Carrera Tec: ¡ya de las consentidas!


El Tecnológico de Monterrey, Campus Atizapán realiza su ya tradicional carrera de 5 y 10 kilómetros. Una ruta aguerrida y exigente. Checa la crónica de esta justa.

Salí de mi casa 20 para las 7 y pensé ¡ya no voy a llegar! Literalmente manejé como loca de Naucalpan hasta Atizapán hasta llegar al Tec de Monterrey del Estado de México. Eran las 7: 05 cuando entraba al estacionamiento de la escuela. Pensé que iba tarde a la carrera, pero no, había visto mal la hora del disparo de salida. El arranque sería a las 8.

Con toda calma, sujeté mi número a mi playera, saqué mi sudadera, mi ipod y mis audífonos y comí una galleta. Ahí me encontré a Cristopher y su hermana Angie, ya listos para caminar hasta el punto de arranque, el cual sería en la pista de atletismo.

Cristopher, su mami y Angie

Cristopher, su mami y Angie

La verdad es que lo primero que pensé fue: “Esa pista no le pide nada a la de Acatlán” supongo que mi pensamiento fue en voz alta porque de inmediato escuché el comentario de algún compañero del equipo “Ah, ¿no eres chica Tec?

Listísima con el uniforme

Listísima con el uniforme del mejor equipo Vo2max

Hice una breve exploración de reojo a todo, ubiqué el guardarropa en donde no había nadie, de hecho me sorprendí que, para la hora que era, faltaran tantos preparativos para la carrera, pero en realidad, es un prueba con pocos corredores, lo cual la convierte en un evento digno de asistir.

Hacía mucho tiempo que no iba a una carrera con tan poca convocatoria y la verdad la disfruté mucho. Según pude ver en la entrega de paquetes, se inscribieron 6 mil personas, pero ya para las 7: 30 parecíamos ser muchos menos.

Estiramos un poco y ya que estábamos listos, nuestro Coach nos pidió que dejáramos nuestras cosas en el guardarropa (que al final fueron los vestidores del gimnasio de la universidad) y que acudiéramos al calentamiento en la pista. Y aquí sucedió la típica escena Vo2Max: mientras todos calientan despacito y a trote, nosotros hicimos 3 medias vueltas a la pista y 6 jalones de 100 metros. En lo dicho, en entrenador nos negrea. Ya para cuando nos habíamos agotado en el calentamiento, nos dirigimos a la zona de arranque.

Yo sabía que esta carrera es un circuito de 5 kilómetros que se corre dos veces, al menos si te decides por los 10K, también sabía, porque lo había escuchado, que había dos pendientes, dignas de respeto, pero aún así, me decidí a entrarle a las dos vueltas. Y una vez dentro del arranque y ya cuando los de 5 habían comenzado a correr, mi mente me sorprendió con un pensamiento “debí hacer sólo 5” para después agregar “bueno, si está muy dura, no hago la otra vuelta”. Aunque, para no variar, sabía perfectamente que eso no ocurriría, ya que siempre que comienzo un reto, lo termino.

En el arranque. La de gorra azul, soy yo.

En el arranque. La de gorra azul, soy yo.

Ya cuando se acercaba el momento, mire a mi alrededor y localicé a Malili, quería, como ya es costumbre, correr con ella, pero para cuando se dio el arranque, ella empezó tan rápido, que una vez que salimos de la pista de atletismo, no volví a verla.

Hasta aquí todo era puro disfrute. Salimos de la pista y comenzamos a bajar por una avenida poco. No había nadie en la calle, lo que me hizo pensar que sería una de esas rutas solitarias, sin porra, pero cuando comenzamos a subir por la cuesta más enorme, larga y empinada que he visto en la vida, algunas personas comenzaron a salir de sus casas para echarnos un grito de ánimo.

La subida se me hizo eterna. Porque luego de terminar la calle y dar la vuelta a la derecha, seguimos subiendo, me parece que fue más de un kilómetro en una pendiente demasiado inclinada. Luego salimos a la avenida principal en donde algunos voluntarios de la escuela entregaban bolsitas con agua a los corredores.

La ruta aquí se me hizo más fácil y rápida, era una bajada y luego una recta facilita. Tomé agua en el primer puesto de hidratación y ya para cuando habíamos terminado de bajar, mi suerte terminó: la ruta de regreso era una pendiente menos inclinada que la primera, pero que comprendía unos 3 kilómetros, por lo menos. Subí, subí pensando que yo era muy mala en las subidas, así que cada paso se me estaba complicando, luego mi mente comenzó a seducirme con la idea de quedarme en la primera vuelta, hasta que encontré a José Luis Paredes  y comenzó a animarme “vas muy bien, ya casi, dale duro” y seguí concentrada en la pendiente. También me encontré a la mamá de Cristopher quien me tomó una foto que hasta el momento no le he pedido. Seguí subiendo con la mirada puesta en el pavimento, el paso lento y la respiración cortada. Cerca de la entrada al Tec ví a Richard, quien ya tiene tiempo sin correr, pero que aún así no falta a una cita con los Vo2Max. Me dijo “muy bien, vas entra, vas por la segunda parte”.

