Carrera Gatorade 2014: Lo decidí, lo hice


La cita era frente a al Museo de Antropología, ahí un contingente de personas ataviadas con playeras amarillas fosforescentes aguardábamos el momento del disparo para lanzarnos frenéticas hacia una exigente ruta de 15 kilómetros sorteando una gran cantidad de subidas.

 

No exagero al decir que desde un día antes, en la entrega de paquetes, la marca más importante del mundo en bebidas isotónicas había dejado un gran sabor de boca y una expectativa enorme de lo que serían los G15.
Me había inscrito unos dos meses antes gracias a una promoción que Gatorade había lanzado en su fanpage; sin embargo, a escasas semanas de celebrar la carrera, estuve a punto de vender mi número: estaba coqueteándome la idea de correr los 21K de Morelos. Al final la publicación de la playera de competencia, terminó por convencerme que tenía que ser parte de nuevo de la Carrera Gatorade.

La descarga de adrenalina

Sonó fuerte el Himno Nacional. La larga fila de camisetas amarillas estaba lista para el disparo que daría inicio a la que es ya, una de las carreras más importantes de la Ciudad de México. Los Vo2Máx nos encontrábamos a unos 100 metros de la salida, lo que suponía un atraso de por lo menos 2 minutos antes de tocar el tapete que activaría nuestro chip de competencia.

Eran las 7 en punto cuando por fin ese sonido inquietante que nos hace descargar la adrenalina, resonó junto a Tlaloc que una noche antes, nos había castigado con una tormenta. Comenzamos así a recorrer una ruta demandante, llena de sorpresas y energía.

Presente en la salida. ¡Qué carita! sabía lo que me esperaba

Presente en la salida. ¡Qué carita! sabía lo que me esperaba

El trato era ir juntos Érick, Malili y yo, marcando el kilómetro a 5 minutos (yo insistí que fuera a 5:30), y es que de alguna manera, cuando corres en grupo es mucho más fácil, por algo lo hacen así los Kenianos. Salimos a toda prisa, pero era imposible avanzar entre tantos corredores que cerraban el paso. Tratamos de rebasar por la izquierda, luego a la derecha y por fin nos dimos cuenta que nos estábamos cansando más en intentar abrirnos paso. El primer kilómetro, marcado enfrente del Auditorio Nacional, se fue a 6 minutos. Pero tiene que abrirse un poco la carrera en alguna parte ¿no?

Seguimos hacia Julio Verne para dar una pequeña vuelta por Polanco. Érick y yo permanecimos juntos, y nos encontramos a Cris quien nos dio ánimos para después dejarnos atrás cuando ya estábamos en Aristóteles. La porra era excelente: eran los voluntarios de la Carrera Gatorade los que inundaban el aire con sus gritos de apoyo. Salimos hacia Emilio Castelar.

-Aquí hay agua, a la derecha, me dijo Érick y tomamos una bolsa. Íbamos muy pegados, y él atento a marcarme el ritmo de cada kilómetro. El segundo lo pasamos en 5:15. ¡Vamos bien! Me dijo.

Salimos por Luis G Urbina marcando el tercero, Érick volvió a ver el reloj para constatar que lleváramos buen paso.
-¿Vas muy lento? Le pregunté, pues sentía que quizá se detenía por mí, en acto de caballerosidad.
–No, voy bien, contestó ¿y tú? Yo iba más rápido de lo acostumbrado y sabía que en algún momento Érick me dejaría atrás, pero quería por lo menos ser capaz de aguantar hasta el 5.

rutaG15

La ruta de la G15 de 2014

La ruta continuó por Reforma, a un costado de Chapultepec, mientras avanzábamos por el carril contrario, seguíamos observando corredores de amarillo apretando el paso por donde ya habíamos pasado nosotros. Cuando cruzamos el kilómetro 4, escuchábamos el sonido del arco de salida apurando a los corredores:

–Vamos corredores salgan rápido porque tenemos que cerrar la salida.

