Del sillón a la pista. Una solución para un México Obeso 1


México es ahora la nación más obesa del mundo, ¿Es culpa de su gastronomía que por cierto se ostenta como patrimonio de la humanidad o en qué hemos fallado? Aquí la historia de cómo alguien logró deshacerse de los kilos de más  y cómo lo hizo.

¿Somos el México obeso que sale en los diarios? La ONU ha dicho que nuestro país es la nación con mayor número de “gordos” en el mundo.  Algunos dirán que no es tan grave, otros pensarán que la historia a continuación no tiene importancia. Yo digo que importa no por que sea mi vida, sino porque conozco a muchos que, al igual que yo, bajaron de peso.

Aquí mi historia de cómo dejé de ser la chica típica mexicana de 70 kilos a la amante del running más aguerrida de la historia.

La ONU lo dijo ayer: México es ya el país con más personas obesas en el mundo. Hasta hace unos días, podíamos decir algo así como “pero Estados Unidos tiene más gente obesa” ahora ya no es así. Los mexicanos literalmente estamos gordos, niños y adultos.

Hay una razón: los mexicanos tenemos un gen que nos hace engordar. Por supuesto esto no es un pretexto, pues nunca en la historia habíamos sido tan gordos, pero ese factor aunado a la gran disposición de alimentos que tenemos dan como resultado una nación obesa.

Y es que hace siglos, cuando no había tantos alimentos disponibles y no se consumía tanta carne, la madre naturaleza nos dio un magnífico gen ahorrador, capaz de lograr que todo lo que comiéramos se almacenara para los momentos de “hambruna”. ¿Y qué comíamos en ese entonces?: maíz en todas las modalidades en que podemos convertirlo (tortillas, tamales, atole, etc.) leguminosas como frijoles, lentejas, habas; frutas, verduras y muchas, muchas plantas. Por si fuera poco, los antiguos mexicanos caminaban, corrían, recorrían largas distancias durante largas jornadas y sus trabajos era físicos y nada sedentarios. Entonces a pesar de comer alimentos muy energéticos no engordaban.

Ahora comemos una cantidad de carne que supera la recomendada, consumimos apenas las verduras necesarias para hacer una salsa (jitomate o tomate, cebolla, ajo y chiles), las plantas que comemos son cilantro y perejil, seguimos comiendo tamales en su modalidad de “guajolota” (bolillo con tamal), tortillas en el desayuno la comida y la cena y además hemos metido a nuestra alimentación una enorme cantidad de comida chatarra. Por si fuera poco NO NOS MOVEMOS… ante el panorama, no podemos sorprendernos de los kilos de más que soporta nuestra tierra, de hecho lo que debería sorprendernos no haber sido “los número uno”, antes.

Me dirán, cada quien es libre de estar como quiere, pero no es verdad. La realidad es que cada kilo de más nos puede llevar a desarrollar enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, colesterol elevado o mortales como infartos al miocardio. Incluso puede llevarnos a discapacidad: males en rodillas y articulaciones, amputación, etc. Y aunque pareciera que ESO sólo le importa a la gente que lo padece, la realidad es que no, eso nos enferma como sociedad, primero porque mata lentamente a la familia y amigos de quienes enferman y segundo porque quiebra los ya quebrados sistemas de salud mexicanos.

Ese es el panorama y ¿la solución?

Bueno, pues evidentemente hay que comer mejor, más balanceado, abonar muchas verduras y frutas a nuestro día a día y evitar refrescos (calorías vacías que no aportan nada a la nutrición, pero sí a la báscula) dulces en demasía, comida chatarra, carne (sí, carne, por donde lo vean abusar de éste alimento es malo para la salud), alimentos procesados cargados de grasa y sodio.

En resumen deberíamos tener una alimentación más apegada a lo natural o la fresco, es decir lo menos procesada posible.

