¿De quién es el Maratón de la Ciudad de México?


Por Mariana Fonteboa
TT @Barbie_runner

La Ciudad de México se encuentra ahora en un proceso de certificar su Maratón, de ahí que la ruta deba permanecer sin alteraciones. Pero México tiene algo mucho más grande que ofrecer: la porra monumental llena de color que en ninguna parte del mundo, es igual.

He corrido el Maratón de la Ciudad de México sólo dos veces en mi vida y en ambas he cruzado la meta llorando. Es increíble e indescriptible la montaña de emociones de distintas clases que experimentas a lo largo de esos 42 kilómetros 195 metros. No hay mejor sentimiento que ese, al menos yo no lo he experimentado.

Este año, como parte de mi entrenamiento para mi tercer maratón, yo no corrí el Maratón de la Ciudad de México, pero hice 30 kilómetros. He leído muchas críticas con respecto a esto. Algunos simplemente lo consideran hacer trampa. Pues bien, como yo no corrí los 42 kilómetros jamás alardearía sobre haberlo hecho. Me inscribí al Maratón para disfrutar esa ruta y esas emociones que en parte, fueron mías y en parte no lo fueron… porque yo no corrí 42 kilómetros. Explico esto para evitar la onda de críticas que en todos lados leí sobre que éramos tramposos….

Todo un enorme tema en el que cada quien tiene su punto de vista y su opinión, pero que, mientras corría y aún ahora, me lleva reflexionar sobre el verdadero espíritu del maratón y el verdadero dueño… y no encontré mejor manera de decirlo que… contando lo que yo viví esa mañana… Los puristas del Maratón pueden dejar de leer justo aquí y es que, sí, yo sólo corrí 30…

El verdadero dueño del Maratón de la Ciudad de México

Eran las 7:30 de la mañana cuando un contingente de VO2 máx llegó al kilómetro 10. Yo iba con ellos. Era Thiers. Nosotros íbamos a correr tan sólo 30. El disparo de salida había sido a las 7:00, pero el contingente de silla de ruedas había salido 15 minutos antes y comenzaba a llegar a toda prisa. Vimos pasar al primero. ¡¡Vamos, vamos!! Eran los gritos de los voluntarios y unos cuantos ahí presentes bajo la lluvia.

Caminamos de ahí hasta el kilómetros 12, en Ejército Nacional. La lluvia se fue intensificando. Estábamos ansiosos por ver pasar a los primeros corredores y Tlaloc decidió hacer llover con más fuerza. De pronto, las luces de las motos anunciaron a las punteras. Eran las mujeres que habían salido a las 7 en punto. A la cabeza, un grupo nutrido de kenianas apretando el paso, mostrando toda su majestuosa forma de correr, sus cuerpos esbeltos y perfectos con una zancada de envidia. Hermosas corriendo como si hacerlo a ese ritmo fuera fácil. Me emocioné mucho. Los gritos en el 12 eran copiosos como la lluvia. Detrás de ellas venía un contingente más generoso de mujeres peruanas, mexicanas y de otras nacionalidades. De pronto todo quedó en calma. Esperábamos a los punteros, a la élite de hombres.

Yo realmente estaba conmovida de los gritos y la euforia de unos cuantos que estábamos ahí y aún faltaba lo mejor: no sólo la élite sino las 20 mil almas detrás de ellos que lucharían, correrían y darían todo por llegar al Estadio de Ciudad Universitaria.

Pronto se escucharon de nueva cuenta las motos. Detrás de ellas el coche que marcaba el tiempo que llevaba de iniciado el maratón y un poco más atrás, la camioneta con los periodistas disparando su cámara, dando flashachos y encendiendo un poco más lo ánimos de la porra. Y ahí estaban: los punteros, en un grupo compacto, Kenianos, Etiopes y el peruano que finalmente ganó, un poco más atrás, concentrado en lo suyo. Carlos, mi compañero de equipo no dejaba de gritar y gritar y de aplaudir. La porra en el 12 a pesar de la lluvia era cada vez más nutrida.

–¿Cuándo entraremos? Preguntó alguien
–Cuando pase Beto y Titán dijo Cris. Ellos irían por los 42 y en el caso de Beto, este Maratón era su debut.

