Maratón Querétaro: correr para dejarlo todo atrás 2


El Maratón de Querétaro se posiciona como un de los mejores de México. Destaca su organización y el apoyo que los corredores reciben de su gente. ¿Quieres correrlo? ¿Checa lo que te espera!

¿Manejar 167 kilómetros para correr? Sí, eso hice, pero el Medio Maratón Querétaro es más, para mí, que una mera justa deportiva. Es la prueba de que Joe, mi amigo Joe, tiene razón: “correr es dejarlo todo atrás”. A un mes de mi segundo Maratón, y con la emoción contenida, decidí correr 21K en Querétaro, justo por eso, para dejarlo todo atrás, para hacerlo mejor que el año pasado, para hacerlo consciente, pero sobre todo, para hacerlo por el gusto de hacerlo y no por la tristeza inmensa que sentía el año pasado en que, esos 21k eran para olvidar.

Así comenzó la aventura.

No pude dormir, no sólo porque el hotel daba a la autopista y se escuchaba el ruido de autobuses, trailers y coches al pasar, sino también porque me tomé 2 tazas de café durante mi cena en el centro de Querétaro. También me quitó el sueño un mensaje que recibí a la una de la mañana ¡por qué me mensajean si saben que voy a correr!; después de luchar con eso y ya para cuando estaba profundamente dormida, sonó el despertador: eran las 5:00 de la mañana.

Me paré, no sin antes negociar 5 minutos más con la almohada. MariTo, mi compañera de habitación, ya se vestía. Lavé mi cara para terminar de despertar y me puse el traje de fiesta, el especial: playera Vo2Max, licras y mis tenis consentidos. Me arreglé para la justa: cola de caballo, gorra, aretes y ya estaba lista.

Eran las 5:30 cuando ya estábamos en el Lobby, totalmente abarrotado por los Vo2Max. “Ponte a estirar, Mariana” fue el saludo que recibí de Adrián, mi coach, mientras el barullo y los nervios eran la constante en el grupo. Adrián, con un semblante totalmente calmado, decía estar nervioso por su Maratón 29, auqnue no se le notaba. Además de él, Angie, Titán del asfalto, Liz y Humberto correrían la máxima justa del atletismo. Los demás correríamos Medio Maratón y 10K. Salimos al frío de la mañana y Querétaro nos recibió dormida.

Caminábamos por las calles desiertas a las 6:00 de la mañana, rumbo a la salida de la carrera. Fue un kilómetro en el frío hasta encontrar la primera señal de que un maratón se celebraría en la ciudad. Arribamos a la avenida Constituyentes y ya se oía en el sonido local la bienvenida a los más de 12 mil corredores que se daban cita para probarse a sí mismos. Ubicamos el guardaropa, dejamos nuestras cosas y calentamos: un poco de trote y un fallido intento por hacer “jalones”, pues era demasiada la gente que estaba en el lugar del calentamiento.

Malili y yo fuimos al baño mientras el resto del equipo se colocaba en los bloques de salida: Maratón, Medio Maratón y 10k.

En punto de las 7:00 se escuchó el Himno Nacional y mi amiga y yo corrimos hacia nuestro bloque. El disparo de salida se dio para los corredores invidentes, luego lo maratonistas y por fin, para nosotros, los de Medio Maratón.
“¿Qué ritmo vamos a marcar, Mar?”, preguntó Malili ya cuando dábamos los primeros pasos de la carrera y propusimos hacer cada kilómetro en 5 40.

Cerramos el trato, miramos hacia delante y nos dispusimos a dar lo mejor de nostras mismas en la carrera. Los gritos de júbilo y de apoyo ya se escuchaban en las calles cercanas a la Alameda Hidalgo. Serían 10 kilómetros, por lo menos, en la Avenida que, al parecer, es la más larga e importante de Querétaro.

Av. Constituyentes, tras el disparo de salida

Av. Constituyentes, tras el disparo de salida

El paso lo marcó Malili. Un excelente ritmo nos llevó a ella, Cacho, otro compañero del equipo  y a mi a conquistar el primer kilómetro en 5:42. Los puentes de Constituyentes se abrían a nuestro paso. La escalada fue fácil, salvo por el gran número de participantes de la contienda. “Somos un chingo”, dije cuando ya se veía la larga fila verde abarrotado las subidas. Dejamos a Cacho atrás en los primeros kilómetros y nos pegamos a la izquierda. Hacía un gran clima para correr y los puestos de hidratación eran cada 2.5 kilómetros.

