Y México se contagió de Ruta Olímpica 1


México celebró su Maratón de la única forma que sabe hacerlo: con todo el corazón. Checa cómo se vivió la Ruta Olímpica.

Menuda sorpresa me llevé el día que faltando un mes para el Maratón de la Ciudad de México, las inscripciones ya estaban agotadas. Por lo regular sucede al revés, la gente piensa en Medio Maratón y luego en el completo, así que suelen agotarse primero las inscripciones al Medio. Sin duda este fenómeno sucedió por dos cosas, la primera porque se lanzó como novedad la Ruta Olímpica y la segunda porque en principio el Medio Maratón terminaría en Chapultepec y ¿quien quiere terminar ahí pudiendo llegar hasta el Estadio Olímpico? Y ya para cuando dijeron que ok, que el Medio también llegaría a Ciudad Universitaria, muchos ya están inscritos en el completo.

El caso es que ese día en que se acababan las inscripciones, me di a la tarea de apuntarme al Medio porque quería llegar hasta mi amada Ciudad Universitaria y la verdad después de mi experiencia el año pasado en Maratón completo, no quería correr otra vez 42k. Nueva sorpresa porque me inscribí y un par de horas después, ya no había números.

Así en medio de la furia maratonera, la Ruta Olímpica y las críticas hacia ésta, 20 mil mexicanos, incluyéndome, tomaríamos las calles de la Ciudad de México el 25 de agosto en una carrera loca hasta el emblemático Estadio Universitario donde, hace ya 45 años atrás se celebraron los únicos Juegos Olímpicos que han pisado nuestras tierras.

Y es que ese 1968 parece ser un año que quedó grabado en los corazones, la mente y el espíritu de todo México, no sólo por la justa olímpica, sino por los acontecimientos históricos en la matanza de Tlatelolco. Vamos, creo que el 68 duele, se sufre y a la vez se festeja. País de contrastes siempre, éste nuestro México. Pero, a pesar de mis convicciones políticas sobre ese año, aquí yo escribo de correr y no puedo salirme del tema. Y por eso, aquí va mi crónica de lo que fue mi Tercer Medio Maratón de la Ciudad de México, el noveno Medio que corro en mi vida.

Nos pico un bicho rosa y amarillo

Fiebre, fiebre fue lo que le sucedió a la Ciudad de México el 25 de agosto de 2013. Un piquete mortal había recibido desde el jueves. La plaga rosa y amarilla, se regaba por todo Ciudad Universitaria y se trasladaba en auto, metro, metrobús y bicicleta hacia todos los puntos del D.F y la zona metropolitana. Las redes sociales sólo publicaban una cosa: ¡apesta a Maratón! y no sólo los corredores se enfermaban, había ya en el aire un contagio hacia familiares, amigos y ciudadanos que se alistaban para la fiesta grande.

Así el domingo me sorprendió parándome a las 6 de la mañana para esta vez, vivir la fiesta del Medio Maratón. Salí con mi camiseta Vo2Max, dispuesta a ganarme mi “jersey” amarillo a punta de sudor y pasos. El Maratón, la fiesta rosa, comenzaría a las 7 en punto desde el Hemiciclo a Juárez, un kilómetros después de lo planeado debido al plantón de maestros apostados en el zócalo, lo cual significaba que habría modificaciones en la ruta.

Los del Medio también saldríamos de ahí. A las 7 yo estaba a bordo de un metrobús rumbo al metro Hidalgo, para llegar caminando al Hemiciclo. Ya mi corazón latía a mil por hora cuando en la estación Júpiter, subió un corredor con su playera del amarilla. Alicia Cris y yo, ansiosos por llegar. Bajamos en Guerrero y caminamos. La mancha amarilla iba ya hacia el mismo destino: la puerta de salida de nuestros grandiosos 21K. Caminamos por toda Juárez, fuimos al baño y de ahí a los “camiones guardarropa” que llevarían nuestras pertenencias hasta el Estadio México 68. Ni Cris, ni Alicia tenían número. No alcanzaron, así como otros tantos. Atentos al aviso de que no darían agua ni asistencia Médica a quienes no estuvieran inscritos, ambos llevaban cinturón de hidratación. Ahí nos encontramos con parte del poderoso Vo2Max, mi equipo y apenas nos alcanzó el tiempo para desearnos suerte antes de ir a los corrales de salida. Yo había olvidado mi pulsera, así que tuve que colarme. Trotamos un poco, estiramos las piernas, calentamos y ansiosos esperamos a que corrieran los minutos.

