Gran Maratón de Metepec: ¡volveré!


El 16 de febrero se llevó a cabo el Gran Maratón de Metepec. Un evento nuevo, fue el primero y creo que resultó muy bien, con algunos detalles. A cargo de esta justa deportiva estuvieron el ayuntamiento de Metepec y la empresa MetaSport. Además del Maratón hubo distancias de 5. 10 y 21. Para los del D.F que eran muchos, este evento fue el pretexto perfecto para conocer este maravilloso Pueblo Mágico. Yo fui por 21.
Estoy en pretemporada, lo cual significa que apenas he vuelto al running tras un descanso de 2 semanas en diciembre, por eso me sorprendió tanto que mi Coach se decidiera a llevarnos a correr Medio Maratón. La verdad es que poco a poco me fui haciendo a la idea, pero cuando enfermé de gripa y pase una semana y media sin poder correr, dudé en ir.

Sin dinero, sin hospedaje y sin plan, el mismo sábado dije “si vamos” Y Cris y yo nos fuimos por la tarde. A pesar de ser atrabancado el plan, el resultado fue bueno: un fin de semana excelente entre amigos, corredores y familia. Enmarcado no sólo con la gran justa deportiva, sino también por un evento con globos de cantoya que se llevó a cabo en la plaza del Pueblo, un día antes. Insisto, Metepec fue el lugar perfecto.
Yo aún tenía nervio porque no me sentía totalmente repuesta de la gripa. Con todo, decidí terminar en 1:59, el tiempo que hice en Querétaro. Aunque no resultó.

El día de la carrera

Salimos de la casa en donde nos dieron hospedaje a unos 15 kilómetros de la carrera. Para mi sorpresa, a las 6:00 ya estábamos enfrente del parque. Nos había dicho que las vialidades iban a permanecer cerradas hasta la 1 de la tarde, así que decidimos estacionarnos un poco más adelante. Fue una mala decisión: quedamos a 3 kilómetros de la salida. Caminamos todo ese tramo hasta llegar al parque y apenas nos dio tiempo de pasar al baño y dejar nuestras cosas en el guardarropa. Así Malili, Beto, Cris y yo nos fuimos hacia los corrales. Nos encontramos al Coach y logramos colarnos hasta adelante para el disparo de salida del Medio Maratón. El maratón había salido 15 minutos antes.

salida

En los corrales de salida

De pronto, cuando nos distraíamos intentando que nos tomaran una foto, se anunció la cuenta regresiva “10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2 y allá vamos. Me pegué a Malili y al Coach y comenzamos a correr un tramo por el parque hasta salir a la calle, ahí nos alcanzaron Mari y Rodo con quienes recorrí el primer kilómetro el cual marqué en 4:50. Rodo me sugirió que, como no era mi ritmo habitual de carrera, le bajara a la velocidad. Volví a pegarme a Malili para continuar juntas, corrimos por Libramiento en una ruta plana, pasamos el kilómetro 2 con un ritmo de 5:20. Decidimos que si queríamos hacer el Medio juntas, respetaríamos este ritmo y sólo subiríamos a 5:30 cuando nos tocaran pendientes. El silencio de las calles de Metepec era la única constante durante este recorrido: nadie había salido a nuestro encuentro.

Recorrimos así también el kilómetro 3 en la Calle Miguel Hidalgo y el 4 por 16 de septiembre donde por fin nos topamos con una pendiente que no nos costó trabajo. Hasta aquí la ruta había sido en su mayoría solitaria, muy pocas personas salieron a apoyar a los corredores, sólo habíamos tenido “porra” al salir del parque. Aquí comenzamos nuestra travesía por el centro de Metepec. Corrimos por calles con adoquín en donde ya algunas personas salían de casa para gritar el nombre de algún conocido suyo que había decidido participar en la ruta.

Un corredor de rojo, delante de mi que parecía que lo conocía mucha gente, iba alzando el pulgara modo de seña de aprobación a todo aquel que lo saludaba y luego bromeaba diciendo “ven conmigo y échate un kilómetro”. Con esta algarabía, pasamos el kilómetro 5, en donde yo marqué 26 minutos de carrera. La porra entonces comenzó a surgir, aunque era escasa. A los pocos gritos que escuchábamos se sumaba el ruido de los pies de los corredores al caer. Estábamos corriendo mientras escuchábamos nuestros pensamientos. El ritmo, para mi era excelente, pero justo al tomar agua, no pude seguirle ya el paso a mi amiga a quien comencé a ver de lejos.

