Celebrando los 5 años de mi primer Medio Maratón México


Eran las 6 de la mañana cuando ya me encontraba en Reforma, lista para correr de nuevo el Medio Maratón México, sólo que esta vez sería diferente: correría 28K. ¿Cómo puede alguien correr 28 kilómetros en una ruta de 21? Simple: cambia de carril en el circuito de ida y vuelta y eso hice, pero no fui la única, varios compañeros de Vo2 máx hicieron lo mismo, todo para entrenar rumbo al Maratón de Monterrey (yo creo que iré a Mazatlán).

Sin duda alguna, el hecho de hacer 7 kilómetros más significa que no haría mi carrera para romper mi marca, sino que terminaría cronometrando mucho tiempo más. Me hice a la idea de no tener la ansiada foto cruzando la meta en un tiempo menor al del año pasado, sin saber que en realidad, aquello me permitiría ver la carrera desde otro ángulo, uno que nunca había tenido y que sin embargo ¡me encantó!

¡Que no pare la fiesta!

Estaba a unos cuantos pasos de la salida cuando entonamos el Himno Nacional y sobrevino el disparo. Nos despedimos con un beso de buena suerte, los Vo2 máx que logramos estar juntos: Clau, Cacho, Yadis, Heve y yo. Comencé a correr. Iba a hacer la ruta con mi amiga Malili, pero por una confusión terminé fuera del grupo que haríamos 28 en esta ruta; de cualquier forma el compromiso era marcar cada km en 5:40 para ir a un ritmo cómodo.

El primer kilómetro lo marqué en 5:30, pero me sentía bien al llevar ese ritmo. ¡Me moría de los nervios! El reto era llegar al 14 y ahí dar la vuelta para repetir la ruta a partir del kilómetro 7. Para colmo iba sola, estaba aterrada. Mi mente era una maraña de sentimientos nada tranquilizadores hasta que, en Polanco, al otro lado de la calle escuché la voz de Rodo alentándome, subí la mirada y ahí estaba: un contingente de los Vo2Máx ataviados con la playera del equipo. Estaba acompañada entonces, aunque ya me llevaban ventaja, esos amigos que harían 28 estaban en la ruta. Era una sensación extraña porque aunque iba sola, ya no lo sentía.

Los primeros kilómetros fueron fáciles de conquistar: eran en plano, sobre Reforma, hasta que, llegó la entrada de Chivatito anunciando el kilómetro 5 y el principio de una larga cuesta. Tomé hidratación y me dispuse a seguir hacia un circuito de pendientes que terminaría en el kilómetro 13. El ambiente aquí era inigualable, en la marca de los 5 se unían otros corredores que recorrerían 16 kilómetros. Era un mundo de gente uniéndose al contingente de playeras verde limón.

Comenzó la cuesta. A Chivatito siguió Alencaste y luego, toda la zona de la Tercera sección de Chapultepec, los kilómetros se fueron haciendo extensos, mi reloj los marcaba, dependiendo de la inclinación de la pendiente, unos 5:45 y otros 6. Me volví a poner nerviosa: faltaba volver a recorrer enteramente esa ruta.

La soledad de correr entre 10 mil almas

Éramos más de 10 mil corredores corriendo solos, sin porra. Lo único que se escucha era los pasos a marcha y, en un aliento aquellos “ya se cansaron” que otros corredores decían cuando las cuestas se hacían eternas. Era un trabajo intenso de mentalidad y piernas el que cada uno llevaba en su interior. Marqué el 6 en 33 minutos. No iba mal, pero tampoco bien si en verdad pensara en competir contra mí misma, pero había llegado hasta ahí para hacer de estos 21 un entrenamiento de 28 y quería tener aliento para la segunda mitad de la carrera. Cuando llegué al 7 esperaba ver a lo lejos a los corredores que vendrían de bajada en el circuito, pero no alcancé a ver a nadie. Apenas unos cuantos se acercaban a la calle con sus hijos para “echar la porra”. Estábamos en el corazón de las Lomas de Chapultepec.