Abarrotadas las calles Queretanas

Abarrotadas las calles Queretanas

Eran las 7: 25 cuando vimos las motos que anunciaban la llegada de los punteros. Uno, dos, tres, eran más de 7 u 8 kenianos corriendo de regreso en la misma Avenida. Luego vimos a George, miembro del equipo, ¡¡vamos, vamos!! Gritó Malili, su paso era excelente, iba con los punteros. Nos quedamos a la izquierda para ver pasar a los Vo2Max: Charly, Titán del asfalto y Adrián, en ese orden aparecieron en nuestra vista y tras el intercambio de saludos y porras, nos fuimos a la derecha para continuar concentradas en nuestra carrera.

Un poco más adelante escuchamos la voz de Rodo “Vamos Malili, vamos Mar! Estábamos a punto de llegar al punto donde dábamos la vuelta, era el kilómetro 6 que nos recibió de la mejor manera: música de banda para dar el impulso.

7: 34 y corríamos de regreso, por el camino en donde varios minutos atrás, habíamos visto a los punteros. Entonces, Querétaro despierto comenzó la bienvenida. Familiares y amigos se congregaban a los costados de la ruta para gritar y aplaudir y los negocios colocados a la derecha, nos regalaban música y apoyo mediante altavoces. Malili y yo, seguíamos juntas a muy buen paso.

Casi a las 8:00 llegamos al kilómetro 10, ni siquiera completábamos la hora corriendo y faltaba muy poco para continuar la ruta por Avenida Tecnológico. Ahí, justo al dar la vuelta los gritos de Querétaro comenzaron a hacerse cada vez más constantes y bulliciosos. La gente no dejaba de salir de sus casas y negocios para darle vida a su Maratón.

Malili comenzó a quedarse atrás. La esperé bajando el paso “Siento que se me duermen las piernas”, me dijo pero continúo sin problemas. Estábamos ya a la mitad de la carrera, en el kilómetro 11.5 y se lo dije, nos faltaba más o menos una hora corriendo pero íbamos perfectas. El sol ya estaba presente, pero aún no hacía demasiado calor. Eran las 8:05 de la mañana.

De pronto escuchamos: “Maratón por la izquierda, Medio Maratón por la derecha” y la gente se arremolinaba a ambos lados de la calle para tomar de las manos a los corredores. La banda, justo en la esquina, daba el toque especial a una carrera que a todas luces, era una fiesta nacional. “y cómo quieres que te quiera” fue lo último que escuché justo al dar la vuelta, todo envuelto en gritos de apoyo.

Entonces, un silencio inquietante se hizo presente cuando entramos a Avenida Universidad para deleitarnos con su parque lineal de por lo menos 2.6km, pero no fue por mucho tiempo, segundos después observé una larga fila de personas a ambos lados de la calle que saltaban emocionados viendo pasar a sus familiares “vamos Memo, vamos” decía un señor apoyando a su hijo.

Av. Universidad y su parque lineal. ¡Cuántos recuerdos!

Ahí comencé a bajar el ritmo sin poder alcanzar a Malili que ya para el kilómetro 14 me sacaba unos 200 metros. La seguía con la vista e intentaba darle alcance, pero mis piernas parecían no responder ante la orden inminente de mi cerebro. Terminé por cansarme mentalmente en el intento por seguir a mi amiga. Me relajé y decidí esperar mi segundo aire.

Toda Avenida Universidad fue una fiesta. Los queretanos bien que saben gritar y lo hacen muy fuerte y aunque no hubo un sólo momento en la carrera en donde no hubiera gente apoyando, en esta calle, las personas se multiplicaban por cientos. Salían de sus casas con sus perros, sus hijos, cubetas, sartenes y utensilios de cocina para hacer ruido y animar a los corredores que comenzaban a cansarse.

También salían de los negocios regalándonos agua en pequeñas bolsitas . Yo tomaba agua ya en cada estación de hidratación y también la que me regalaba la gente. Iba cansada y sedienta, aunque la voluntad de terminar mi Medio jamás me abandonó.

Aunque aún tenía en la mira a Malili, la verdad es que la distancia entre ella y yo ya era ya demasiado larga. Las subidas, rectas y pequeñas bajadas en la Avenida Universidad, me cansaban física y mentalmente y mi paso había disminuido, lo único que me daba energía eran los mariachis colocados cerca del parque que amenizaban con la hermosa música de mi país en una celebración de la voluntad humana. Las personas se arremolinaban en cada esquina, sacando su mejor creatividad en cada cartel, cada grito, cada porra. ¡¡era tan emocionante que estaba yo a punto de la lágrimas!!