El corazón se nos hacía chiquito intentando ver caras conocidas, aplaudiendo a los corredores y buscando a Beto y a Titán. Pasó Rich que también iría por 42 y la porra VO2 máx se hacía enorme. De pronto:

¡Ahí viene Beto gritó Cris! Y sí unos cuantos pasos adelante Titán y Beto con su conejito personal, Arturo Moyo, marcando el paso hacia CU. La algarabía se nos dejó escapar. Gritos aplausos y porras para ellos y entonces sí, este era nuestro tren y los VO2 máx apostados en el 12 se unieron al contingente, tratando así, de dar un reconocimiento a esos grandes corredores del equipo que conquistarían la distancia reina.

Conforme avanzaron los pasos, yo me fui quedando atrás, concentrada en lo que serían mis 30k. Pero en esa fiesta ¿quién puede concentrarse? Sin importar la lluvia, los charcos en el Soumaya o el frío, la porra ya formaba una imponente vaya de aplausos, gritos, carteles e ilusiones. Cada paso se convertía en un grito único que no dejaba de sonar ni siquiera en las obras de Masarik. Una cosa era segura: no sólo eran los 20 mil corredores, sino un número multiplicado al doble, quizá al triple, de personas apoyando. Polanco era pequeño junto al corazón de todas esas almas que hacen la fiesta a quienes vamos corriendo.

Por fin la lluvia cedió un poco, la gente se juntaba en Mariano Escobedo, haciendo grupos cada vez más grandes de personas a ambos lados de la calle, como si una estrella famosa estuviera a punto a pasar por ahí y sí pasaban 20 mil estrellas, una por cada familia o amigo esperando ver a su corredor.

En Reforma comenzó la batucada. Era una fiesta llena de color y baile la que nos animaba para seguir en los primeros kilómetros. No había un solo lugar en esta avenida que estuviera vacío, un montón de almas con carteles y porras nos apoyaba al pasar. Llegamos hasta lo que era el Hard Rock y dimos una vuelta por Polanco. La historia se repetía: la porra monumental no dejaba de salir, de gritar, de emocionarse. Es imposible no notar esa vibra cuando vas corriendo… es literal glucosa para el ánimo, por más cansado que vayas, cada grito te hace apretar el paso. Volvimos a Reforma, esta vez del otro lado. El piso mojado y de nuevo el chipi-chipi que ya para esa altura del camino (era ya el 21) caía de maravilla.

maraton de la ciudad de México 2014

Reforma

Había llegado el momento de entrar al Bosque de Chapultepec. Fue el único tramo del camino en solitario. Apenas se reunían unas cuantas personas para animarnos… Unos en la entrada a Chapultepec y otro más distribuidos en el interior. Era el momento de volver hacia adentro de ti mismo y correr concentrado en ti, en tu mente. Pero no fue por mucho tiempo. Cuando volvimos a salir ya nos esperaba de nuevo la porra monumental, una que no volvió a dejar espacios vacíos, desde la salida frente al Museo Tamayo, hasta la entrada al túnel del Estadio C.U.

La mejor parte de la ruta estaba por comenzar: la Condesa e Insurgentes. Aquí, en avenida Chapultepec, justo antes de entrar a la condesa, Mi Coach me rebasó. Él iba corriendo para festejar sus 50 años que cumpliría tan sólo una semana después. ¡Imaginen la emoción!

Luego de algunos kilómetros, por fin entramos a mi parte favorita: Insurgentes. Para los que corremos, una larga recta como lo es esta avenida taladra la mente. No sé qué sería de este Maratón sin esa hermosa gente que se pone a los costados a regalar dulces, refresco, agua, gomitas, chocolates, geles de glucosa… pero además, haciéndolo de una forma tan festiva, tan emotiva.

Estos últimos kilómetros enfrentando una recta que va en subida son, en verdad, una prueba no sólo física sino mental y es increíble saber que no vas solo, que una enorme multitud te apoya. Escuchar los sonidos del Maratón, sentir las emociones de los que esperan a un lado para ver pasar a su gente. Cargarte de la energía tan hermosa de todas esas personas gritándote a ti que tú puedes llegar, que falta poco, que eres grandes, que por favor no te rindas… que sigas. Yo creo que nunca he corrido algo tan hermoso como esos kilómetros… cada carrera tiene lo suyo, pero el Maratón es imponente, no sólo por sus 42 kilómetros, sino por esas 20 mil historias que lo hacen verdaderamente especial y más por esas otras tantas historias de quienes esperan vernos pasar. ¿quién donaría parte de su preciado domingo a gritar, a correr, a animar? Es bellísimo verlo, escucharlo, olerlo, acariciarlo en cada una de esas manitas estiradas de los niños, esperando que algún corredor pase y las toque.