Y además, hay que movernos y movernos mucho. La única forma de eliminar los kilos de más es con una ecuación fácil de hacer: comer menos y gastar más y para mantener el peso adecuado, comer lo que te vas a gastar. ¿y cómo lo gastas? pues con actividades físicas: caminar, pararte de la silla, pasear al perro, hacer los quehaceres de la casa, lavar el coche, usar más la bici y menos el carro y por supuesto, hacer ejercicio.

Para mi, correr es la solución a la obesidad

Todas las actividades físicas vigorosas o dicho de otra forma, el ejercicio aeróbico o cardiovascular son ideales para bajar de peso. Estas actividades hacen que los músculos se muevan y pidan energía, que el corazón lata más fuerte, que los pulmones requieran mayor oxígeno y todo ello logra que la maquinaria de nuestro cuerpo se mueva de tal manera que gaste mucha energía, justo esa energía pegada en el tejido adiposo.

Los ejercicios cardiovasculares son, por ejemplo, caminar (a paso vigoroso) correr, andar en patines, usar la bicicleta, nadar, spinning, zumba, baile y correr, entre otros, muchos otros, una gran gama de posibilidades que en serio cumplirían con las más altas expectativas, tan sólo si nos quitáramos de la cabeza el “no me gusta hacer ejercicio”. (y del por qué decimos eso, también tengo mi teoría, y escribiré al respecto, luego).

Pero como soy corredora, plantearé a este deporte como la solución (además de alimentarnos bien) a nuestro problema de gordura. Y lo voy a hacer además, porque correr funciona, porque yo dejé de ser obesa por correr y porque conozco a muchos que, al igual que yo bajaron de peso corriendo.

Mi historia personal: la chica que dejó el sillón y saltó al Maratón

Aquí tengo 20 años y estoy con mi sobrino de unos meses. Noten mi cara redondita, redondita

Yo pesaba casi 70 kilos. Soy una mujer bajita así que eso para mi estatura era demasiado y las fotos no mienten, yo era gorda, en serio gorda. La última vez que me compré un pantalón antes de decidirme a bajar de peso, fue talla 15, algo así como 38, una talla que comúnmente usaría una señora mayor, con 4 hijos ,yo tenía 20.

Por supuesto, ODIABA el ejercicio. “No me gusta”, decía como mucha gente que conozco. Correr, qué hueva. Gym, odio las pesas. Nadar, es que la alberca está lejos y las inscripciones caras. Zumba, tengo dos pies izquierdos. Tenis, no puedo pegarle a la pelota. Básquet, no le atino a la canasta y así podía enumerar un pretexto para cada deporte, disciplina o ejercicio que me pusieran enfrente.

Era una auténtica sedentaria. Por si fuera poco amaba comer. ¡qué delicia! y más un panecito dulce, unas papas sabritas a las 11 wow no podía comer solo una, un postre, un pastel, una rebanada de pizza los domingos, no podía rechazarlos. Mi refresco diario para la sed y un montón de comida chatarra. Y si al cuadro le sumamos que era fumadora, tendríamos la radiografía de cualquier mexicano promedio del país.

Y un buen día me cansé de estar gorda, me cansé de que se burlaran de mi mis compañeros en la escuela y me cansé de verme de 30 a los 20 y de comprarme ropa de señora. Así que me puse a bajar de peso.

Cambié mi dieta, sí, dejé el refresco (es lo peor que hay, en serio), abandoné los pastelitos, papitas y charritos, dejé de consumir tanto pan y me puse a caminar con mis perras por mi colonia porque me daba pena ir al gym de la escuela (qué van a decir: ¡una gorda en shorts!).

De caminar pasé a trotar un par de vueltas pero fumando tanto, ¿cómo iba a correr más de 5 minutos?, también me armé de mi arsenal ejercitador: una caja de refrescos a manera de step, una grabadora, música movida, unas mancuernas, ligas y a hacer ejercicio en mi casa.

Luego trotar empezó a ganar terrero, era fácil, barato y mis perras lo disfrutaban mucho, así que cuando fumar comenzó a ser un problema en mis entrenamientos, dejé de fumar, luego ciertas cosas vinieron solas: comer mejor sin que fuera un sacrificio, tomar mucha, mucha agua, y disfrutar el hecho de poder correr aunque fuera un minuto más que ayer.

