La magia de correr un maratón


Por: Mariana Fonteboa
TT: Barbie_runner

Cuando me convertí en corredora, hace ya 17 años, no imaginé que algún día surgiría en mi la cosquilla de correr un Maratón: 42 kilómetro 195 metros ¡sólo un loco! Pero en 2006 la crónica de la experiencia de un corredor de 60 años llegó a mis manos con una sentencia “Sólo el 1% de la población mundial, ha corrido un maratón en algún momento de la vida”. Esto y la magnífica experiencia que leí, sembraron en mi la inquietud de un día, hacer un Maratón.

El domingo 10 de diciembre 9 mil almas estarán surcando las calles de Monterrey, Nuevo León para completar la distancia reina: el Maratón. Aunque no se cuentan con datos estadísticos, muchos de los participantes de este Maratón arribarán a Monterrey desde otras partes de la República Mexicana, pues con los años, este evento ha ganado mucho prestigio, llegando a ser calificado por los propios corredores como el mejor Maratón de México.

Pero ¿qué es lo que tiene de mágico correr un maratón que la gente está dispuesta a viajar de todos los puntos del mundo para un evento como ese?

Más allá de los 42 kilómetros 195 metros, el Maratón es una prueba de temple, de trabajo mental y de esperanza; no comienza el día de la carrera, sino meses antes, cuando lo decides y cuando te entrenas: es cambiarte el chip de la vida diaria por uno en donde no importa lo que pase a tu alrededor porque tú vas a correr un Maratón.

Entrenar para un maratón es increíble: pensar maratón, desayunar maratón, comer maratón, cenar maratón, soñar maratón. Dejar fiestas, reuniones, amigos por un maratón, no tomar alcohol por un maratón, comer diferente por un maratón. Convertirte de pronto en cenicienta y en el aburrido porque siempre tendrás que irte temprano porque sí, tu correrás un maratón.

Pero quienes lo hacen saben que ¡un maratón es como el reto de la vida diaria!: enfrentarte a ti mismo, retarte a ti mismo, vencerte a ti mismo, y llegar a amarte a ti mismo porque al final, cuando cruzas la meta con los brazos abiertos te conoces un poquito más.

Son 4 horas hablando con tu mente (o el tiempo que cada quien realice), sintiendo tu corazón, fortaleciendo a tu espíritu. Son 42 kilómetros 195 metros de fuerza en las piernas, entereza en los brazos, mente poderosa, alma inspiradora y espíritu ¡invencible!

Es estar frente a ti todo el tiempo y a la vez, estar apoyado en tus historias, en tu pasado, en tu presente, en tu futuro, en tus distintos “YO”, con la gente que te ama y que se cruza de pronto en tu pensamiento y te dice: “sigue, sigue” y tu dices: “¡claro, yo vine aquí a seguir y seguir y conquistar la meta!” y te escuchas a ti mismo diciéndote: “vamos, vamos, tú puedes, tú puedes más, más rápido” y observar cómo tu cuerpo se adapta a cada instante: cada célula, cada pedacito de ti, de todo tú, corriendo por tu sueño, dando lo mejor de sí, viviendo y vibrando junto con tu mente.

Y luego, ya cuando tu cuerpo lo dio todo, entonces entra tu mente y la escuchas: “no importa el cansancio, no te rindas” y le crees y le dices a tus brazos “muévanse” y le gritas a tus piernas “más rápido” y ¡vas más rápido! De pronto te haces consciente de que has corrido 30 kilómetros y parece que llevas 5, tienes lo que llaman el segundo aire.

Después cuando tu mente y tu segundo aire dicen “hasta aquí llegaste”, entra tu espíritu y te dice “tú puedes lograr TODO lo que quieras, conquistar cada sueño porque eres fuerte, eres grandioso, eres increíble” y le crees, porque lo dice tan convencido, que no importan los kilómetros que falten ni los 38 que ya llevas porque sólo piensas en el glorioso momento de subir los brazos y ser el ganador de ti mismo.

No importan los calambres, que no sientas las piernas, porque ya vas volando con tu espíritu. También hablas con Dios, le dices: “quiero llegar” y él te responde, juro que lo hace y te dice: “¡claro!, llegarás feliz” y para cuando faltan unos cuantos metros y te haces consciente de que no vienes solo, de que una multitud viene detrás, de que hay corredores frente a ti y de una inmensa cantidad de gente te alienta a gritos para que sigas, y que dicen lo mismo que tu mente y tu espíritu te dijeron hace unos kilómetros, corres más rápido, das lo último, lo más grande, lo que ni sabías que tenías guardado y cruzas la meta como un verdadero campeón.

Entonces, sólo entonces, con esos 42 kilómetros 195 metros a cuestas, con esas horas contigo mismo, con ese optimismo, con esos aplausos, con esa energía, las emociones afloran y eres distinto: ¡eres un héroe para ti!

El maratón es una metáfora de la vida diaria de las batallas que vences cada día: cansarte de estar ahí, querer botarlo todo, pero seguir porque el corazón te lo grita. Saber que no importa cuánto pueda faltar, hay que seguir; que los que te aman te esperan en la meta, te apoyan en el camino con alegría y emoción contenida. Entender que hay otros que quizá no conozcas y que no vuelvas a ver pero que te ayudan a dar unos pasos, a conquistar un kilómetro; convencerte de que siempre, ¡Siempre! todo depende de ti, de tu mente, tu alma, tu corazón, tu espíritu y tu fortaleza.

Nadie es el mismo después de cruzar la meta. El Maratón es una fiesta que te cambia la vida. Por eso, en pos de ese héroe que llevamos dentro, este domingo 10 de diciembre 9 mil almas completarán en Monterrey la distancia reina: 42 kilómetros, 195 metros.

¡Felices kilómetros!


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.

Dejar un Comentario