Entré a la pista y miré que entregaban powerade a los corredores que salían, pensé en darle la vuelta a la pista y tomar un poco de agua en otro punto de hidratación, fue una ilusión, cuando salí de la curva hacia la segunda vuelta ya no había nada, ni agua, ni powarade “¡Qué pésimo!”, pensé.

El calor era intenso, pues la justa deportiva había comenzado a las 8 de la mañana y el sol ya hacía estragos, no tomar agua, fue para mi muy malo. Ya tenía sed. Aún con ello, pensé que faltaba un punto de hidratación, así que me enfrenté de nuevo a esa cuesta enorme del kilómetro 1 y 6 en el circuito. Fui la más lenta, podía escuchar, aunque traía mis audífonos, a los demás corredores animándome a ir más fuerte, pero no podía más que medio trotar esperanzada en que pronto llegaría al punto de hidrtación.

Una nueva ilusión rota porque justo al llegar, ya no había nada. Los voluntarios animaban a los corredores con todas sus fuerzas y ofrecían disculpas por la falta de agua. Al parecer es uno de los puntos débiles de la carrera: nunca alcanza la hidratación.

Seguí adelente y noté que una chica corría rápidamente para darme alcance, pero mi paso era firme y yo lograba dejarla atrás al poco tiempo. Justo cuando llegábamos al tapete de los 5 kilómetros, escuché como aceleraba el paso para tocar primero. Me saqué de onda cuando unos metros más adelante, nuevamente la había dejado atrás, para luego, ya cerca de la subida, ella me diera alcance nuevamente echando todo su resto.

Me dije “me parece que esto ya es personal” y lo era, esta mujer intentaba darme alcance, pasarme y cruzar la meta antes que yo, sólo que estaba teniendo una mala estrategia, en lugar de tener un paso firme e intentar darme alcance hasta el final, se estaba cansando sola, porque aceleraba y luego yo la alcanzaba fácilmente. Esto ya era un reto, así que me dije “bien, ella es tu meta”.

Continué escalando la ruta a paso firme aunque lento y pronto esta mujer me dio alcance y me pasó. Estaba rindiéndome cuando me dije “No te vas a dejar” y la dejé adelente siguiéndola con la mirada. No pasó mucho tiempo antes de que lograra alcanzarla y rebasarla de nuevo, pero mi ánimo decaía a falta de hidratación. Quería ya llegar a la meta, pero al mismo tiempo, mis piernas no daban en la subida.

Pronto encontré de nuevo a José Luis, quien volvió a animarme y me dio, sin querer, la pila para un empujoncito. Atrás de mi, sin que yo lo hubiera notado antes, venía una compañera del grupo Angie, escuché cuando José Luis le dijo “págatele, no la dejes ir”. Angie es una excelente corredora en subida, de hecho, la primera vez que corrí el Medio Maratón de Tequila, Jalisco, miré como me dejó atrás en la primera subida sin que yo pudiera darle alcance, así que me decidí a, por puro orgullo, no dejarla pasarme.

Ya estaba a punto de darme por vencida cuando escuché la voz de Richard “vamos Mar, a pasar corredores, ya llegaste” subí la mirada ¡no podía creerlo! Estaba a punto de ingresar a la pista así que corrí con todas mis fuerzas, la corredora que traía pique conmigo aceleró el paso y logró entrar antes que yo, cuando intenté rebasarla, la muy… me dio un codazo, así que decidí hacer el mejor cierre de la vida.

Aguanté su ritmo y me quedé atrás de ella al entrar a la curva de la pista. Ya iba muy cansada, así que me parecía una buena estrategia cansarla más mentalmente yendo atrás de ella. Me pegué, pensaba cerrar fuerte en los últimos 100 metros, ya cuando saliera de las curvas. Sin embargo, escuché la voz de mi querido amigo Charlie que me dijo “vas entera, ya cierra” así que me adelanté por la derecha a esta mujer y comencé a dar mi mejor paso de cierre, ella apretó, pero ya iba muy cansada, así que no pudo con mi súper cierre espectacular. De hecho, incluso me llevé de corbata a otra mujer que al sentir mis pasos también apretó y que al final logró pasar casi al mismo tiempo que yo.

Miré la meta a escasos metros, mi corazón latía como nunca, estaba súper cansada y además había dado todo, más que nunca, esta carrera merecía terminarla triunfante, así que alcé los brazos cuando crucé el tapete, luego miré el reloj: 57 minutos marcaban mi tiempo. ¡me sentía grandiosa! Fue la primera vez en casi año y medio que logré un 10k por debajo de una hora, así que me sentí muy bien.

Entrando a la meta

Entrando a la meta

Luego de terminar, Adrián nos puso a trotar un poco y a estirar, luego me enteré que George, un compañero del grupo había ganado el primer lugar general y que varios del grupo estarían en pódium, así que fui por mi sudadera al guardarropa y por mi cámara al coche y tomé algunas fotos.

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Fue una gran carrera que, a pesar de ser muy demandante, volveré a correr.


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.

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