Con Alicia ya a punto de meternos en los corrales

8:50 Un silencio en el sonido local antecedió al disparo. Comenzamos a caminar mirando como el reloj corría. Tardamos 5 minutos en cruzar el arco de salida. Yo iría a mi paso, Cris sería mi conejito y Alicia intentaría aguantarnos el ritmo. Apenas cruzamos el tape y una vez marcado el inicio, comenzamos a trote. Salimos de Juárez hacia Reforma con paso apretado por el número de participantes. La fiesta comenzó con los gritos de la gente que ya formaba vallas a ambos lados de la avenida. Portaban carteles apoyando a sus seres queridos y también banderines con el logo del Maratón.

Cris y yo a punto de salir

Corrimos por Reforma hacia el Eje 1 Norte. Observé el cartel del primer kilómetro a la derecha. Cris y yo estábamos corriendo por la izquierda sin poder rebasar a nadie. Entre los que iban lento o los que forman una “pared de equipo” era imposible correr más rápido. De pronto algunos corredores se saltaron el camellón y pegados a él corrían lo más rápido posible. Así comenzaron a sucederse los kilómetros. De pronto, ya cuando los más rápidos daban la vuelta, los que íbamos del otro lado de la calle nos vimos reducidos a apenas un carril. Todo parecía marchar bien hasta que, los que venían en el sentido de la calle comenzaron a echársenos encima. Yo no sé si tuvieran razón o no en hacerlo, es cierto nosotros invadíamos apenas el espacio de una línea que les correspondía a ellos, pero luego de un rato, comenzaron a pisar y a empujar a los corredores que venían adelante de mi.

Decidí volver del otro lado de la banqueta aunque no pudiéramos ir a paso constante, Cris me siguió y fuimos testigos de cómo un hombre le daba un empujón a una chica para quitarla de “su” carril. Algunos corredores comenzaron a gritar que la dejaran, que había toda una calle para ellos. Confieso que sentí aquello como una agresión antideportiva.

Seguimos corriendo ahora por el otro lado. Dimos vuelta por Flores Magón de nuevo hacia Reforma Centro. Aquí la ruta se antojaba solitaria, apenas unos cuantos voluntarios y otros tantos que salían a apoyar a los corredores. No fue si no hasta donde se encuentra la estación Hidalgo, que los bloques de porra comenzaron a ser cerrados y constantes.

Hasta ahorita el paso marcaba 5:33 para cada kilómetro. A ratos, Cris me pasaba, pero en general iba a buen ritmo. “Creo que en el kilómetro 5 comenzará a abrirse la carrera” dijo Cris, pero no fue así.

9:26 Cruzamos el tapete de los 5k frente al monumento a Colón, era una algarabía tal que no podías dejarte vencer por el cansancio, eran miles de voces apostadas en ambos lados de Reforma gritando “vamos corredores, si se puede, falta poco”. Hasta aquí la ruta iba perfecta, todo plano. Lo que dificultaba el paso eran las muchas personas que seguían sin dejarse vencer hacia el estadio Universitario. Éramos demasiados.

Nunca había visto tal alegría en el D.F. He corrido 3 Medios Maratones y 2 Maratones en esta ciudad, pero lo que pasaba el 25 era otra cosa, en verdad era la enfermedad del running contagiada en todos los que estaban fuera de su casa. Era la ruta Olímpica, era el bicho rosa y amarillo de aquel 68 imborrable en la memoria lo que hacía que la gente no dejara de gritar y que los corredores no dejáramos de correr.

La verdad es que pasé varios kilómetros sin detenerme a ver los carteles que anunciaban la distancia, se me iban pensando y regocijándome de la alegría de mi México en las calles. Había un sonido distinto al que siempre invade Reforma, no había coches, ni motores ni caxones, lo que se oía era pura alegría, gritos de apoyo, saludos entre corredores y la porra que por fin veía pasar a quien tanto esperaba. Pero lo mejor aún no sucedía. La glorieta de Cuauhtémoc nos recibió entre papelitos rosas, manos estiradas y carteles de apoyo. Fue ahí donde dimos la vuelta hacia lo que sería nuestro primer enfrentamiento con Insurgentes. Aquí se apostaron dos líneas amarillas a los costados del metrobús. Unos corríamos por la derecha y otros tantos por la izquierda. Ya cuando se veía la Glorieta de Insurgentes, un ejército amarillo tomaba la subida hacia ambos lados, en una marcha rítmica.

