Medio Maratón del Día del Padre 2014


Los mariachis callaron, pero la algarabía nos dio energía para concluir el Medio Maratón del Día del Padre a más de 15 almas corredoras.

Es verdad, hicieron falta los Mariachis, pero los corazones de más de 15 corredores vibraron al compás de los gritos de la muchedumbre que se agolpaba en las orillas del Periférico Sur. Los aplausos y chiflidos dedicados, todos, a esos padres corredores que festejaban su día, pero también a los hijos que corrían con la fotografía del padre a cuestas, o con su padre junto, codo a codo. También a las mujeres que festejaban corriendo, el destino de ser padre y madre a la vez, e igualmente para aquellos que alargaban los brazos hacia el cielo en un tributo al hombre, al padre que no está en el plano físico, pero que es, en esencia, importante en la vida. Aquello era una fiesta: era el Medio Maratón del Día del Padre.

Así sonó el disparo de salida y la multitud comenzó a marcar el paso firme hacia la ruta que, tras 21 kilómetros, nos volvería a traer por el mismo camino, pero nos lanzaría hacia la meta. Ahí iban los de 1:30, las dos horas, la 1:55, todos con la esperanza de hacer su mejor tiempo, de cantar en la ruta, de cruzar la meta con los brazos al vuelo. Disfrutando cada instante de esfuerzo como sólo un corredor, lo sabe hacer.

Comenzaba el Medio Maratón del Día del Padre

Así comenzaba la prueba. Foto: Asdeporte

Era impresionante observar el Periférico Sur, una de las arterias más importantes de esta bella Ciudad de México, tomada en manifestación hacia la vida y en esencia como un tributo a los papás. Pero también, encantaba a la vista observar a la inmensa porra que cruzaba la vía rápida con una cacerola en la mano y una pala para hacer la fiesta al ritmo de un canto: ¡Vamos papás, esta carrera es suya!

Con esa imagen en mi corazón y la concentración al 100 comencé a correr esos 21 kilómetros desafiantes: básicamente 10 kilómetros “facilitos” en bajada, para cerrar con 10 kilómetros “agónicos” en subida. Cada año esa carrera me roba el sueño: “debajo de dos horas” me repito y siempre arriba de 2:10…

Mi propia fiesta

Miré el reloj apenas pasé el kilómetro uno: 4:47 marcaba. La estrategia para ganarle al cronómetro –ahora sí, por favor- era correr lo más rápido que pudiera en bajada, para ganar esos segundos que muy seguramente perdería en subida.

Y allá iba yo, decidida. El camino a mi paso concurrido y la porra a los costados demostrando la algarabía de todas las maneras posibles: tomando las fotos, el video, chocando las palmas. Con eso en mente crucé el kilómetro 2. Mi meta era hacer 5 kilómetros por lo menos en 25 minutos. Cuando crucé el tapete de los 5, marqué 24: 10. Hasta ahí todo era glorioso, hasta que, ya para el 6, comenzó una subida. Era un pequeño puente en Periférico sur. De pronto comencé a olvidarme de la concentración y a flaquear, ya iba pensando en otra cosa cuando escuché que me llamaban:

–Mar, ¿cómo vas? Era mi coach
–Bien, contesté.
No bajes el ritmo en la subida, continuó. Marca el ritmo, recuerda,  tú eres experta en subida, dijo enérgicamente.
–Lo voy a intentar, contesté y su respuesta inmediata fue:
-No lo intentes ¡hazlo! Tú puedes.

Sonreí, ¿qué más se puede decir ante semejante decreto? Repetí en mi mente que soy especialista en subidas y que no intentaría hacerlo, lo haría. Apreté el paso siguiendo a mi coach que en la bajada, me dejó.

En las últimas semanas, había estado pensando en la ruta. Dos veces fui a Cuernavaca esos días y de ida y regreso pensaba “por aquí pasaré durante el Medio Maratón del Día del Padre”. Incluso, de la salida a Cuernavaca aún nos faltarían varios kilómetros. Estaba asustada por la ruta y aunque no podía correrla diariamente, intentaba adivinar cada centímetro trayendo a mi mente la última vez que lo corrí e intentando hacer mis mediciones mentales del camino, mientras manejaba.

Y ahí estaba yo, corriendo a paso firme. Era el kilómetro 7 y yo me pegué a la izquierda esperando ver de regreso a los punteros. Comenzaba a admirarme de no verlos, no porque ellos fueran más lentos, sino porque si aún no los veía, era porque yo iba más rápido. Aparecieron ante mi vista y los voluntarios de uno y otro lado del camino (es una ruta de ida y regreso) gritaban emocionados al verlos pasar. Me emocioné también, el puntero llevaba al segundo lugar unos 200 metros atrás y el tercero tardó varios segundos en aparecer. Aplaudí, grité, animé. Escuché a un corredor atrás de mí diciendo ¿y los mexicanos?, pero yo creo que estos hombres y mujeres keniatas, ya son mexicanos y es un deleite verlos correr.

