Medio Maratón del Centenario del Ejercito Mexicano.


Revive paso a paso esas subidas que te hicieron aumentar el nivel de tu carrera. ¿Apoco no es de las más demandantes?

Y ahí estaba yo, caminando junto con Cris, Angie y Alicia los 500 metros desde la entrada del Campo Militar Número 1 hasta donde estaba el arco de salida del Medio Maratón del Centenario del Ejército Mexicano. Mientras subíamos, ya íbamos calentando. dejamos todo en guardarropa y después de recibir los obsequios que nos daban los militares e ir l baño, nos aventuramos a meternos a los corrales. Medio maratón saldría primero.

Cuando me inscribí, en una loca carrera contra el tiempo, confieso, yo quería correr 10, pero Adrián me hizo manita de puerco virtual y de pronto y esta inscrita a los 21. Les tenía miedo porque ya conocía el Campo Militar en mis dos carreras de la Gran Fuerza de México e imaginaba que la ruta sería demandante, como lo fue.

Entrada al Campo Militar A-1

Entrada al Campo Militar A-1

La verdad es que a mi me gusta mucho todo lo que tenga que ver con la milicia, por supuesto mi estilo rebelde jamás me hubiera permitido ser militar, pero la solemnidad de todos los actos militares me encanta. Así que envueltos en verdad en toda la solemnidad de un acto oficial, justo en la explanada del campo, junto a la Bandera de México que ondeaba bajo un solecito que ya pegaba, se presentaron aquellos que componían el presidium y entre todos, el Secretario de la Defensa Nacional, el general Salvador Cienfuegos se aprestó a dar unas palabras, no sin antes escuchar de la manera más educada nuestro Himno Nacional, luego dedicó la carrera a la pronta recuperación de nuestros hermanos afectados por Manuel e Ingrid, lo que arrancó varios aplausos. Luego, cuando el silencio se hizo, se escuchó: “competidores, ¿listos? y aquel batallón de runners gritaron al unísono “listos señor” y entonces al sonoro rugir del cañón arrancamos una de las fiestas mexicanas más dignas y lindas que yo haya vivido.

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A punto de arrancar

El Campo Militar número 1 se encuentra, para quienes no sepan, en los límites del Distrito Federal y el Estado de México en un área que ocupa Conscripto y periférico, así que básicamente está construido en una larga pendiente. La ruta del Medio Maratón, así como las de los 5 y los 10k eran básicamente en subida.

Pero regresemos. Sonó el cañón, literal y entonces comenzamos a correr por una pendiente. Me fui detrás de Angie pero a ritmo. Vi a Letty, a Susana y a la Dra María Elena, las pasé y antes de que llegáramos al primer kilómetro ya se escuchaba la primer banda de guerra tocando música militar. Igual de solemnes y perfectamente bien vestidos, los soldados mostraban con mucha dignidad su notas musicales mientras nosotros las “corábamos” con el sonido de nuestros pies tocando el pavimento. Alcancé a Angie y marcamos el primer kilómetro en 5 minutos y 13 segundos, a pesar de ser subida. Me pegué con ella, justo cuando pensé que lo siguiente no era más que una pendiente, bajamos por un corredor en donde había, a la derecha un restaurante. seguimos la ruta y pronto me sorprendi corriendo cerca de periférico y pensé en todas aquellas veces que pasé por el campo y viendólo desde fuera pensaba qué maravilla que los soldados tengan ese camino arbolado para correr. y sí es una maravilla ¡y lo corrí!. Bajamos un buen tramo con el segundo piso elevándose sobre nuestro hombros, marcamos los kilómetros 2 y 3 en un excelente ritmo, hasta que, en el 4 comenzamos a subir. Ahí perdí a Angie y cuando terminé la pendiente ya no la vi. En este lugar nos cruzamos con los corredores de 10 que ya venían en la punta de su prueba, así que varios corredores gritaban a los que se pegaban a la izquierda que se quitaran porque los de 10 se acercaban a la meta. Bajamos un poco más y llegamos a la entrada del campo, ahí escuché la voz de Angelito echándome porras “Venga mi Mar, con fuerza” apreté mi paso hacia la avenida donde minutos antes habíamos subido Angie, Cris, Alicia y yo, nos disponíamos a pasar de nuevo por el arco de salida. Ahí y nos desviaban, “5 y 10 a la izquierda, 21 a la derecha. Corrí y a lo lejos vi a mi gran rival: Malili, quien ya me sacaba bastante ventaja, intenté seguirle el paso pero la perdí. Comenzamos a subir por donde hacia unos minutos lo habíamos hecho. “es un circuito” pensé, pero me equivocaba, esta vez, subiríamos aún más, por la ruta de la ya famosa carrera de 10 kilómetros que se celebra en el campo.

