Compartiendo la gloria


Lo grandioso de inculcar el deporte en los niños, los futuros atletas.

Cuando corrí mi primera carrera, mi sobrino tenía 6 años. Le encantó la medalla y estaba feliz de que su tía tuviera semejante cosa colgada del cuello. Le prometí que le regalaría la próxima medalla que ganara y así fue. Me enganché de tal modo en el mundo del running que tras la primera y la segunda, se sucedieron en cadena un montón de carreras que me llenaron de medallas y experiencias colgantes que aún adornan una pared de mi habitación. Lo verdaderamente grandioso era que ese pequeñín de 6 años pensaba que las tenía porque llegaba en primer lugar. Esa fue la primera vez que sentí que estaba compartiendo la gloria.

Algunas veces sorprendí a Arturo contándolas. Sonreía y yo me sentía superhéroe cuando preguntaba cuántas medallas había ganado. Jamás le dije que yo no llegaba en primer lugar y que a todos los que cruzábamos la meta nos daban una medalla y no hubo la necesidad de hacerlo porque al crecer él lo supo y tampoco me reclamó por el “engaño”. Supongo que nos convertimos en cómplices de una mentira piadosa que a pesar de todo, no me quitó nunca el mérito de ser una pequeña heroína.

Nuestra primera carrera en la playa

Nuestra primera carrera en la playa

Hasta ahora, no hemos tocado el tema y sin embargo ya tuvimos colgada al cuello nuestra primera medalla en equipo. ¿Cómo fue? Bueno hace un par de años nos fuimos de vacaciones a Playa Ventura, un lugar paradisiaco en donde no hay mucho que hacer porque es playa virgen. Yo quería celebrar mi cumpleaños corriendo sobre la arena así que llegado el día, me calcé los tenis, me puse el traje de fiesta y salí y a mi lado vino él. El niñito que pensaba que yo ganaba carreras, pero ahora con 10 añotes a cuestas y un gusto por el deporte sorprendente.

Corrimos casi 9 kilómetros por la playa. Le gustó y todos quedamos sorprendidos con su capacidad física, yo creo que hasta él, así que un día le pidió a su mamá que lo inscribiera en una carrera de 5k al fin que había corrido 9 cerca del mar. Fue así como nos enfrascamos en la aventura de correr juntos una nocturna en Cuernavaca. La segunda vez que estábamos compartiendo la gloria.

De esto, hace por lo menos 2 años. Eran 5k que parecen no ser tanto, pero no contamos con que en su mayoría serían subida. Arrancamos en punto de las 7 pm en el dentro de la ciudad de la eterna primavera y decidí bajar mi ritmo lo más que pudiera para no cansarlo, claro que él tenía una estrategia diferente. Corrimos muy rápido los primero 2km pero una vez que entramos a la primera pendiente, no le quedó más remedio que bajar el ritmo. Íbamos perfecto, la verdad es que yo ni pensaba en el tiempo, sólo en la experiencia de correr con mi sobrino. Le dije un par de cosas mientras corríamos, sobre cómo llevar los brazos, como respirar para evitar el dolor de caballo y hasta como hidratarse en los puntos de hidratación.

Ya cuando llevábamos unos 4k el cansancio se iba apoderando de él “Quiero descansar”, me dijo pero yo le dije que nunca, en una carrera había que bajar la guardia o dejarse vencer, que así igual era con la vida, así que aunque bajamos mucho el ritmo, seguimos corriendo “no venimos aquí a caminar” es mi frase favorita para siempre que me faltan las fuerzas y así se lo dije.

La mayor parte de las veces, en competencia, yo conozco la ruta, las calles, digamos que hasta la distancia en donde la meta se encuentra. Pero no conozco muy bien Cuernavaca y de noche me resultaba difícil saber en dónde estábamos. La gente fue grosera, pasamos por barrios bastante feos y escuchamos a las personas gritarnos groserías. Creo que aún falta mucha cultura deportiva en el país, pero justo ese miedo de pasar por esos lugares, le inyectó un poco de entusiasmo a sus cansadas piernas. De pronto, me descubrí cercana de nuevo al centro de la ciudad, así que le dije, “falta poco, hay que dar lo último” apretamos el paso hacia la meta y escuchamos de fondo la música y las voces del sonido anunciando la llegada. Corrimos más fuerte que nunca y Artu mucho más motivado. Unos cuantos metros antes de cruzar la gloriosa meta, lo tomé de la mano y justo al cruzar “el listón” levante su brazo y entramos así, juntos, triunfantes con las manos arriba y atadas en una armonía grandiosa. Nos dieron nuestra medalla. Se la colgaron al cuello y colgaba de su pecho los momentos en que dejaba de mirarla.

Estaba feliz y yo con él. Hicimos 37 minutos, no sé si eso sea mucho o poco. A mi me parece que para un niño de 10 años, es una gran marca y un gran mérito, sobre todo porque en serio él se dedicó a entrenar en el recreo corriendo alrededor de la cancha de futbol de la escuela.

Siempre he pensado que Artu es un guerrero, un ganador. Un ejemplo de lucha, constancia, ganas y mucha, mucha pasión por la vida. Ese día para mi fue memorable. Corrí con una de las personas más importantes de mi vida y nos divertimos de lo lindo. Compartí mi pasión con una personita a la que le gusta retarse y vencerse y siento que ese tipo de experiencias nos enriquece y nos acerca.

Trajo la medalla colgada como 2 días, incluso, cuando en el centro comercial encontramos a sus amigos, les habló de su logro “Corrí una carrera de adultos” les decía y terminaba “mira, me gané mi medalla” me sentí dichosa, orgullosa y sumamente feliz de haber sido su cómplice en esa hermosa experiencia. Hoy a dos años de distancia, este chico hizo su primer triatlón y lo terminó perfecto, mojado, cansado y esbozando una lindísima sonrisa. Un logro más en su vida y sin duda una experiencia que lo llevará a otras tantas igual de valiosas y divertidas y retadoras. Cada carrera, cada esfuerzo físico, cada competencia en bici o nadando, templa el carácter de cualquiera, el espíritu, el empeño. Nadie vuelve a ser el mismo después de cruzar su primera meta y mucho menos después de cruzar cada una porque detrás de eso hay esfuerzo, empeño, dedicación. Estoy segura que hoy este joven es distinto a ayer y me hace sentir especial el sólo hecho de saber que aunque sea un poquito, esa experiencia está ligada a aquella vez que su tía le regaló una medalla.

Su primer Triatlón

¡Felicidades Artu, eres mi héroe!


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.

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