En nuestro primer enfrentamiento en Insurgentes

Aquí marcamos el 7. Yo le dije a Cris que nos pasáramos a la izquierda, pero insistió en subir por la derecha. De pronto hubo una confusión, unos bajaban hacia avenida Chapultepec y otros tantos seguían derecho hasta continuar por Oaxaca. Las voces de los voluntarios se ahogaban: “Medio Maratón siga derecho, Medio Maratón, sigan derecho”, respiré y pregunté por si las dudad. Cris gritaba a los que marchaban a Chapultepec, “¡es por acá!”, pero muchos no escucharon y se fueron.

Bajamos hacia la Roma, aquí la gente salía a borbotones, contenta con la familia, había batucadas y porras interminables, como una fila larga que no veía el fin. No importaba cuántas vueltas diéramos por las calles, toda la gente apoyaba al contingente del Medio Maratón, sin parar. Aquí, las calles justas detenían nuestro paso pero no el espíritu que ya se imaginaba triunfante en el Estadio Universitario, alzando los brazos en la gloriosa meta como si nadie más hubiera llegado antes. Cris y yo íbamos perfectos, me jalaba en los ratos en que mis piernas desfallecían.

Seguimos por Oaxaca y rodeamos la fuente de Cibeles, ésa de las crónicas de Leñero y Marín que me hacían leer en la universidad. Entramos a Puebla y los gritos no cesaban, era como estar en una fiesta con música, sonrisas, gritos, alegría y shots de gatorade y tragos de agua. La gente se apuraba en extender sus manos y darnos dulces, miel, fruta, bolsas con agua o gatorade y aún no cruzábamos ni el 10. Seguimos hacia Sonora y Dimos vuelta en Medellín para volver a Oaxaca y ver a lo lejos la Cibeles, esa que no conocía yo de vista, pero que me sabía de memoria por los escritos universitarios. De nuevo dimos la vuelta por Puebla para salir a Álvaro Obregón.

Eran las 9:50 cuando cruzamos el tapete de los 10K con un cronómetro de 55 minutos. Todo perfecto, iba tan bien que decidí no tomar mi gel de glucosa. De nuevo corríamos por Insurgentes. Aquí la gente era más gritona que de costumbre. Siempre Insurgentes es la parte más divertida y gritona de toda la ciudad en un Maratón, pero esta vez, era exponencial. Los voluntarios estaban más animados que nunca y las personas que se apostataban en las calles forman la Porra Monumental “vamos, ya están cansados, ya falta poco”, “corredores, en la meta hay vodka” eran algunas de las cosas que se escuchaban. De todas las veces que he corrido Medio y Maratón en este ruta, Insurgentes me sorprende por su algarabía, pero ahora, en este domingo era mayor, claro, tenían el bicho rosa y amarillo de la Ruta Olímpica y querían dejar claro que este, este sí es el verdadero México.

Apenas unos cuantos metros después, las ruta nos lanzaba a la Roma de nuevo. Entramos por Amsterdam, rodeamos el Parque México y fuimos lanzados hacia Nuevo León. Había tramos en donde la alegría disminuía, la porra era menos continua. Había momentos en que los fiesteros nocturnos nos miraban atónitos todavía sumergidos en el alcohol, apenas sosteniéndose y preguntándose cómo saldrían de ahí con esa marea amarilla que lo inundaba todo. Nosotros, contagiados por ese virus rosa y amarillo seguíamos frenéticos los pasos, adelantábamos unos cuantos corredores, esquivábamos a los que ya iban caminando. Se escuchaban golpearse con el pavimento nuestros pasos con un ritmo tal que si poníamos atención era música. Era la tropa de alegría, sudor, cansancio y ganas de correr más hermosa que yo hubiera visto.

Salimos de nuevo hacia Insurgentes y de pronto Cris dijo “Mira ya estamos en el Wold Trade Center, alcé la mira y volteé a la derecha y sólo entonces vi a mi costado, del otro lado del metrobus, hacia la izquierda, el contingente rosa del Maratón y pensé “Wow, los alcanzamos”. La ruta se juntaba de una forma maravillosa, porque apesar de ir juntos, no nos estorbábamos los unos a los otros. La estaciones del metrobús que no estaban cerradas se llenaban de gente saltando desde lo alto, otros tantos esperaban en las esquinas con el corazón inundado y la mirada preocupada por no ver a su familiar , al amigo que venían a apoyar y dos segundos después se hinchaban de alegría “vamos Vero, sí te vi”, y chocaban sus palmas. Ya la espera había sido fructífera porque se habían visto y Vero entonces corría más rápido, animaba a la porra a seguirle gritando.

