Medio Maratón Tequila Jalisco: una carrera mágica de talla mundial


Este pueblo mágico abre las puertas para que cientos de corredores recorran su paisaje tequilero y sus calles empedradas en una carrera envuelta en magia y reto. No te pierdas la crónica si estás pensando en correrlo.

Me lo debía. Este medio maratón era una cuenta no saldada que tardó dos años en darme la revancha.
La primera vez que lo corrí, hace dos años, lo hice enamorada. De hecho no recuerdo un sólo kilómetro en que no pensara en la persona “objeto de mis amores”. Me fue pésimo, además, esa fecha marcaba una despedida. El 15 noviembre, sería la última vez que lo vería.

Y bueno, como esto es un blog de corredores y no de amores frustrados, vuelvo a la realidad.

Esta vez la fecha para celebrar esta justa deportiva fue el domingo 18 de noviembre, pero la aventura comenzó días antes, el 16 cuando comenzamos el viaje. Esa vez fui con mi Amiga Yadis, quien, como yo, corrió los 21k (había una carrera de 10). Nos fuimos en el autobús de Helen Sport, una empresa dedicada al transporte de corredores hacia cualquier carrera celebrada al interior de la República Mexicana.

Para quienes han viajado con ella, no les cuento nada nuevo, pero para quienes no, la verdad es que mi experiencia no es muy motivante. ¡Es el viaje más incómodo que he hecho en la vida!

Abordamos el autobús a las 11:00 de la noche en el Estado de México, en una zona conocida como La Covadonga. A unos 20 minutos de la Avenida Mario Colín. En este viaje, nos acompañaron Gaby, Lety, Cristopher, el Coach y toda su familia. Aunque varios del grupo correríamos, sólo unos cuantos optamos por esta forma de trasportación, ya que es barata e incluye el hospedaje.

Fue una noche terrible, entre que yo traía el cuello torcido y entre que no podíamos hacer el respaldo del asiento hacia atrás, pasé una noche de perro de la calle. Hicimos dos paradas durante la madrugada y por fin a las 9 estábamos en Guadalajara para desayunar y recoger los paquetes.

Como la decisión de correr el Medio fue tardía, no alcanzamos hospedaje en Tequila, por lo cual nos quedamos un día completo en Guadalajara para recorrer la ciudad. Fue una tarea literalmente maratónica. Cristopher, Yadis y yo caminamos mucho para conocer los lugares de interés de la segunda ciudad más grande de México y después de caminar todo el día pensé que no tendría fuerzas para echarme Tequila a la bolsa, afortunadamente, no fue así. De hecho hasta quedé sorprendida con mi desempeño.

Teatro Degollado en nuestra maratónica ruta turística

En fin que después de la turisteada, nos levantamos el 18 a las 4 de la mañana para vestirnos e iniciar el viaje hacia Tequila. Teníamos que estar antes del disparo de salida que fue a las 7 de la mañana, así que salimos rumbo al pueblo mágico más conocido en todo el mundo a las 5 am.

Y así comienza mi revancha. Me eché un Tequila en tu honor

Llegamos con el tiempo medido, apenas media hora para alistarnos y caminar hacia los bloques de salida. El autobús nos dejó en las afueras de la ciudad y cuando nos disponíamos a caminar hasta la el centro, donde estaba la salida de la carrera, me di cuenta que había olvidado colocar mi chip y mi número de competidor y que los había dejado al interior del autobús. Regresé hacia en donde se suponía estaría y mi sorpresa fue ver que se iba. ¡¡corrí como enferma hasta alcanzarlo!! Y después tuve que regresar a donde me esperaban impacientes Cris y Yad.

Coloqué mi número con prisa y caminamos hacia el centro de Tequila, donde otros miembros de Vo2Max que sí alcanzaron hospedaje, nos esperaban. Vi a Malili y le pregunté si al final de la prueba podíamos bañarnos, Yadis y yo en su habitación y nos pusimos de acuerdo para correr juntas. Había un problema: el Coach nos había dado pulseras de ranqueados para estar hasta el frente en el disparo de salida. Malili saldría atrás. Así que todo indicaba que no correríamos juntas.

La oficial

Nos despedimos y Yadis, Cris y yo nos encaminamos hacia los bloques y efectivamente nos dejaron pasar antes que a todos. Primero las damas, así que hasta los competidores Kenianos que al final hicieron el 1-2-3 nos dejaron pasar.

