5 de la mañana. Tenía que salir 30 minutos después si quería estar en las instalaciones del Colegio Americano a las 6, para la cita con el equipo Vo2Máx. Me arreglé deprisa y salí de casa y fue cuando me di cuenta que llovía.

Tenía que cruzar buena parte de la ciudad para llegar a una de las carreras que más nerviosa me ha puesto en los últimos años y para colmo lo haría lloviendo. Cris y yo nos encontramos para irnos juntos. Llovía bastante y hacía frío, entonces sumado al miedo de la ruta, llegó el miedo a correr con los tenis que traía porque el pavimento estaba mojado y la duda de si la estrategia correr rápido en bajada para compensar el tiempo que perdería en subida, iba a funcionar.

Y es que la ruta de la carrera era básicamente subida y yo no soy ni tantito buena, de hecho, no me encanta correr en subida pues soy lenta. Mi reto era lograr el 10k en 50 minutos, menos si se podía, pero en subida mmm no estaba tan segura.

Cuando por fin llegamos a la salida de la carrera, la lluvia era cada vez más copiosa y mis nervios cada vez más intensos. Mi coach, como siempre, llegó con una sonrisa y así, en plena llovizna nos puso a calentar. Ni mis plegarias no quitaron la lluvia, así que me resigné, ya estaba ahí y no iba a claudicar.

Mi cara antes de comenzar la carrera

Mi cara antes de comenzar la carrera

Ya para cuando estábamos en los bloques de salida, el cielo parecía un poco más abierto, aunque no dejaba de llover, poco a poco amainaba. Primero salió la carrera de 5k y 10 minutos después, con los Vo2Máx a la cabeza, salimos los de 10.

La carrera del Colegio Americano es pequeña, sin tanta alharaca, ni tanto espectáculo como las que hacen ahora para miles y miles de corredores. Yo creo que, sumando ambas distancias: 5 y 1oK, éramos unos 400 corredores y unos cuantos porristas, dadas las condiciones climáticas.

Así, entre el silencio de la ciudad dormida, las gotas de lluvia estrellándose y escurriendo por el pavimento, tomé aire y salí por la pista de atletismo hacia la avenida Sur 128. Mi miedo se multiplicaba cada que los voluntarios nos advertían de lo resbaloso del pavimento. Iba aterrada. La estrategia de carrera era: correr lo más rápido posible los kilómetros en bajada para compensar el tiempo que me tomaría los eternos kilómetros en subida, así que las calles mojadas, sumadas a mis tenis de competencia eran la combinación perfecta para una caída.

Colegio Americano

La pista de atletismo del Colegio Americano

Traté de concentrarme en la carrera, pensando sólo en dar lo mejor de mí para satisfacerme a mí misma, pensaba en eso cuando mi Coach se acercó a mi corriendo y me dijo:

-Mar, recuerda, todo está en la mente, tú puedes, tienes todo para hacerlo”.

¿Por qué me lo dijo? Bueno llevaba semanas diciéndole que no quería correr esa carrera porque era en subida y en realidad había que trabajado arduamente con mi mente para hacerme a la idea de mis piernas subiendo por Constituyentes.

Si él confía en mí, pensé, ¿quién soy yo para desconfiar? Apreté el paso y tomamos el primer puente que atravesaría Constituyentes para dejarnos salir hacia Chapultepec. Era una mañana nublada, con un silencio abrumador, salvo mis pensamientos, lo único que agitaba el silencio eran los pasos de los corredores junto a mí, saltando charcos, cayendo en ellos, respirando agitadamente.

Me pegué con Anita, una nueva integrante del grupo y juntas vimos acercarse a los primeros lugares del 5k cuando nosotros cruzamos el segundo puente y comenzamos a bajar hacia el Museo del Niño en Chapultepec.

-Ahí vienen los de 5, le dije y ella asintió con la cabeza para después dejarme atrás. Miré el reloj, llevábamos escasos 9 minutos corriendo, lo que significaba que el kilómetro dos estaba cerca. Me concentré de nuevo en mi carrera. José Luis, editor del Club de Corredores pronto me dio alcance también.

-Vas muy bien, el primer kilómetro lo hiciste en 4:20, me dijo.
-¿Sí?, pregunté al tiempo que tomaba aire y miraba los juegos mecánicos a mi derecha
-Sí contestó, nomás no te me canses.

Dimos la vuelta hacia la primera pendiente de la ruta. Ésta nos llevaría por Avenida de los Compositores a la Fuente de Xochipilli en Chapultepec. Yo sólo pensaba: “Esta subida no es nada, cada jueves haceas una subida mucho más marcada.”. Apreté el paso lo más que pude para no quedarme sin aliento y por fin, comenzamos a bajar, esta vez, para entrar al Lago de Chapultepec.