Insurgentes es como una fiesta agónica que no te deja rendirte ¿cómo podrías hacerlo si hay tantos que esperan que sigas corriendo? Ese día me pasaba que yo sentía que no merecía toda esa buena vibra porque al final yo sólo corría 30, pero después pensé en lo maravillosamente afortunada que era al poder estar ahí, sintiendo todas esas emociones, haciendo mías las calles, llenando mi alma de esa gente maravillosa.

Sufrí y sufrí mucho en Insurgentes. Siempre me pasa, aunque yo no corrí el Maratón, algo pasaba en mi mente mientras corría. . Es largo el trayecto, es subida, las piernas tiemblan. Pasas un edificio y es imposible no pensar en todo lo que falta. Pero algo me dio energía… y es que enfrente del Parque Hundido, de pronto escuché la voz de una antigua compañera de trabajo: Eloisa

–Vamos Fonte me gritó. Me emocioné mucho al verla a ella y a Liz ahí, esperando ver pasar a Magali, quien correría su primer maratón.

Maratón de la Ciudad de México 2014

Ruta del Maratón de la Ciudad de México.

Corrí un poco más rápido a partir de ahí, pensando que quería cerrar mis 30k antes de las 3 horas. De pronto, escuché la voz de Rodo atrás de mi.

–Vamos güera, me dijo. Yo iba ya muy cansada y a paso de 6 minutos el kilómetro. Rodo se puso junto a mi.
-Jálame, le dije. Era el kilómetro 42. La gente se juntaba en mayor número a los lados de la calle. El júbilo era realmente estridente. Se sentía una energía inigualable y era la última subida hacia el estadio.

Rodo apretó el paso, detrás de el Mary y luego yo. Corrimos juntos. Rodo no dejaba de repetir: entraremos juntos, entraremos juntos. Y por fin, ahí estaba: el estacionamiento del Estadio de C.U. y una enorme fila de personas viendo entrar corredores. Rodo y Mary me dejaron atrás. Entré al Túnel Telcel y observé a un hombre que veía caminando:

-Vamos no te rindas, ya falta poco, le dije y me sorprendió su respuesta:
–No me digas estúpida, no me había dado cuenta.

Me sentí triste, pero igual no a todo el mundo le gusta que le den ánimo. Continúe hasta donde sería mi meta: los 30K dentro del Maratón Internacional de la Ciudad de México. Lo hice: 3 horas marqué. Así, sin más, sin ser Maratonista, envidiando a aquellos que hicieron los 42 en esta maravillosa ciudad con esta gente increíble… ellos, esa porra monumental que no deja espacios vacíos es el verdadero dueño del Maratón de la Ciudad de México… todos los corredores estamos en deuda. Lo que ustedes hacen es simplemente ¡increíble!

Afuera del Estadio de C.U esperaríamos a los demás VO2 máx y nos encontraríamos con los maratonistas: Rich, el Coach, Beto y Titán, quien rompió su marca. Cada uno con una historia distinta, con una experiencia única.

Beto, el debutante, unos cuantos días escribió esto. Lo copio aquí con su autorización y por que creo que resume perfecto lo que es vivir ese Maratón:

Esta fue mi mayor y mejor experiencia como corredor. Sentí todas las emociones posibles en 42, 195 mts. Días antes, el papá de Rodo me obsequió unos geles y unas pastillas de sal. Un día antes con la apapachada de Malili, mi Mamá y Hugo haciendo comida especial para maratonista. En el día D empezando con una con una alegría total acompañado con 20 mil corredores con un mismo objetivo; seguido con la sorpresa de mi amigo Tláloc hizo llover justo antes del disparo de salida y nos acompañó durante gran parte del recorrido y de ahí empezamos con sorpresas.