El frío de la mañana me había hecho llevar una camiseta abajo de mi playera de competencia, era de manga larga, además llevaba mi buff, pues en verdad habíamos empezado a correr a -3 grados; pero, ya para el kilómetro 5 el sol era abrazador y me moría de calor. Definitivamente llevar la playera abajo no había sido una buena idea, excepto porque me cubrió del sol. Llegamos al centro del pueblo, por donde se encuentra la iglesia y continuamos nuestro recorrido por Paseo de San Isidro, en ese punto Malili ya me llevaba una buena ventaja. La vi correr adelante de mi a varios metros, cuando pasó cerca de Gaby, la novia de mi entrenador, quien ya se encontraba en la ruta para tomar fotos a todo el equipo Vo2Max. Yo no podía respirar ya que debido a la gripa tenía mucha secreción nasal (qué manera tan propia de decirlo).

Este recorrido por las calles principales del centro de Metepec fue difícil pues en su mayoría corríamos por adoquín y esto lastima mucho los pies. Afortunadamente sólo se trató de unos cuantos kilómetros (aunque nos esperaba el regreso). Salimos del centro y nos incorporamos a Avenida Juárez, aquí el único testigo de nuestro paso era el sol y los puestos de abastecimiento de agua y bebidas isotónicas en donde apenas estaban un par de personas entregando agua a quienes pasábamos cerca. No había mucha gente mirando la carrera, apenas un par de personas salpicadas cada tanto, que habían salido a ver lo que pasaba.

Un poco después de haber pasado el kilómetro 6, me alcanzó Mari con un gran ritmo de carrera. Yo había bajado un poco mi tiempo, pero estaba marcando cada kilómetro en 5:25, algunos 5:30. No iba mal, pero de alguna forma algo pasa en mi cuerpo estos días: me siento pesada y con poca energía, lo que me lleva a pensar que quizá debería comenzar a tomar vitaminas. Justo pensaba en ello cuando, en el kilómetro 7 observé a mi entrenado parado a un lado de la ruta. Lo saludé y me dijo ¿cómo estás?, le dije que bien y me contestó, “adelante van Mari y Malili, alcánzalas para que se apoyen en la ruta” le dije que sí moviendo la cabeza y para cuando lo había dejado atrás escuché un grito “Sí Puedes”. Eso me inyectó energía, pero la verdad es que algo en mi mente me decía que no podría alcanzarlas. Realmente yo iba corriendo contra mi mente.

Al llegar al kilómetro 8 vi que parte de la ruta sería regresar por Avenida Juárez, así que me pegué del lado derecho para observar pasar a mis compañeros. Iba atenta a mantener el ritmo y a la vez a ver a la marea azul Vo2Max. No veía a Cris, pero yo calculaba que no estaba lejos. Del otro lado de la calle observé un puesto de hidratación y el marcaje del kilómetro 10, eso significaba que yo tenías que correr un kilómetro y dar la vuelta para llegar a ese punto. Miré mi reloj e hice mi cálculo: estaría cruzando el tapete en 56 minutos. Aquí se concentraban un gran número de corredores, pero también de porra. Alcé la mirada y vi a Cris e intercambiamos palabras de ánimo para continuar.

Ganando tiempo

Seguí corriendo pegada a la derecha y observé a Malili del otro lado, me llevaba cerca de 3 minutos de ventaja y yo no me sentía nada bien para dar la pelea: estaba cansada y tenía serios problemas para respirar por la nariz, para colmo, respirar por la boca me había hecho experimentar un leve dolor de caballo. A pesar de ello, apreté el paso, pasé el kilómetro 9 y logré dar la vuelta hacia el otro lado de la calle para conquistar el 10 en lo que tenía planeado 56 minutos. Así lo hice, no sin antes tomar hidratación.

El puesto de agua estaba justo antes de cruzar el tapete, había que hacerse a la izquierda para tomar agua y luego regresar a la derecha para poder pasar el tapete. Esto quitaba un poco de tiempo a la par que nos hacía chocar con otros corredores. Miré el reloj, en ese momento más que en otro estaba decidida a marcar el kilómetro en 5:30 y si era posible bajar el ritmo, mejor: todo por cruzar la meta antes de las dos horas. Dimos la vuelta en Leona Vicario y a lo lejos miré el kilómetro 11. Había pasado exactamente una hora desde que había empezado a correr. Entonces me dispuse a llegar a l 11 con todas mis fuerzas, llegué marcando una hora con un minuto: había logrado ese último kilómetro en 5. Por supuesto que pensé que lograría mi objetivo.