Entonces comenzó la carrera, tras nuestra salida a Avenida de los Virreyes la cuesta comenzó a hacerse interminable. Al pasar el 8 la ruta de un giro hacia la izquierda y pensé que había terminado de subir, era un error, continuamos así hasta el 9, donde tuvimos una primera bajada, muy corta. Esta ruta es un reto, enorme, pensé. El silencio terminó por romperse cuando tomamos la cuesta hacia el kilómetro 10, ahí, la porra y los voluntarios apoyaban en gritos frenéticos a los corredores:

–Pongan su mejor cara, la cámara está arriba, gritaban.

Los corredores entonces, tras tomar su hidratación subían los brazos o hacían muecas para salir en la foto. Nos esperaba la más dura de las pruebas: los kilómetros 11, 12 y 13 en franca subida por el Bosque.

Medio Maratón de la Ciudad de México

Pasando el kilómetro 10 del Medio Maratón México

Aquí me encontré a J Knight a quien sorpresivamente me encuentro ya casi en todos los Medios Maratones, me dio la mano y nos saludamos. Continuamos juntos un tramo, hasta que decidió apretar el paso. Mi preocupación crecía cuando se acercaba la hora de volver la ruta atrás.

En el kilómetro 12 y medio algo sorprende ocurrió, a lo lejos se escuchaba la voz ronca de una chica voluntaria que no dejaba de gritar:

–¡Vamos, vamos, corredores, falta poco!

Era tanta su euforia que su voz se cortaba entre una porra y otra, los corredores que pasaban junto a ella se detenían le daban las gracias, le aplaudían, ella sola lograba poner el ambiente y darnos un aliento para seguir en la carrera. Era francamente hermoso que se entregara de esa forma.

Dejé atrás esa muestra de euforia para salir de nuevo a Avenida de los Virreyes, por donde hacía unos minutos había subido. Aquí me dejaron atrás Lore y Mary. Iba ya cansada cuando escuché del otro lado de la calle la voz de mi Coach ¡Vamos, Mariana! él ya había pasado el 14 y había regresado. La mejor parte de la carrera estaba por comenzar.

Iba muy concentrada en ver el cartel del 14, mirando hacia uno y otro lado de la banqueta, corrí dejándome llevar por la bajada, para no hacer esfuerzo alguno y guardar energía para lo que venía, entonces el ruido de las sirenas me hizo voltear a la izquierda: era la barredora, justo en la glorieta de Virreyes, no alcanzaría a llegar a la 14. En cuestión de segundos decidí si lo mejor era llegar hasta abajo o dar la vuelta ahí. Decidí lo segundo. Di la vuelta y entonces un mundo se abrió para mí.

Los puestos de hidratación estaban siendo levantados. Una camioneta nos rebasó y comenzó a subir a los voluntarios. Éramos si acaso 3 o 4 personas dos pasos adelante de la barredora, a punto de ser levantados. Algunos voluntarios aún buscaban entre las bolsas algo de agua que darnos. Unos corredores venían ya caminando. Comencé a alentar a quienes iba pasando.

–¡Vamos un poco más, ya llegamos hasta aquí!

Algunos sonreían, otros más apretaban el paso. Yo iba aterrada por la barredora, sentía horrible de pensar que podrían decirme ¡hasta aquí llegaste! así que intentaba subir con todas mis fuerzas. A lo lejos vi a Malili y me propuse alcanzarla ¡la había extrañado toda la ruta! De pronto ella comenzó a bajar.

-¿Qué pasa?, le pregunté.
–Creo que me comí un kilómetro, me dijo
–No hay manera de que bajemos y volvamos a subir, ahí viene la barredora.