Salvo por la carrera Nosotras Corremos de Nike en que fui invitada VIP por haber ganado un concurso de crónica runnera, esta era la primer vez que salía con los punteros. Me parecía fascinante tener delante de mi a las kenianas, súper delgadas, con un colorzazo en la piel increíble, su cabello encrespado y pegado a la cabeza y sabiendo que serían las más rápidas. Sin embargo, la experiencia de salir al frente resultó una ¡Pésima idea! Bastó el disparo de salida para sentir como una ola de hombres me empujaban por intentar pasarme. De plano uno me hizo a un lado como señora en el metro hidalgo a las 8 de la mañana y casi caigo a un lado de las vallas antes incluso de haber corrido los primeros 100 metros. ¡¡me enojé mucho!! Entiendo que no soy la más rápida, pero iba pegada a la valla por el lado derecho, no había una razón para empujarme porque además aunque me empujara no tendría espacio para salir.

El arranque

Como fuera, no iba a caer ahí y no iba a pasar los próximos 21km pensando y quejándome de que me habían empujado, así que comencé a concentrarme en mi paso de carrera. Salimos de Tequila hacia la carretera y miré a los lejos una playera Vo2Max. Era Gaby, quien minutos antes había salido conmigo y otras chicas del grupo en la punta. Gaby es una excelente corredora, quien además venía del Maratón de Berlín con un excelente tiempo. Apreté el paso hasta quedar junto a ella. “Ya te alcancé, Gaby”, le dije y me decidí a completar la carrera a su lado.

Al principio mantenerle el paso fue cansado. Luego entramos a la primera y larga pendiente de la carrera. “Soy mala con las subidas”, me dijo y yo le contesté “yo también, pero estamos aquí” le mantuve el paso por varios minutos, hasta que llegamos al primer puesto de abastecimiento y la dejé atrás. Mis piernas me pedían ir más rápido y de pronto ya no la vi. Seguí subiendo bastante bien y sin sentirme cansada. La altrimetría de esta carrera es difícil y yo lo sabía, pero algo mágico estaba pasando que subí bastante bien.

Comencé a agotarme cuando llegamos a un punto en donde había un árbol grande y dos personas en una motocicleta que veían a los corredores con curiosidad. Entonces a mi lado volví a ver a Gaby, “no cabe duda que sabe volver de una mala racha” me dije, incluso en varios minutos se colocó adelante de mi. Cruzó por mi mente la idea de dejarla ir “ya no puedo más” me repetía mi mente, sin embargo, así como ella podía regresar, yo también podía tener el temple de ir tras ella. Así lo hice y pronto volvía dejarla atrás.

La ruta

Bajamos un poco. Ya era el kilómetro 6 y nos regalaban un descanso, fue entonces cuando miré regresar a los puntero: 3 kenianos, bastante cansados, subiendo por donde ahora yo bajaba. Su cara me hizo pensar que el regreso sería aún más pesado que la ida. Me pegué a la izquierda para ver a los siguientes corredores. Pronto apareció Beto, quien, cuando lo animé volteó a mirarme de tal forma que comprobé que la subida era peor a las que ya había dejado atrás. Unos minutos más miré al Coach y luego a Lore y a MariTó. Yo bajaba y ellos subían pero pronto se terminaría esa suerte.

Tras el breve descanso de bajada que habrá sido como de unos 500 metros, la subida había vuelto a marcar la ruta de este mi segundo Medio en el maravilloso pueblo Mágico de Tequila. Yo daba cada paso intentando mirar en dónde terminaríamos de subir, fueron dos kilómetros en subida de nuevo y justo cuando tomé la hidratación, ya para dar vuelta en el kilómetro 9 para el regreso escuché la voz de Juanito “Ya te vamos a alcanzar” volteé pero no alcancé a ver en donde venía, así que seguir corriendo.

Los Kenianos en el 1-2-3

Hacía un calor infernal. Yo no me había puesto bloqueador porque lo había olvidado, así que los hombros comenzaban a arderme. Cada que tomaba agua en un puesto de hidratación, me echaba un poco en la cabeza y los hombros para dejar de sentir cómo el sol me quemada.