De pronto, tras unos metros sin ver nada, alcancé a mirar al pelotón, iban atrás, pero no por ello menos rápido. Me encantan las rutas en donde puedes mirar a los primeros corredores, sus caras, su esfuerzo, el sudor que recorre desde la cabeza hasta los pies. Miré pasar a mi equipo: Charly, como siempre a la cabeza, Mau, más atrás Rodo. También alcancé a ver a mi amigo Aldo Juárez que siempre hace parecer que correr es fácil.  Marqué el kilómetro nueve y esperaba subir el puente de Muyuguarda para marcar el 10, pero esta vez hubo cambio de ruta y seguimos corriendo en plano, algo que yo agradecí.

Mi nuevo paso de carrera.

Mi nuevo paso de carrera.

A lo lejos alcancé a ver un anuncio de una trajinera, es la desviación para el embarcadero de Cuemanco, hacia Xochimilco. Ahí la gente se detenía a ambos lados del camino, y desde lejos se escuchaba la algarabía de los murmullos, justo ahí era la vuelta para el camino de regreso y el tapete de los 10K estaba apenas a unos metros. Tomé hidratación y bajé mi velocidad para poder usar mi gel de glucosa. Ahí me encontré con Paulina, compañera del grupo quien me rebasó. Terminé de tomar mi gel y le di alcance, un par de kilómetros me fui tras ella, aunque el tramo de ventaja se hizo más largo cada vez, hasta que a partir del kilómetro 15, la perdí.

Cuesta arriba

Miré como la gente comenzaba a poner sus puestos en la lateral llamaron mi atención. Cada corredor parecía llamar la atención de aquellos que acomodaban las cosas para comenzar la jornada. Un par de aplausos, un ¡vamos corredores! Y colocaban un banco aquí, una manta allá. Las imágenes de la gente se quedaban en mi interior como en cámara lenta. Incluso comencé a sentir cómo mis pasos se alentaban.

Estaba consciente de que aquello era la consecuencia de la estrategia de carrera que había elegido: correr rápido en bajada.
–Quizá deba cambiarla para el año que entra, pensé…. O quizá no.

Miraba las pendientes a los lejos y había una oleada de playeras rosas y azules montando esas olas de asfalto. Mis piernas entraban en ellas como los autos en las curvas: frenas al entrar, te dejas ir cuando estás dentro y aceleras cuando vas a salir. Eso hacía yo, sin querer, siempre pensando en aquello que había dicho el Coach “eres especialista en subir, ¡hazlo!” De pronto, aunque sabía que era más lenta que los primeros kilómetros y aunque veía como me dejaba atrás Paulina, sentía que encaraba esas pendientes como una verdadera luchadora. Mis piernas se sentían fuertes y podían incluso, acelerar en tramos y dejarse llevar. Sin duda, algo que no había sentido ninguna de las veces anteriores que había hecho esta carrera.

Cada que nos acercábamos en masa en un kilómetro, más y más personas salían a nuestro encuentro para gritar y bailar. Estirando la mano para chocarla con la nuestra, buscando entre tantos el rostro conocido, con el cartel por lo alto, para que papá lo vea cuando pase.

Varias veces miré que era el corredor quien se acercaba a saludar al descubrir que no lo habían visto, un beso un abrazo y a seguir subiendo. Y rápido esa porra se marchaba para verlo más adelante.

Los kilómetros se me iban alargando. Miraba a los lejos los pendones con el número y pensaba que no sólo el aire los movía de un lado al otro, sino hacia lo más inalcanzable. Estaba subiendo una pendiente, ya con el rostro desencajado y a un paso lento, cuando sentí una palmada en la espalda. Era Fabi, una amiga en Facebook que nunca había visto, pero que comparte conmigo la pasión de correr.

–¡Vamos, Mar!, gritó alentándome y luego de saludarme se alejó. Volví mi concentración a la carrera y comencé de nuevo la pendiente. Lo mejor de las subidas es que luego hay bajadas, y volví a dejarme llevar.

Estábamos muy cerca de la meta, quizá unos 4 kilómetros más arriba. No pasó mucho tiempo sin que me encontrara a alguien más. José Juan, quien me extendió la mano y me impulso a seguir. Me encanta encontrarme personas en las carreras, en especial a José Juan y Fabi, quienes son corredores y seguidores de mi blog y motivadores para mi y que sin embargo, apenas nos vimos unos cuantos segundos, antes de que cada uno se entregara a su ritmo. Yo agradezco en el alma el gesto de saludarme cuando me ven. Sigo en lo dicho, correr me ha dado lo mejor de la vida.

Estábamos ya cerca de enfrentar la última pendiente. Miré el pendón, era el 18. A mi derecha miré a Arturo que ya caminaba y me acerqué.