Llegamos de nuevo al kilómetro 8 y aún nos faltaban de nueva cuenta las cuestas intensas. Comenzamos a ir juntas, pero de pronto ella quedó atrás.

Luego escuché la voz de Rodo en un grito
–¡Güera vas bien!

Pensé ¿y Rodo por qué viene tan atrás?, pero seguí sin voltear. La subida se me antojaba cada vez más pesada y solitaria. Apenas unos cuantos corredores que intentaban no dejarse ganar por la barredora que anunciaba con sirenas y a paso lento que iba atrasito de nosotros. Yo, intentando no dejarme vencer, los pasaba de apoco e intentaba darles ánimos. Marqué de nuevo el kilómetro 9 al terminar la cuesta, para que la ruta nos abrazara en una ligera bajadita, como un regalo. Unos cuantos voluntarios seguían alentándonos.

–No se rindan, falta poco y nos insistían a seguir dando un poco más.

Muchos ya iban caminando, yo pasaba y los animaba a correr un tramo más “vamos, vamos no hay que rendirnos” repetía.
Luego alcancé el 10 de nuevo. Los voluntarios buscaban bolsas de agua entre las cajas vacías para entregárnoslas. Nos daban palmadas cuando subíamos, éramos la cola del Medio Maratón.

Continuaba subiendo cuando Rodo me gritó:
–¿Cuánto llevas?
–1:44 contesté sin dejar de correr
–No, dime cuánto kilómetros llevas marcado
–17 y medio, contesté y pregunté ¿cuánto debería llevar?
–Yo tengo 19, pero me regresé en el 15 porque no vi el cartel de 14.

Éramos la cola del Medio Maratón, nunca en ninguna carrera lo había sido, pero lejos de molestarme, me agradaba por todas esas cosas que estaba experimentando.

Era impresionante para mí ver a todas esas personas que corren al final. Un mundo nuevo de voluntades férreas me abría los ojos: eran todos aquellos a los que les cuesta el doble de trabajo cada paso, pero no por eso se dejan vencer, eran los que corren con muletas esas cuestas, los que las suben en sillas de ruedas, los que caminan y a ratos trotan porque tienen sobrepeso, los que por alguna discapacidad caminan con más dificultad que cualquiera de nosotros…

Eran los que van en familia, animando al loco que dijo “y si corremos el Medio maratón”, los de la tercera edad que dicen “claro, sí se puede”, los que se lesionaron al subir y decidieron terminar aunque fuera cojeando, los que se cayeron en la ruta y aun así, con la rodilla ensangrentada, están dispuestos a continuar hasta el final… ver eso era para mí un recordatorio de aquello en lo que creo y es que somos un país de luchadores. Sin importar el reto y las dificultades, saltamos la barrera de la mente y nos lanzamos en pos de un sueño.

Cada persona que vi en este tramo me recordó eso: que vale la pena el esfuerzo, aunque sea doble. Pensaba en ello cuando volví a escuchar esa voz del 12 y medio, ahora aún más ronca.

–¡Vamos, vamos corredores, no se rindan!, continuaba gritando sin importar cuanto ya se le había lastimado la voz. Seguí corriendo hasta tenerla cerca y le aplaudí mientras le daba las gracias. Esa mujer llevaba una hora 50 minutos gritando a cada corredor que había visto pasar, sin siquiera conocernos. Corriendo he experimentado esa magnífica solidaridad, pero no como este domingo, en que pasé dos veces y las dos, ella no dejó de animarme. ¡Fue muy emocionante para mí!

Era ya la última subida para el 13, apreté el paso, seguí subiendo y por fin a bajar otra vez, ahora sí hasta la meta.
Algunas familias seguían apoyando a los pocos corredores que veníamos dando lo último, a mí ya me dolían las piernas y es que, cuando uno corre largas distancias se da cuenta de los lugares tan insólitos en los que comienzas a rozarte.