Durante la ruta en Insurgentes

Los niños esperaban en las orillas con sus manitas salidas de la fila para chocarlas contra los corredores que ya venían cantando que el Estadio estaba cerca. Había quienes corrían de un lado a otro del metrobus para gritar a la porra al Maratón “si pueden, ya falta poco” y regresar al otro lado y darnos apoyo a la furia amarilla “vamos corredores, están cerca”.

10:15 y mis pasos pasaban el tapete de los 15K con un tiempo de 1:25, iba bien, pero ahora sí, venía lo bueno. La subidita hacia C.U. Había visto la altrimetría y me parecía mortal, pero a mis piernas y pulmones les pareció decente el ascenso. Aquí vimos a Claudia, le gritó a Cris que iba adelante de mi “vamos, vamos Cris” Estaba muy emocionada, luego de pronto Cris se perdió y es que tomaba fotos a los grupos que cantaban mariachi, salsa o que bailaban enfundados en trajes típicos animando a los corredores. Era todo el folklore mexicano, ese de contrastes, dando todo por esos locos a los que se les ocurre llevar su esfuerzo al máximo, corriendo.

La fiesta grande

No había un sólo hueco en Insurgentes en donde no recibiéramos sorpresas: la gente gritando los nombres que llevábamos impresos en nuestros números. ¡Vamos, Mariana, vamos, falta poco! O ¡no te dejes vencer Güera! Invaluable cada grito. ¡Tomen dulces, agua! Nos gritaban. Nos dieron esponjas con agua, bolsas con agua, tubos de miel, naranjas, plátanos. Y sigo afirmando que ese es el verdadero espíritu de los mexicanos, el de dar, el de apoyar.

Parte del apoyo en Insurgentes

En el 16 empecé a bajar el ritmo. Miré mi reloj y ya estaba haciendo 6 o 6:15 por kilómetro. Me estaba acalambrando. Tomé agua en cada puesto de hidratación y hasta de la gente que estiraba sus manos para darnos de sus propios recursos, pero algo pasaba. Mis pantorrillas estaban hechas piedra y el calambre me estaba dando en la pierna derecha. Cris me impulsó a continuar. De pronto a la izquierda había una señora con una enorme charola de naranjas, tomé una y me sentí mucho mejor, continué. Nunca había sufrido un calambre en un Medio Maratón, pero me estaba ocurriendo. Pensé que el haber faltado a unos entrenamientos y el ánimo que he traído en los últimos días me estaban cobrando una mala pasada.

Cris iba experimentando, grabando el ambiente, trotando, tomando fotos, impulsándome. Tomamos lo que sería una de las últimas subidas prolongadas. Bajé la mirada, iba concentrada en seguir corriendo, pidiéndole a mi cuerpo no flaquear. Los antros colocaban bocinas afuera de sus establecimientos para poner música o impulsarnos con porras. Ibamos ya en la recta final.

Los del Maratón, la furia rosa, del otro lado de Insurgentes seguían sin dejarse vencer. Alcé la mirada y de pronto, vi el Samborns que da la bienvenida a C.U por fin llegábamos, faltaba nada. Vi mi reloj y faltan dos minutos para las 2 horas corriendo y aún falta, era claro que no iba a hacer 2 horas. Me entristecí, pero justo cuando mis piernas tomaban la última subida de la ruta, uno de mis mejores momentos sucedió: “¿Y cómo recibe la gente de Coyoacán al contingente del Medio Maratón?” dijeron en el sonido local y entonces la gente que formaba la valla humana gritó con una fuerza tal que instintivamente apreté el paso y comencé a llorar. Ahí Eunice nos gritó lo más fuerte que pudo: “falta poco, muchachos” y así estábamos a unos cuentos metros del Estadio de C.U.

Seguimos con el paso apretado, cruzamos el arco de Adidas y entramos al estacionamiento en donde las vallas de emoción deportiva nos separaban del público que gritaba como nunca. Corrimos, corrimos, Cris adelante, insistiendo en que fuera más rápido. Se me hacía eterno el estacionamiento y no veía la hora de por fin entrar al estadio y entonces, por fin, la bajada hacia el túnel que conduce adentro. Y entonces sucedió el segundo momento que me arrebató las lágrimas: la gente arriba del túnel a una sola voz potente gritaba a los que entrábamos “sí se pudo, sí se pudo y se ahogaba la voz apenas entrábamos. Me emocioné al punto tal que se me salieron unas lágrimas.