Durante la ruta

Durante la ruta

Entonces me planteé la idea de correr más rápido por esas avenidas tan desiertas. Apretaba el ritmo un kilómetro y al siguiente intentaba ir un poco más despacio, así logré llegar al 12 y luego al 13, el cual corrimos otra vez sobre Avenida Juárez. Iba loca de la emoción, miraba el reloj y aunque mis piernas y pulmones decían que parara, yo emocionadísima sentía que iba en mi mejor tiempo. Incluso llegué a pensar que si apretaba en los últimos kilómetros podría ganarle al cronómetro unos cuantos segundos más.

Marcamos el 14 en la esquina de Ignacio Allende y comenzamos a correr de nuevo por adoquín, yo miraba las casas a uno y otro lado del camino y a otros corredores que intentaban seguir su marcha por las banquetas. A pesar de que me dolía correr en el adoquín no intenté subir, pues el bajar y subir, bajar y subir de las banquetas y entradas de coche, lastima más mis rodillas. En esta parte, comenzaba de nuevo a haber porra. La gente salía de sus casas y aplaudía a los corredores. “Vamos” se escuchaba. De pronto, un señor sentado en una silla de plástico dijo en tono de burla “ya casi llegan, los punteros de la carrera van a 100 metros”. Volteé a mirarlo mientras otros corredores le decían “pues inténtalo tú”. Fue un momento triste en la carrera, pero supongo que siempre habrá quien menosprecie el esfuerzo de otros.

Ya iba cansada, el sol me daba en la cara, me sentía acalorada debido a tanta ropa que llevaba y bajé un poco el ritmo. Fue en Miguel Hidalgo donde marqué el 15 en 1:26, faltaban 6 kilómetros y 97 metros. Si corría en 5 un poco más llegaría antes de las dos horas. Apreté el paso y corrí a buen ritmo. Quería llegar al kilómetro 16 que estaba en Avenida Independencia, antes de los 5 minutos, marcando un 4:50 como lo había hecho en el primer kilómetro. Corrí y corrí muy rápido casi poniendo todas mis fuerzas en el empeño, pero no llegaba ese ansiado 16. Cuando por fin miré a lo lejos un cartel blanco, corrí aún más fuerte y mi sorpresa fue notar que no era el 16, sino el 17. No podía creerlo, miré el reloj, marcaba 1:35. Mejor imposible. Tenía mucha sed, pero el puesto de hidratación estaría cerca. Al pasar, pedí dos vasitos con agua. Iba decidida a lograr mi mejor tiempo.

Justo en esta parte una mujer que caminaba por la banqueta con dos niños, se esforzaba en leer los nombres de los corredores en sus número de competidor para darles ánimo: “vamos Gustavo”, “Aprieta el paso, Laura”, cuando me miró me dijo “vamos Mariana” al tiempo que sus dos pequeños extendían las manos para chocarlas contra las mías en una señal de apoyo. Me encanta cuando los niños hacen esto, es como recibir un shot de glucosa para el alma.

Con ese ánimo enardecido, comencé a forzar mi cuerpo y ese fue el error, pues mi cuerpo no aguantaría mucho más. Cerca de llegar al 18, observé que había un puesto de atención médica. Los paramédicos muy amables se acercaban a los corredores para preguntarles si todo iba bien, me preguntaron y yo iba perfecta, acalorada pero decidida, faltaba tan poco y apenas en la mañana había recorrido estas calles para llegar a la salida.

La derrota

Justo para dar la vuelta por la calle La quinta, hacia el 18, unos niños con bolsitas de agua se me acercaron y me dieron la mano. Aquí la algarabía era más notoria que en otras partes de Metepec. Justo en la esquina la gente se arremolinaba con manitas de plástico que al golpearlas asemejan aplausos, también llevaban globos y carteles para apoyar a sus familiares. Di la vuelta, ya había pasado por ahí trotando en la mañana y sabía donde estaba el cartel. Me concentré en mantener el paso, esforzándome, dando el máximo. Entonces cuando estaba cerca de conquistar el 19, sentí un tirón horrible en la pierna izquierda que me comenzó en el glúteo y se extendió un poco más abajo. Era un calambre. No había tomado una sola gota de bebida isotónica porque no me gustan, pero tampoco había llevado geles de glucosa. Pensé “esto no me puede estar pasando” y bajé el ritmo esperando que el mugre calambre se fuera quitando conforme avanzaban mis pasos.