La marea de playeras fosforescentes no dejaba de aparecer, éramos muchos, demasiados para una esa ruta que en algunas partes era estrecha. Pasamos del otro lado del arco de salida y continuamos sobre Reforma para entrar al Bosque de Chapultepec unos cuantos pasos adelante y marcamos el quinto.

Dentro del Bosque de Chapultepec hay que correr en adoquín, y de alguna manera eso interfiere con el paso de algunos corredores quienes lo consideran difícil de lograr. En mi caso, disminuí el paso de carrera y aunque Érick me instó a seguirlo, pronto lo perdí de vista.

La sensación de correr en Chapultepec a esa hora es difícil de describir, de alguna manera el olor a árbol y tierra mojada es un aliciente para seguir moviendo los pies. No se escucha ruido alguno, salvo el de algunos pájaros que dan la bienvenida a la mañana. Así trascurrieron los kilómetros 6 y 7: entre el silencio roto por los pasos agitados, el olor a aire fresco, el adoquín y los charcos. Dejamos atrás la primera sección de bosque y de pronto, escupidos hacia la salida, el sonido de la porra afuera, en Chivatito, ya nos hacía estremecer.

Comienza el reto G15

Éstos serían los kilómetros más difíciles de la ruta. Chivatito, Alencaste, la Feria de Chapultepec y la segunda sección del bosque, ya nos esperaban con sendas cuestas complicadas de superar, al menos para una buena parte de los que corríamos la ruta. Me sorprendí de la forma en que subí Chivatito a pesar de ser una de las cuestas más complicadas. Ahí ya había quienes iban mermando el paso y decidían caminar para ascender. Se cumplían apenas 8 kilómetros de ruta, aún faltaba cruzar el puente y recorrer las calles del Museo del Niño y la Feria de Chapultepec.

No pude evitar recordar que aquella había sido la ruta del año pasado, sólo que al revés, es decir, el año pasado recorrimos las mismas calles sólo que bajando y recuerdo que ya para ese entonces había una enorme cantidad de banners de cartón acomodados a los lados de la ruta.

El camino que seguíamos esos peregrinos del running dejaba atrás la marca de los 9 kilómetros en plena subida y unos cuantos pasos más adelante, cuando dejé de pensar en el tiempo, se me reveló algo en lo que nunca había puesto atención: justo cuando pasábamos frente a la Fuente de Tlaloc en la segunda sección del bosque de Chapultepec, miré a mi derecha y noté que esas escaleras que bajan hacia la fuente asemejan a la Pirámide del sol. Viviendo aquí durante tantos años, nunca había reparado en ese hecho.

Maravillada como estaba bajé un poco mi ritmo, era impresionante que ya habíamos marcado casi 5 kilómetros en plena subida y aún se nos presentaban más complicadas. Justo en esta parte, Vite y Pau, compañeros del grupo, me rebasaron, no sin antes darme ánimos. Estábamos a nada de cruzar el kilómetro 10 y comenzar a bajar. Traté de pegarme a ellos, pero decidí guardar fuerzas. Desde aquí y hasta el 15, seguí los pasos de Vite, a no más de 20 metros, sin lograr alcanzarlo nunca. Marqué el 10 en 54 minutos, cosa que me sorprendió debido a las subidas a las que nos habíamos enfrentado.

Por fin, comenzamos a bajar. La parte más espectacular de la ruta nos aguardaba: el imponente Lago de Chapultepec, al amanecer. Metros antes de llegar, cruzamos la Fuente de las Ninfas y marcamos el 11. Mi reloj estipulaba que llevaba una hora cerrada corriendo. Hice cuentas rápidas y sí, al parecer terminaría mis 15G en 1:25, quizá le robaría unos cuantos segundos.

Me solté en la bajada esperando con ello darle alcance a Vite. De pronto un muro roto, era un arco que decía “Aquí tu voluntad destroza el límite de los 10K” me emocioné y apreté el paso. Entramos entonces al lago. Me encanta esa vista, es mágica. El agua con su particular color verde claro, las bruma sobre el agua, los patos nadando plácidamente y los pasos a marca rápida de los corredores que formaban una enorme serpiente verde fosforescente. Respiré, calmé mi ímpetu y me llené la vista con la maravillosa imagen. Era mi carrera perfecta.