Mi compañero Alemao Gómez me esperaba en el 4 y unos minutos después mi amigo Víctor Estrada Contreras se emparejó y de ahí vamos los tres, en el 10 y hasta la meta Arturo Moyo, en el 12 donde estaba la porra-corredores Vo2máx se sube al camión con Diego Rodriguez y Carlos que también me acompañó todo el recorrido.

En el 15 hizo falta la foto digital porque la de la memoria no se olvidara jamás en el bloque íbamos Ricardo Cuéllar, Titan, Diego, Victor, Carlos, Moyo y yo, todo iba saliendo conforme a lo planeado el tan programado 4:12 se marcaba en promedio kilómetro a kilómetro pasamos el 21 y le comento a Moyo el medio salió como quería en tiempo y me siento entero.

Saliendo del bosque para tomar Reforma me topo con Malili que me grita ¡vamos Beto! y como no la había visto ese día fue una alegría mayor, en el 26, más o menos me esperaba mi hermano Hugo y yo pensaba ¿que más puedo pedir: estoy corriendo mi primer maratón con mi hermano? y oh sorpresa si habían muchas más cosas: me esperaban mis hijos Paola y Angel que como pudieron corrieron conmigo agarrados de mis manos y de repente sale mi papá con unos gritos de ánimo que hicieron que se me pusiera la piel chinita.

En el kilómetro 32 viene el primer conato de calambre, en el 35 el segundo. Entre mi decía “ya nada más faltan 7 vamos”. Carlos me apoyaba con plátanos y no sé de dónde sacó una pastilla y Arturo me apoya con un gel. En el 36 pensé: “esto ya se acabó ya nada más es como correr 2 dos vueltas a la presa” (donde corre habitualmente) y seguimos.

En el 39 Moyo me gita “Beto una vuelta a la pista vamos ya se acabó” pero metros adelante me frenan calambres en las 2 piernas. Dice Hugo que me caí como regla pero yo no recuerdo cómo fue. Agradezco infinitamente que corredores y porra y el papá de Kike Balderaz que se acercaron a ayudarme. Carlos le dice a Moyo “ve termina, yo me quedo con Beto”, pero él dice “vine a acompañar a Beto y vamos a terminar juntos como sea”. Me paré con ayuda de los 3 y empezamos a caminar. La porra gritaba: “Ese es equipo, esos son amigos, qué bueno que no lo dejaron solo” “felicidades vamos campeones”. No sé qué disfruté más si los 39 kilómetros corriendo o los 3 caminado.

Ya para llegar de nuevo me encuentro a mis hijos que me esperaba y caminaron conmigo y mi papá gritando palabras que nunca se me olvidarán. Se despide Hugo y Carlos le dos las gracias por todo y en eso escucho a mi hermana Cris que me gritaba “vamos Beto” fue el combustible que me ayudó a llegar a la meta trotando, llegando al túnel se escucha el alboroto de la porra y me dice Moyo “escucha esto, es tuyo” al entrar al estadio se ve la pista y digo ¡gracias dios por estos 100mts de tartán que saben a gloria!

Disfruté cada paso, cada metro. Crucé la meta con una sonrisa que aún no se me borra y pensé : ¡que bueno que no se dio el deseado 3:00:00 si no que aburrido hubiera sido el no haber vivido esto!

De pronto nos grita Cristopher Zarazua que venía muy contento por su chequeo y le digo “qué bueno que lo disfrutaste, no sabes lo que te espera”. Salimos por la medalla y me ceden los honores de ser el primero de los tres en recibirla y colgarla a mi cuello y pensé: “E” eres mía te ganamos con todas las de la ley.

Luego llegan Mamá, Papá, Ángel, Pao, Andrea, Cristina y Santy y me cuenta que por más que me gritaron no los escuché, pero lo que ellos no saben es que aunque no los escuché estuvieron conmigo todos y cada uno de los 42.195 metros.

Así es el Maratón de la Ciudad de México: una fiesta perfecta de principio a fin. Una lección enorme para cada corredor… sin importar lo que suceda en esos 42,195 metros, pues todo es por aprender. ¿De quien es el Maratón? Yo creo que de todos, por eso qué bueno que fuimos a escuchar gritar esa porra monumental. Gracias por que sin ustedes, no sería igual correr. Gracias por que mientras ustedes griten, nosotros seguiremos corriendo.


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.

Dejar un Comentario