–¡Vamos, no te dejes vencer!, le dije y aceleró el paso. Comenzamos a entrar en la pendiente, él atrás de mí, de pronto, cuando miré hacia atrás una vez que estuve arriba, Arturo ya no estaba conmigo y no alcancé a verlo aparecer. Volví a la carrera que cada vez me exigía más. Un poco más adelante en el kilómetros 19, Vite se acercó a mí y me ofreció Gatorade, un hombre que iba junto a mí me dijo ¡Vaya, traes porra!  Y comenzamos a correr juntos. La marca del tiempo ya se escapaba de mi mente, no alcanzaba a hacer cuentas de que tan bien o mal andaba. Miré hacia arriba y observé que al final de la cuesta se veía una playera azul de Vo2Max, la gente ya se arremolinaba en la cuesta formando una valla humana cerrada. Estábamos cerca de llegar a PeriSur y su pendiente empinada.

Era Jess la que iba arriba cuando miré, me propuse llegar hasta ella aunque tuviera que correr rapidísimo y con las piernas agotadas. La alcancé ya cuando salíamos de los carriles centrales de Periférico y nos perfilábamos al último tramo de la competencia.

–¿Sabes si ya pasamos el 20?, me preguntó con voz agitada
–No, contesté, no vi el cartel. Íbamos a ciegas y yo jalando aire como si éste fuera a terminarse.

Entonces Jess comenzó a tranquilizarme, a administrar mi paso a darme ánimos. Tomamos la vuelta que nos llevaría al paso a desnivel directo a la entrada del Bosque de Tlalpan. ¡Le meta estaba cerca!

-Abre el paso, suéltate, gritó Jess. La bajada nos dio un aire nuevo. Entremos al túnel donde la gente descargaba ya toda su energía, era un griterío tal que parecía que nosotras dos éramos las primeras corredoras, aunque lleváramos a una multitud delante.

En la bajada, hacia el puente.

En la bajada, hacia el puente. A la izquierda yo, a la derecha, Jess.

Corrimos abriendo el paso, lo más posible. Miré el reloj, no podía creerlo, ¡estaba rompiendo la barrera de las 2 horas! y quizá podría entrar en 1:55, corrí, corrí, corrí. Rebasé, me metí entre dos corredores, parecía que escapaba de algo o que corría en pos de algo, sí, era un sueño, el sueño de hacer menos de dos horas en el Medio Maratón más importante de Latinoamérica.

Pasé el tope casi volando. La gente al lado de la ruta, gritaba ¿era a mi? Quizá no, pero yo sentía toda esa energía concentrada en mis piernas, intentando dar el último esfuerzo. Era un cierre más allá de mis capacidades o ¿acaso no conocía yo estas capacidades? Corrí, alcé las manos en un movimiento que parecía ser eterno. Puedo sentirlo aún ahora, un viento cálido acariciando la punta de los dedos. El sonido distorcionado en cámara lenta y entonces, al fin, crucé la meta. Paré el reloj en 1:56

Mi mejor marca en Medio 1:52
Mi marca en el Medio Maratón del Día del Padre 2:10 (cada año)
¡Vamos por buen camino, el camino de vencerme a mí misma!

Consideraciones finales

Leí días antes y días después enormes críticas al evento. Por supuesto, como en todo uno puede coincidir en unas y no estar de acuerdo en otras. A mi me pareció que la zona de recuperación estuvo bien, sí caminamos mucho, pero eso, después de 21, me parece que le viene bien a las piernas, aflojas y te recuperas. El paquete de recuperación me pareció excelente, no sé qué más espera la gente, ¿un desayuno en Vips o qué? No concuerdo con las críticas a ninguno de esos dos aspectos.

En lo que sí coincido es en que faltaron los Mariachis, aunque no voy a decir como todos que eso hizo que el ambiente fallara. Faltaron y punto, era un lindo detalle, pero el ambiente estuvo bien, perfecto, como siempre. Y por último que cobraran las fotos de entrada a la meta me pareció un exceso, como a muchos, aquí podrán decir “pero lo hacen en todos los países, en todos los eventos”, pues sí, pero nosotros no estamos en todos los países, sino en México, se me hizo demasiado vender dos fotos multitudinarias en 200 pesos… pro cada quien.

Por último, un enorme agradecimiento a Asdeporte, Mistertennis y Corredores del Bosque de Tlalpan porque durante la premiación rifaron cupones para ser canjeados por ropa deportiva y gracias al número 8885, fui la afortunada ganadora.
¡Nos vemos ahí el próximo año!

Infinitas gracias a Mistertennis, Asdeporte y Corredores del Bosque de Tlalpan por este obsequio :D

Infinitas gracias a Mistertennis, Asdeporte y Corredores del Bosque de Tlalpan por este obsequio :D

Fotos: Asdeporte y Misha


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.

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