Creo que en cada carrera hay un momento que me roba el alma, en ésta, la Carrera Gatorade, sin duda, mi momento mágico fue la entrada y los metros recorridos sobre el borde del Lago.

Salimos dejando atrás esa maravilla para encontrarnos ya con que llevábamos 12 kilómetros recorridos. Volvimos por Alencastre para bajar de nuevo por Chivatito a toda velocidad. El 13 nos esperaba con una enorme porra de los Runners+ que cada día gritan más fuerte. Ahí había un abastecimiento y la gente se atoraba un poco al pasar. Seguimos hasta llegar al puente de Reforma que nos llevaría a circuito Gandhi, era ya nada para terminar la experiencia.

Entrar al túnel era una fiesta de gritos, de porras y de sonido, nos enfrentaríamos, para salir, a la última cuesta del trayecto. Bajé la cabeza para no sentir que la subida me pesaba. Era una parte de oscuridad tenue la que envolvía el ambiente. Miré la luz y alcé la mirada. Escuché un grito de apoyo “Vamos, Mariana, vamos” giré mi cabeza y noté que era un vecino de mi calle. ¡Es increíble a quienes te encuentras cuando corres, ni siquiera sabía que iría y me captó unos breves segundos con la cámara de su celular!

El túnel nos escupió a Circuito Gandhi, uno de mis lugares favoritos para entrenar. Los voluntarios se acercaban a los corredores para darnos banderitas con frases de motivación. Tomé uno al tiempo que escuchaba que ya faltaba poco, y era cierto.

Marcamos el 14 y entramos a un circuito de ida y vuelta. Apreté el paso para lo que sería mi último kilómetro. Miré el reloj y no, no terminaría en 1:25 como me había propuesto…. Traía tiempo de sobra, así que pensé que podría desafiarme a mí misma y terminar en menos tiempo. Firme, con la cabeza al frente, los hombros hacia atrás y recordando subir el pecho para sacar la cadera e ir más rápido, comencé lo que sería mi “resto”.

Salí hacia Reforma ya mirando los últimos metros. Vite a escasos pasos adelante de mí y yo intentando por todos los medios darle alcance. Miré a mi izquierda y ahí estaba Cris, se unió a mí para “jalarme”.

–¡Vamos, vamos, abre la zancada, echa los brazos hacia atrás y déjate ir!, me indicaba.
Yo intentaba hacer todo eso, o más bien lo hacía, quizá no a la velocidad que él quería.
–Vite va a delante, alcánzalo, sí puedes. Yo pensaba lo mismo, pero no lograba que mis piernas despegaran hacia la quinta potencia.

Eran metros que parecían eternos, la meta se me hacía cada vez más lejana, y yo con mayor intención de alcanzarla como si fuera un tesoro. Miraba el reloj digital marcando el tiempo por encima de la meta y no lo podía creer. Por fin, como si me hubieran inyectado energía, mis pies revolucionaron y emprendieron la huida. Crucé la ansiada meta con el corazón agitado y la sonrisa en mi rostro. El resultado 1:20… 5 menos que el año pasado. Nuevamente, me había vencido a mí misma.

¡Finishers!

¡Finishers!

La experiencia G15

¡Magnífica! La ruta es demandante pero mágica. La organización excelente y Gatorade nos consiente muchísimo en tu carrera. Sin duda sigue siendo una experiencia digna de vivirse. Pero ¡aguas! cuando se comienza a capatar un número mayor de corredores se pierde la esencia y se deja de vivir una grata experiencia. ¡No hagan eso, por favor! No conviertan la Carrera Gatorade en un tumulto de gente imposible de rebasar como pasó con la Nike.

¡Felicidades, Gatorade!

Fotos: Emoción Deportiva

¡Mi premio!

¡Mi premio!

 

 


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.

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