En la ruta, nos encontrábamos a los corredores que ya iban hacia su entrenamiento en la pista El Sope. Ahí me pegué a una chica que llevaba amarrada una chamarra morada en la cintura. La poca porra que acompañaba la carrera comenzó a apoyarme.

-No te le despegues, vete pagadita.

Entramos al Lago y la primera grata sorpresa se pegó a mi mirada ¡qué maravilla! La vista era de ensueño: unas cuantas gotas de lluvia cayendo en el agua en un ritmo armonioso, apenas perceptible; los patos, disfrutando su estanque, enseñando a sus crías a entrar y salir del agua, mirándonos correr mientras una ligera bruma caía, envolviendo en magia el Lago. Una postal de película. ¡y yo estaba ahí, disfrutando esa maravilla al tiempo que hacía lo que más amo en la vida, correr!

Rodeamos esa maravilla, no sé los demás, pero yo aprecié cada centímetro de ese lugar y un recuerdo vino a mí: hace algunos años, me mandaron a cubrir una conferencia de prensa a uno de los restaurantes que rodean el lago de Chapultepec. Recuerdo que al llegar, me senté en la mesa más pegada al lago y observé a los corredores. Eran las 8:30 de una mañana fresca y me pareció un sueño correr ahí. “Vendré a correr aquí”, pensé.

Y lo estaba haciendo, corría por la orilla del Lago más emblemático de México, quizá el más nombrado, tal vez el más conocido, incluso fuera de nuestras fronteras y no es que no lo hubiera hecho antes, en otras carreras, pero esta vez, era distinto, iba más preparada, además, sin tanta gente, la vista era como si fuera sólo para mí, una imagen digna de los cuentos de hadas.

Rodear el lago al compás de la lluvia fue como un descanso que me dio nuevas energías, mi mente pudo concentrarse de nuevo en disfrutar, aunque eso implicaba también dar un esfuerzo extra. Salimos de nuevo hacia la calle para incorporarnos a una pendiente. La chica de la sudadera morada se fue de mi vista. Íbamos ya cerca del kilómetro 6, quizá el 7; los carteles que marcan cada kilómetros se me habían perdido de vista, de hecho, hasta aquí, no había logrado ver ninguno, quizá porque iba muy concentrada en mi carrera.

Lo que tenía claro es que faltaba poco y eso implicaba los 2.5 kilómetros de subida. Tomamos la última bajada de la carrera, era alrededor de un kilómetro lo que bajaríamos para después regresar por el mismo camino, pero de subida. Aquí me pegue hacia la izquierda para ver pasar a mis compañeros del grupo: mi Coach primero, con un paso excelente, luego Cris quien venía tocándose el costado y luego, unos metros más abajo Rodo, miré el reloj, marcaba 37 minutos.

-Márcale el paso, jálalo, me gritó Rodo mientras él subía y yo bajaba.

Y es que traía pegado a mí lado a un chico que insistía en ganarme el paso. Bajando era fácil ir frente a él, pero sabía que pronto, comenzaría el reto, y se lo dije “aquí viene lo bueno”.

Hasta aquí, yo había dado todo por marcar mis kilómetros en 5 minutos o menos, si era posible. Yo sabía que mi reto era esa subida. Justo en el 7.5 comenzó lo bueno. De ahí a la meta lo único que tendría que hacer era correr lo mejor que pudiera en forma ascendente y en serio, sería un reto. Aún pensaba que tenía oportunidad de marcar un 50, pero no, estaría lejos de lograrlo.

Vi el cartel del kilómetro 8, alcé la mirada, era apenas la mitad de una pendiente empinada que, tras una breve bajada, comenzaba a empinarse nuevo. Estábamos en avenida Bosques. Una chica rubia con playera del colegio me rebasó. La miré e intenté alcanzarla. Fue cuando entramos al primer puente de Constituyentes. Bajamos, luego volvimos a subir. Salimos del puente y ella seguía a la cabeza y volvimos a tomar el siguiente puente.

La subida nos lanzó de nuevo al otro lado, donde algunas personas comenzaban a colocar sus puestos, a barrer la calle. Miré entonces el último cartel anunciando el kilómetro 9, el único que vi, alcé mi mano para observar mi cronómetro, estaba lejos de cerrar en 50, pero no quería dejarme vencer porque creía que había posibilidades de rankear.