Salimos a la pista, a la maravillosa pista y apretamos el paso. Todos en una frenética carrera por ganar unos segundos. El arco de meta estaba muy cerca, así que preparé mis brazos ya cansados, alcé la cabeza, miré a la furia rosa y amarilla a mis costados y crucé mi meta. Lloré. Eran las 10:59

Me robaron cámara en la entrada a la meta :(

Estaba agotada, me quedé a un costado, recuperé el aliento, miré el hermoso Estadio Olímpico, pensé en esa Ruta Olímpica y sonreía. Había cumplido un sueño más y al salir del estadio, esa maravillosa medalla en forma de M esperaba a ser colgada a mi cuello. Había concluido para mí, la mejor y más fantástica fiesta nacional: El Maratón Internacional de la Ciudad de México.

 

¡Terminamos!

Competencia de 10

Para muchos, revivir esta ruta no era una acertada decisión por parte de Mancera. Creo que el resultado fue otro: excelente competencia, organización inmejorable. De hecho, el abastecimiento de agua fue mejor que la del año pasado y la seguridad en la ruta muy bien. Además, como nunca el paquete estuvo muy lindo, la playera de Adidas hermosa y si a eso agregamos que por primera vez nos dieron playera de finisher, el resultado es una Maratón de excelente organización. Felicito mucho a todos los que participaron.Vamos mejorando. Además se nota que le echaron galleta al diseño gráfico de la justa e incluso al de la medalla, esos detalles se AGRADECEN.

Ojalá le den continuidad al proyecto y en verdad nos cumplan lo de que serán 6 años con esa identidad gráfica y que correremos por obtener las 6 letras de nuestra nación hechas medalla: México.

Por cierto, si quieren saber más sobre la identidad gráfica de este Maratón no se pueden perder el blog de Atmósfera digital, donde el creador, habla de su obra. Les va a encantar. Haz clic aquí.

No sé si el Maratón esté ahora entre los mejores del mundo, me queda claro que aún nos falta un camino por recorrer, pero sí creo que fue uno de los mejores en los que he participado, así que felicito a Mancera, aunque nos quedó a deber dos cosas: correr la ruta, como había dicho y que la ruta comenzara en el zócalo capitalino.

Mención aparte merecen los voluntarios. Sin ustedes no se puede entender el Maratón. Gracias por cada grito, cada bolsa con agua, cada porra, cada kilómetro en la ruta. Cada uno de esos actos nos impulsa a los que vamos corriendo y nos llenan el alma y el corazón. Son la mejor porra que puede haber. Gracias por levantarse temprano y comenzar su día animando a los punteros y quedarse animando hasta el último corredor. Gracias a las chicas del guardarropa, a los que nos dieron las medallas, las playeras de finisher, todo. Gracias en verdad.

Y a la porra, wow, son gente excelente, cada grito, cada pedazo de naranja, de dulce, cada mano estirada esperando a estrecharse, cada ánimo es invaluable. Mi más enorme agradecimiento.

Gracias a voluntarios y porra por contagiarse del bicho rosa y amarillo de la Ruta Olímpica. Cada uno de sus rostros anónimos los llevo en mi corazón y no exagero, ustedes hacen de esta justa una fiesta que esperamos, los que amamos correr, con un nudo en la garganta, cada año. Sin ustedes correr no sería una fiesta. ¡Gracias por haber ido a la mejor fiesta del mundo!

Mi medalla :D


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.


Dejar un Comentario

Un comentario en “Y México se contagió de Ruta Olímpica

  • Mauricio

    A veces me sorprende la sincronía que existe entre nosotros como corredores, unos de un lado y otros en otro, al final vivimos cosas similares, como el caso de la chica que dices que fue aventada por un hombre quesque por invadir su linea, algo similar me paso a mi, al ser empujado por un corredor quesque porque también le invadí su linea, pobres tontos.
    Excelente tu crónica Mar, me encanto, detallas todo tal como se vivió, fue una fiesta, muchas felicidades porque a pesar del trajín que has vivido en estos días, (me he dado cuenta por facebook) ahí estuviste para demostrar que eres una guerrea, muchas felicidades y a continuar en la brecha, un abrazo y un beso.