Ni modo, había que seguir, Por fin encontré el cartel del kilómetro 14 y no estaba tan lejos de donde me había regresado, aquí la marca de los kilómetros era ya un sueño, ya no sabía en cuál iba, sólo quería marcarlos abajito de 6, para irme recuperando. También había recuperado mi confianza y el miedo lo había dejado atrás, en las últimas subidas. Faltaba una más: la de la Fuente de las Ninfas, pero después de las otras, ésta ya no era tan pesada.

Marqué el 15 e intenté sonreír para la foto en el puesto de control. Ya nada más me hacían falta 6 kilómetros más y para mi sorpresa, me sentía fuerte. Bajamos hacia mi parte favorita en Chapultepec: el Lago. Entré por un costado y comencé a rodearlo, la mañana era abierta y había sol, así que la bruma espesa que cubre comúnmente el Lago, ya no estaba. Era otro paisaje: un color diferente de verde en el agua, un olor distinto, un ruido diferente de los patos que ya chapoteaban.

Medio Maratón de la Ciudad de México

Marcando el kilómetro 15 de la ruta que para mi era 22.

Miré hacia atrás para quedarme con la imagen en la mente y de pronto me di cuenta que ya no estaba en la cola del Medio Maratón, ya no iba sola, otra vez había alcanzado a un número importante de corredores y de nuevo, estaba dentro del enorme pelotón que ya imaginaba la metame impresioné de cuántas historias y ánimos había dejado atrás.

Salimos de nuevo a Alencaste, la meta estaba muy cerca. ¿Cuándo iba yo a imaginar hacer 28 kilómetros y sentirme así de bien? Era ya pura euforia. Bajamos de nuevo por Chivatito. Los puestos de hidratación ya no tenían agua, pero a los voluntarios les sobraban las ganas de gritar. Salí a Reforma, a un costado de Chapultepec.

–¡Ya están cerca corredores!, gritaban los espectadores de la ruta que ahora sí se multiplicaban en todos los espacios. Yo iba cerrando ya, intentando dar el resto. Fueron kilómetros de una emoción indescriptible, pues experimentaba una nueva forma de correr y una distancia “nueva” por así decirlo.

Intentaba llenar mi vista, mis oídos, mi piel de todas esas cosas que estaban cerca de mí: de los fotógrafos intentando captar corredores, de las familias buscando con angustia a su corredor, de aquellos con carteles que trotaban al lado de quien habían estado esperando. Veía a algunos ya con la medalla colgada al cuello felicitando y alentando a otros. ¡Era magnífico! Pasé por los aspersores de Adidas y alcé las manos, era reconfortante sentir el agua tras tantos kilómetros al rayo del sol. Algunos corredores que ya iban cansados me decían “cierra, todavía traes con qué”.

Pasamos la Puerta de los Leones y entramos por fin al Paseo de la Reforma, la Diana me daba la bienvenida y atrás de ella, se alzaba el Ángel de la Independencia de una forma majestuosa. Estaba tan cerca de acariciar el suelo que lo posa, con mis pies. A ratos flotaba mi pensamiento mientras se acercaba al reloj de la meta. Los gritos de la gente eran música, las manos se estiraban en cascadas de palmas para que pasáramos y las tocáramos en un choque de energía. ¡Había magia! Yo continuaba. No era el tiempo el que movía mis piernas, era una enorme emoción que ya me hacía sacar las lágrimas que enjugaba de a poco para que todos esos desconocidos no me vieran llorar.

Apreté el paso cuando la vi, era mi meta de 28, mis pies flotaban, mis brazos se agitaban como si fueran alas, alcé los brazos como nunca, un beso al cielo y por fin, había acabado. Seguí. Iba llorando, iba agotada, iba feliz. Y así quedó: una línea más marcando mi rostro, una arruga más de felicidad. Correr es increíble.

Medio Maratón de la Ciudad de México

Las metas son personales y cada individuo sabe lo que entrega en el camino para conquistarlas


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.

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