Llegué al kilómetro 15 y aún no se terminaba la recta. Ahí tomé un poco más de agua y me lamenté por olvidar mi gel de glucosa, así que aproveché para tomar Gatorade. En este punto ya trotaba cansada, pero estaba segura que no pasaría mucho tiempo sin que llegara mi segundo aire.

Justo en la equina de Avenida Universidad y Bernardo Quintanilla, sucedió. Me coloqué hacia la derecha intentando tomar una de las esponjas con agua que repartían. No pude lograrlo, pero unos poco pasos más adelante un pequeño de unos 8 años sacaba su mano de entre la gente para dar palmadas a los corredores. Estiré el brazo y sentí cómo chocaban nuestras palmas.  Aquel gesto me inyectó la energía necesaria para dar lo mejor de mi en lo que restaba de la calle. Incluso, muchos metros después, aún podía sentir el hormigueo en mi mano a causa del choque con la suya. ¡¡Me encantó!!

Av Los Arcos. ¡Si igual correr en este histórico sitio!

Av Los Arcos. ¡Sin igual correr en este histórico sitio!

Aquí, la gente era mucho menos que en otros puntos de la ruta, pero igual tenía la voluntad de hacerse sentir y de mandar la mejor vibra para los últimos kilómetros. A Malili ya no la veía, pero estaba segura que al llegar a los arcos la miraría pasar en el camino de regreso. No fue así. La gente en los arcos corría de un lugar a otro para apoyar a los corredores que veníamos por ambos sentidos, unos que apenas ingresábamos por el lado derecho y aquellos que ya salían otra vez hacia Bernardo Quintanilla.

Había ciclistas siguiendo la carrera, dando ánimos a los que venían subiendo. Me encantó este lugar, no sólo por su belleza arquitectónica y por su bonita gente dando porras, la verdad es que sentía una energía increíble llenando de nuevo mis pulmones y a pesar de que era una subida, la enfrenté como nunca hasta llegar al punto en donde dimos la vuelta. Comencé a correr del otro lado de los arcos, saltando los vasos de gatorade que ya se encontraban tirados hacia todos lados, la hidratación se terminaba y esoq uería decir que una largo contingente de corredores ya había pasado por aquella calle e incluso había cruzado la meta.

Regresé mi pensamiento hacia la carrera. Ya era el kilómetro 18 y estaba muy cerca de cumplir la meta. Recordaba que hacía un año habíamos terminado la ruta con una pendiente, pero al dar la última vuelta de la carrera hacia Avenida Constituyentes, me di cuanta que no era así. Estaba de nuevo en donde había comenzado, Avenida Constituyentes, pero a un par de kilómetros de la meta. “¡Ya están muy cerca!” era el grito continuo que se oía mientras nos acercábamos al final del camino.

¡A punto de conquistar el sueño!

¡A punto de conquistar el sueño! Av Constituyentes

Apreté el paso, me sentía de nueva cuenta entera y lista para dar lo último en la carrera. De pronto escuché ¡vamos muñeca, levanta la vista, ve más rápido”, alcé la cabeza y vi al hombre que me había gritado justo al costado del cartel que indicaba el kilómetro 20. ¡Estaba tan cerca! Miré el reloj, llevaba 1 hora 57 minutos corriendo, eran casi las 9 de la mañana. Quise tomar agua, pero el puesto de hidratación estaba al otro lado del camino por donde venía corriendo, pensé “No importa tanto, estoy muy cerca”.

Dando el "último jalón"

Dando el “último jalón”

Conforme avanzaba, la gente se hacía más y más y a lo lejos se escuchaba el sonido dando la bienvenida a los corredores. Apreté el paso. Unos cuantos metros adelante estaban ya las vayas que indican que la meta está cerca. Corrí con todas mis fuerzas, intentando rebasar y dejar atrás a los corredores. “¡Aquí vienen otros más!” escuché y entonces, con la emoción contenida, corrí hacia la derecha y alcé los brazos para una vez más, coronarme en mi prueba favorita. Paré el reloj: 2:03 marcaba mi cronómetro.

¡Conquisté Querétaro!

¡Conquisté Querétaro!