Y el pantalón comenzó a aflojar. Recuerdo que un día que mi ropa ya era enorme tuve que comprarme un pantalón y fue talla 9. ¡era fiesta nacional para mi! había bajado ya algunos kilos y se notaba mucho, pero al final mi madre tuvo razón, al cabo del tiempo hasta esos pantalones me quedaron grandes y cuando por fin dije hasta aquí llegué, había bajado 15 kilos, era talla 7  y parecía de 18.

Aquí estoy con mi cuñado

Y en realidad no había sacrificado tanto, me sentía mejor que nunca, comía delicioso, amaba correr y todos me decían que lucía estupenda. Había dejado el “no me gusta, qué hueva” varios kilómetros atrás y más adelante me espera el runnerholic pero esa es otra historia.

Esto que les cuento tiene 10 años (un poco más, tal vez) Ahora corro diariamente el doble de lo que corría antes, hago mucho más ejercicio del que hice en ese entonces y amo más que nunca despertarme temprano, hacer ejercicio y comer saludable. Así que por eso digo que se puede, que todos podemos porque además, dejar de ser esa chica de 70 kilos me hizo darme cuenta de la enorme capacidad que tengo para aceptar y cumplir mis retos y llegar a mis metas. Algo que quizá no tenga que ver con esto que escribo, pero que fue un regalo que me dio la vida tan sólo al decidirme a hacer algo diferente a los que me rodeaban y si yo pude, ¡todos pueden!

Y no voy a decir que no peco, claro que de vez en cuando me como la guajolota, como palomitas del cine (las chicas y sin mantequilla, por supuesto) a veces como comida chatarra en esas cadenas tan populares y muy pero muy de vez en cuando me tomó un refresco de no más de 250ml. Lo que me sigue matando es el pan dulce, lo confieso. Seguramente tengo que trabajar en eso.

Conozco muchas historias de personas que lograron bajar de peso corriendo y conozco otras en las que correr cambió sus vidas, mejoró algún aspecto, los salvó de la muerte, les ayudó a controlar enfermedades y un largo etcétera.

Bajar de peso, lejos de lo estético, si es una decisión que cambia vidas. Ese sutil momento en que dije “me voy a deshacer de la lonja” me ha llevado a cruzar muchas metas, correr muchas carreras, viajar, conocer personas muy valiosas, vamos hasta me ayudó a relacionarme mejor con las personas. Todo eso porque descubrí que correr me encanta.

Yo corro por eso hablo de running, yo amo correr y he logrado muchas cosas corriendo, por eso creo que correr es lo mejor del mundo, pero sé perfectamente que hay otros deportes y otras actividades que pueden ayudar a México a dejar de estar gordo y a volver al camino de la salud. Y hay una opción para cada persona, estoy segura.

Deportes y disciplinas  hay cientos, pero antes de que todo eso existiera, dios, el universo, la vida, la madre naturaleza o como quieran llamarlo, le dio al hombre algo más fuerte: la  voluntad. Todos la tenemos, sólo es cosa de mirar en nuestro interior y cambiar el cómodo “no puedo” o “no me gusta” por el “sí puedo”, porque ante eso tengo dos preguntas: ¿Ya lo intentaste?, ¿Ya lo probaste y no te gustó? y por lo regular, cada que las hago, obtengo por respuesta un NO. Así que a quien sea que lea esta entrada y quiera bajar de peso, mi comentario es: Puedes lograr todo aquello que te propongas si tan sólo te dices a ti mismo SI.

México, dale el sí a la salud y date la oportunidad de probar nuevas cosas que muy seguramente te van a gustar, puede incluso que te enamores de ellas, como yo que ahora vivo eternamente enamorada del running y este sí es un amor para toda la vida.

Y aquí una foto de cómo era antes de cuerpo completo y cómo soy ahora. No soy perfecta, lo sé pero luzco mucho mejor, o ¿qué opinan?

Esta soy yo antes de correr y después de correr. Valió la pena ¿no?


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.


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