Entonces empecé a escuchar a la tropa que, mientras iba corriendo cantaba “esta subidita está chiquitita” y aunque venían atrás de mí, cantando todo el tiempo, bajé el ritmo para escucharlos. Marcaban más o menos el kilómetro a 6 minutos mientras iban cantando, la verdad es que puse mucha atención, pero entendía sólo eso, que la subida era pequeña y que querían más y mientras yo, ya iba echando el hígado.

Así pasamos el 6 y el 7 con una pendiente inclinada, pero lo que vendría a continuación era titánico. Básicamente del 8 al 10 sólo subimos, y ¡vaya subidas!, no sé por qué me cuesta tanto correr en pendientes suelo bajar el ritmo bastante y aunque me recupero al bajar, el Medio Maratón de la Sedena no tenía esa posibilidad ya que las bajadas eran más pequeñas que las cuestas de vuelta arriba.

Al entrar en la cuesta, puede ver que aquellos que me venían cantando era chicos del Servicio Militar, pues traían su playera y venían con tenis y short. Moría de calor, el sol me quemaba los hombros y en cada puesto de hidratación tomaba hasta 2 vasos de agua. Mientras subíamos del 8 al 10 en la pendiente más complicada que alguna vez haya corrido pensé “qué diablos hago aquí y por qué no me inscribí a la carrera de 5” pero seguíamos corriendo y escuchando a la porra militar. En cada puesto de hidratación, los soldados voluntarios nos animaban y se apuraban a entregar powerade y agua. Después del 10 tuvimos una ligera bajada y de nuevo las bandas de guerra que alegraban y animaban el alma.

Los soldados que animaban con música tenía un juego en el que tras tocar un poco, chiflaban a las chicas que pasábamos corriendo, ero era bastante halagador y muy chistoso, creo que todas sonreíamos.

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Explanada del Campo Militar

Cuando comenzamos el 11 entramos a un circuito en el que unos bajábamos y otros subían. Este tipo de rutas me fulminan la mente. Me pegué a la izquierda y vi pasar a Rodo a Luis, a Cris, a Malili y a Angie. Definitivamente me acérrima rival running me había sacado casi dos kilómetros. Yo iba bajando y ella subiendo y mi energía no estaba nada bien. Cuando llegué a la vuelta y comencé a subir me vacié la botella de agua encima. Mientras subía pude ver otro “contingente militar” ellos sí ataviados con u uniforme, en botas militares y con botas. Formados. Vi en esa subida dos batallones diferentes. Al terminar la cuesta por donde hacía 5 minutos había visto a Malili, apreté el paso hacia la bajada.

Bajé lo más rápido que pude, sentía como mis pies se impactaban rápidamente en el asfalto, trataba de irme hacia la derecha buscando esconderme un poco del sol. En algunas partes lograba reponerme en otras el cansancio me hacía pensar en todos esos días que pasé sin entrenar “lo estoy pagando” pensaba.