Continué caminando, agotada, controlando las lágrimas y el aliento, cuando fui sorprendida por Malili, alzando la mano. Nos saludamos chocando las palmas “Bien corrido” nos dijimos la una a la otra y otro corredor cercano a la meta nos felicitó. Caminamos a la zona de recuperación: Agua, gatorade, una cerveza y la magnífica medalla colgada al cuello.

Hermosa, con los arcos de Querétaro, con el símbolo de una de las ciudades más hermosas de México, una de mis favoritas. Entonces sí, sentí que había culminado lo empezado hace 2 años y que por fin el círculo quedaba sellado. Conquisté Querétaro corriendo para dejarlo todo atrás. Para dejarlo a él atrás, por fin, el fin.

Mi medalla, ya es de las consentidas

Inicia la aventura

Querétaro me conquistó hace dos años atrás. Corrí el año pasado en medio de una tristeza muy grande, en solitario. Este año, mi aventura comenzó al decidir volver a Vo2max tras mi maratón. Y la experiencia fue renovadora, gratificante y dadora de energía.

Toda carrera, sin importar cuántas veces se corra, es diferente. Este Medio Maratón me dejó un sabor de boca inigualable, no sólo porque manejé en carretera, que me encanta; sino porque compartí 14 kilómetros con una amiga a quien estimo mucho.

Volver al grupo marca el inicio de una nueva aventura. Correr Querétaro marca el final de una historia importante para mi y mi salud emocional. Este Medio Maratón era imperdible. me divertí, lo disfruté y me siento lista para lo que sigue.

Gracias

Hay tantas personas a quien agradecer y tanto por lo que agradecer que no terminaría. Esta ocasión quiero destacar a:

Adrián en particular por dejarme volver a entrenar con los Vo2Max, por dejarme correr Querétaro en su compañía y por armarme un plan de trabajo “extracurricular”. Ahora sí,  ya sé que viene lo bueno porque me pondrá a trabajar en serio para mejorar.

Vo2Max, llevo apenas 3 o 4 semanas con ustedes y me han recibido de una forma increíble, es como si nunca me hubiera ido, siguen siendo mi familia corredora y me han hecho sentir como en casa. Gracias a todos por el maravilloso recibimiento y por dejarme compartir esta aventura. Son personas inigualables, corredores excelentes y amigos entrañables, cada uno.

A José Luis (se nos está haciendo costumbre) que aunque no fue a recibirme a la meta, fue a Querétaro, no conmigo, pero me fue a buscar. Me invitó mi cena deliciosa, dos cafés que no me dejaron dormir y después de despertarme a la 1 de la mañana, me deseo suerte: “concéntrate” me dijo. ¡Gracias! Fue bonito recorrer Querétaro contigo y pensarte en la ruta.

A Malili, “creí que te caía mal” fue lo primero que me dijo al subirse a mi carro, pero en realidad, me cae de pelos. Eres una mujer excelente, con un carisma impresionante y una vibra tan ligera que dudo mucho que le caigas mal a alguien ¡menos a mi! Gracias por ser mi compañera en esos 14 kilómetros y por recibirme tan lindo en la meta. ¡¡A trabajar Malili, para mejorar nuestros tiempos y hacer mejor carreras!!

A MariTo que se fue conmigo en el coche, sin miedo y hasta me dijo “manejas bien”. Aguantó que llegara tarde a la habitación y que me la llevara de paseo a Tequixquiapan. Gracias por la charla durante el viaje en coche, fue gratificante y de mucho aprendizaje. ¡Eso es más valioso que cualquier otra cosa!

Por último, gracias a todos los que con su pensamiento me acompañaron en la ruta. Gracias a los que se cruzaron en mi pensamiento y a aquellos que están al pendiente, siempre, para desearme lo mejor: Alex, Joe, Sandra, Yadis, Mi mamá…

Cada que corro, llevo un poco de cada persona que he mencionado aquí (y las que me faltan), de cada una de las personas valiosas en mi vida. Cada latido tiene un poco de su energía y me impulsa a cruzar mis metas. Esto es algo que tiene un valor incalculable. ¡No hay nada como eso! Mil gracias.

Mi total reconocimiento

A Humberto, compañero del grupo, quien completó su maratón en 6 horas y a quien recibimos emocionados tras la aventura. ¡¡Eres un ejemplo para todos!! No sólo tienes la energía de correr un maratón, sino que se nota la alegría, el gusto y las ganas de vivir. ¡Nadie como tú!

Humberto a punto de conquistar los 42.195km. ¡69 años de espíritu, voluntad y gusto por la vida! Para mí, ya es un héroe


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.


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