Los últimos metros antes de entrar al Colegio Americano

Los últimos metros antes de entrar al Colegio Americano

Estaba cerca de llegar a la meta, si acaso dos pendientes más, se cruzarían en mi camino. Mary, una compañera del grupo me rebasó. Pensé que me sería fácil recuperar el ritmo una vez que llegáramos al Colegio, así que intenté seguir su paso. Fue entonces que volvimos a la calle Sur 128, estaba próxima a terminar la ruta. Richard ya nos esperaba ahí para la última porra.

-Alcánzala, sí puedes, me gritó.

Intentando darle alcance a Mary

Intentando darle alcance a Mary

Apreté el paso en la subida lo más que pude, pero Mary se le escapaba a mis piernas. Entremos al Colegio, sólo unos cuantos metros para entrar a la meta y ella apretó el paso. Apreté un poco, Mary estaba a escasos 20 metros, eran sólo unos segundos, pero no conseguí alcanzarla.

Llegando a la meta

Llegando a la meta

Seguí corriendo hasta encontrar la meta. Paré el reloj: 53:33. No es mi mejor tiempo en 10 y yo sabía que eso podría frustrarme, pues en los últimos meses mi reto es bajarle a mis tiempos.

Caminé sin alimento por la zona de recuperación donde Mary me esperaba para chocar nuestras palmas.
-Estás muy fuerte, le dije, mientras aún intentaba respirar.

En la meta

En la meta

Esperando resultados.

Pasé a la zona de recuperación y luego me fui a cambiar. Una de las razones por las cuales habíamos ido a la carrera era para colocarnos en el ranking asdeporte, así que esperamos pacientemente la lista de resultados, algo que es totalmente nuevo para mí pues antes nunca lograba colarme entre los primeros 20 de mi categoría. Había logrado hacerlo en el TuneUp de Coyoacán y pensaba lograr la misma hazaña esta vez… pero en 14 años, apenas ha alcanzado colocarme en el ranking de una con un tiempo que jamás pensé hacer, y la sorpresa se repitió en ESPN cuando, a pesar de no rankear logré mi mejor tiempo en Medio Maratón: 1:52.

En 10k, mi mejor marca la alcancé el año pasado en Arboledas con un tiempo de 52 minutos, así que en el Colegio, había corrido un minuto 33 por arriba de esta marca, claro que la ruta es mucho más demandante, pero yo no terminaba de estar contenta.

Lo mejor siempre es el postre

Dicen por ahí que cada que algo malo pase o cada que enfrentes una mala racha, hay que pensar que lo mejor está por venir, tal como después de la comida, lo mejor es el postre. Bueno pues el Colegio Americano me regaló el mejor postre de mi vida: tras 14 años de correr, por primera vez no sólo entré al rankin, sino que me colé ¡en el segundo lugar de mi categoría! Me subí al pódium contra todo pronóstico, incluso, contra mi propio pronóstico…

En el podium de la carrera del Colegio Americano

En el pódium de la carrera del Colegio Americano

Correr es, para mí, desde hace mucho tiempo la actividad que me mantiene en pie. En los últimos meses me he esforzado por mejorar, no porque compita contra alguien más, sería inútil porque además, yo soy una corredora recreativa. La razón por la cual compito ahora y me esfuerzo es sólo para competir conmigo misma, para demostrarle a esa parte de mí, que aún no confía tanto en mí, lo que Mariana es capaz de hacer. ¡Correr es magia en mi vida, la mejor metáfora de lo que el espíritu humano puede alcanzar!

Estoy agradecida con la vida por dejarme llegar hasta ese momento. Quizá para muchos no tenga importancia, para mí, esos breves instantes arriba del pódium de una carrera amateur, saben a gloria, son la materialización del sueño de una niñita que alguna vez pensó en lo bonito que sería ganar una medalla, son la cerecita del pastel y el recordatorio de que ¡aún queda mucho por vivir!

Gracias

Adrián, gracias. Gracias por estar al pendiente de mí, por cuidarme siempre, por la maravillosa porra (tu familia) que siempre nos acompaña a los Vo2Máx, por alentarnos, por exigirnos, pero sobre todo, por confiar en mí. A veces Mariana no cree en Mariana y tú has creído, incluso esa mañana creíste. Es lo más valioso que una persona puede regalarle a otra y yo no tengo como pagar tu gesto. Gracias por llevarme a vivir uno de los momentitos más lindos que me ha dejado el running.

Mi primer trofeo. Sí, quiero más y eso implica trabajar más duro.

Mi primer trofeo. Sí, quiero más y eso implica trabajar más duro.


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.

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