Cada paso era un dolor horrible, en verdad decía “esto no me está pasando a mí”, pero ¡sí me estaba pasando!, conforme corría o más bien trotaba, el dolor se volvía más intenso. Iba corriendo por Avenida López Mateos, los corredores que ya habían cruzado la meta caminaban por la banqueta apoyando a los que apenas trazábamos nuestros pasos hacia allá. No hubo nadie que no me dirigiera palabras de aliento, iba con el dolor clavado en la cara y me quejaba. Tenía ganas de llorar.

llegada Metepec

Último jalón antes de entrar a la meta

Para cuando crucé el 20, el calambre ya me molestaba en toda la pierna hasta llegar a atrás de la rodilla y mi paso ya era de tortuga, bajé mucho el ritmo y comencé a vencerme. “vamos amiga, ya falta poco” era lo que escuchaba de aquellos que ya traían la medalla colgada al cuello. Una mujer en la banqueta repartía agua y gatorade a los que iban pasando, yo estiré mi mano y alcancé una bolsita y justo cuando la tomaba escuché a una chica gritarme “Vamos, tocaya, no te puedes vencer”. Seguí corriendo ya por el puro orgullo; con la pierna adolorida y el cuerpo magullado, mi mente aún no se daba por vencida, aunque yo bajara el ritmo.
Fueron momentos intenso

s para mi mente y mi cuerpo que libraban una pelea, la primera en seguir, el segundo en parar. Venía ya de nuevo por Libramiento, a punto de llegar a la meta y aquí sí que había porra: unos salían ya del Parque con la medalla al cuello y gritaban a quienes íbamos llegando, otros simplemente cruzaban la calle esquivando corredores y entorpeciendo el paso. El tiempo se me hizo eterno. Pensaba en todo lo que había caminado en la mañana para llegar a la salida y parecía que era una distancia eterna. Ya ni miraba el reloj, era obvio que iba

ya muy por encima de mi meta de menos de dos horas. Corría a paso muy lento, mirando a la gente de mi alrededor: la porra, los indiferentes, los que cruzaban la calle, los que se detenían y estorbaban, era tanta la gente sobre la avenida que no distinguía en dónde podría entrar al parque hasta que, por fin, entre.

El camino hacia la meta era solitario. Alcé la mirada y vi a la misma chica que llevaba a sus hijos que me había apoyado kilómetros atrás. Corrí por ese adoquín hasta donde ya había gente deteniéndose de las vallas, di la vuelta y comencé a escuchar los gritos y apreté un poco el paso, lo poco, poquito que pude. De pronto, Érika comenzó a gritarme “vamos Mar, vamos” ya estaba la meta cerca, tomé un respiro y la crucé. El resto es historia: no pude contener el llanto.

¡Crucé la meta!

¡Crucé la meta!

Los resultados

Ese día Vo2Máx se llevó 6 podiums. Dos en Maratón, tres en 10, y uno en Medio Maratón. Sin duda un orgullo y compromiso pertenecer a este equipo en donde estos atletlas no son de alto rendimiento, sino lo que le sigue: no sólo trabajan, estudian, son padres y madres de tiempo completo, corren en sus tiempos libres, soportan los entrenos pesados de todos los días, sino que, además, ganan. Mi respeto absoluto para cada uno de ellos.

Lo malo

Como en todo evento, uno nunca puede estar a gusto con todo. En mi experiencia, me encantó la carrera, pero no por eso deben dejar de mencionar los detalles que pueden llevar a mejorar:

  • Hidratación: es un tema en casi cualquier carrera en México. Fue insuficiente en la ruta de 21, faltó en los últimos kilómetros, afortunadamente, la gente salió a apoyarnos con bolsitas de agua.
  • Los vasos: fueron de plástico y dificulta tomar. Particularmente agradezco que no den de las bolsas gigantescas de plástico que terminan a medias tiradas en la calle, pero los vasitos de cartón serían mejor para poder aplastarlos y tomar agua, además de que sí son biodegradables.
  • El marcaje en ruta: los 21 estuvieron bien, pero según mis compañeros que corrieron 10, los kilómetros estuvieron mal marcados, pues resultaron ser 11. ¡Ojo con eso!

Lo super excelente

¡La medalla! me encantó, un súper detalle y los trofeos que entregaron a los ganadores, increíbles. ¡Con eso se lucieron!

¡La medalla más linda que he recibido!

¡La medalla más linda que he recibido!

Felicidades MetaSport, fue un magnifico evento. ¡Voy el año que entra!


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.

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