Una vez pasado el kilómetro 14 llegamos nuevamente a otro punto con otra banda de guerra. Se escuchaba su música retumbar en la solitaria ruta hasta que pasamos por un “cuartel” en donde varios soldados se habían puesto a los lados del camino para apoyar a los corredores. era como provenir de un solitario lugar para entrar a una algarabía energizante. Reconocí la ruta y pensé que ya estábamos cerca, pero no. Llegamos a un punto en donde de nueva cuenta teníamos que bajar y volver a subir. Miré de nuevo a mis compañeros de equipo, a mi amigo runner Edgar a quien le grité y de nuevo a Malili, detrás Angie, me sorprendí. Intenté apretar el paso para alcanzarlas, pero casi imposible, todavía tenía que rodear una glorieta y luego volver a la cuesta. Me prometí acelerar el paso del 17 al 18, prácticamente lo terminé en 5 minutos, pero luego mi paso fue muy lento al llegar al 19. estaba fulminada. En el último punto de hidratación tuve que pararme por completo. Tomé dos vasos de agua y cuando me rendí y pensé “voy a caminar” otra parte de mi me dijo ” no llegaste al 18 para caminar”. Además justo ahí ya casi por volver a enfrentarnos a la larga subida de la avenida Ingenieros zapadores, por donde ya había pasado dos veces, unos soldado me gritaron “vamos 1023, no puedes rendirte”.

Ya en la recta final

Ya en la recta final

Me lancé a la última subida, los familiares ya estaban puestos a los lados para gritarnos. escuché a Ángel, a la mamá de Jess,  la familia de coach y ahí estaba yo, cerrando los últimos metros, agonizando con la subida. Escuchando las porras, miré el reloj de la meta y crucé, como siempre alzando los brazos.

Crucé la meta

Crucé la meta

¿Que cómo me fue? Pues mal, mi tiempo fue pésimo, arriba de 2 horas. es increíble lo que se puede perder tras dejar el entrenamiento. Estuve prácticamente 3 semanas sin correr porque mi ánimo ha estado mal por el trabajo, los horarios, la carga y entonces dejé de hacer lo que más me gusta. Lo pagué en las cuestas de la Sedena. Pero todo ocurre por algo, por algo estuve ahí, de nuevo refrendado más que mi afición por correr, mi temple, mi voluntad, mi enorme capacidad de levantarme de los fracasos. Así que allá voy, lista para Querétaro Maratón el domingo.

Gracias

Quiero dar mi agradecimiento a quienes hicieron posible que corriéramos la Ruta de la Sedena. Gracias por la organización, estuvo excelente, a los voluntarios un aplauso, pero de sobra está decir que los que se llevaron las Palmas fueron los soldados, en cada punto en donde tocaron, en cada porra, en cada aplauso, en cada botella de agua, en cada grito. Un agradecimiento profundo a los soldados del kilómetro 14, era una fiesta cruzar por ahí, sus gritos se escuchaban a lo lejos y se quedaban como ecos cuando los dejábamos atrás. Gracias por tomarse el tiempo de apoyarnos. Gracias también a los del último puesto de hidratación que corearon mi número y me animaron a dar lo último. Gracias también al soldado que pasó horas pintando las caras de los corredores y los niños. Le pregunté su nombre: Gerardo, seguramente me acordaré mucho de él por un buen tiempo. Y gracias porque el trabajo que hacen en las zonas de desastre es invaluable y valiente.

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Con el Sargento Bravo

Y una enorme felicitación a los dos “batallones” que corrieron cantando y con botas militares y cargando banderines. Todavía los pude ver cruzando la meta en equipo. También al “batallón” que me cantó del 5 al 6 y que eran ni más ni menos del servicio militar. ¡muy bien, chicos! siempre he dicho que corriendo he visto al verdadero México y esta vez, también fui testigo de su Gran Fuerza.

¿Más carreras como ésta, no?

Mi medalla

Mi medalla


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.

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