Así continué por varios metros hasta que mi ánimo decayó un poco. El clima era terrible y parecía que estaba ya en una especie de trance. Fue entonces cuando Malili y Juanito me dieron alcance. “¡Quítate los audífonos!” me dijo Juanito y cuando lo hice, me echó agua en la cara. ¡Desperté! Entonces apretamos el paso juntos hasta lelgar a la primer pendiente de regreso. Ahí ya en el kilómetro 10 decidí tomar mi gel de glucosa. Me acerqué al puesto de hidratación, tomé una bolsita con agua y abrí mi gel. Me lo terminé. Unos cuantos pasos después, traía energía renovada y comencé a acelerar el paso por la pendiente en donde había visto a los Kenianos. Dejé atrás a Malili y a Juanito.

Estaba decidida a terminar esa carrera dando lo mejor de mi, pero mantener el paso era difícil debido no sólo a la inclinación de la ruta, sino también a que estábamos corriendo por un camino de terracería con muchas piedras sueltas. Me cansé y pronto comencé a correr lentamente. Juanito y Malili me dieron alcance y comenzaron incluso a correr mucho más rápido que yo. Me sentía cansada y pasó por mi mente la idea de dejar que se fueran, pero fue entonces cuando mi orgullo puedo mucho más que mi miedo. Hacía unos domingo atrás, cuando Juanito, Malili y yo planeábamos correr juntos esta justa, yo había comentado que no entendía por qué era más rápida en entrenamientos que en competencia. Entonces Juanito dijo que no tenía hambre de ganar, de ganarme a mi misma y de ganarle por lo menos a una competidora de mi categoría.

Ellos bajan, los demás subimos

Esas palabras se activaron cuando a mi izquierda miraba pasar a Malili y Juanito apretando el paso y dejándome atrás. Entonces dije, no, yo si quiero vencerme y con todas mis fuerzas me coloqué junto a ellos para seguirles el paso, esperando con todas mis fuerzas, poder ir a su ritmo el resto de la carrera.

Comenzamos el descenso e íbamos perfectos, mis piernas había recuperado al confianza en sí mismas y estaba decida a dar la pelea. Juanito apretó el paso, obligándonos a Malili y a mi a hacer lo mismo, él venía no sólo marcando el ritmo, sino además jalándonos para continuar. Pronto Malili comenzó a quedarse atrás. “Vamos Malili, no te quedes atrás” le grité y ella continuó, sin embargo, al ritmo que ya llevábamos, íbamos dejándola cada vez más lejos. Juanito frenó, me dijo “voy a esperarla” y entonces me fui sola.

Comencé a correr mucho más rápido, pues ya traía el ritmo impuesto por Juanito y así seguí durante la siguiente parte de la competencia. Llegamos al final del camino irregular y salimos a la carretera. El cambio de terreno me hizo detenerme un poco, además hacía mucho más calor abajo del cerro.

Miré a mi alrededor y noté a dos corredores, un hombre y una mujer, haciendo carrera juntos, los dos vestidos de negro. Mis pasos se hacían más lentos al tiempo que mis pies golpeaban el pavimento. Sin duda alguna la había pasado mejor corriendo sobre la tierra.

Disminuí mi paso y miré como los corredores de negro se alejaban. Tuve que irme hacia la izquierda intentando buscar un poco de sombra, aunque eso no me duró mucho rato, pronto volvimos a estar a pleno rayo del sol y sin agua. Ya cerca de la entrada del pueblo, unos niños se acercaban con bolsitas de agua para dar a los corredores y otros tantos estiraban su manita para chocarla contra la de nosotros.

Me encantan esos momentos de apoyo en una ruta. Estiré mi mano, la choqué contra la de un niñito de 6 años y luego tomé una bolsita de agua. “Mira mamá si me dio la mano” fue lo que alcancé a escuchar una vez que ya lo había dejado atrás.

Me sentía cansada, insolada y sedienta. Estaba a punto de bajar mi ritmo de carrera cuando pensé en todo lo que me había esforzado por dejar atrás a Juanito y a Malili, a quienes nunca les aguanto el paso en entrenamiento, pensé “no voy a dejarme vencer”. Seguí corriendo cansada, pero con todo lo que restaba hasta llegar a Tequila y dar la vuelta a la gasolinera en donde el camino hacia la meta, se abría paso. Mientras daba la vuelta, alcancé a verlos, a unos escasos 50 metros de mi, así que no vencerme era ya una cuestión de amor propio.

Corrimos por el empedrado hasta mirar el kilómetro 16. Cuando vi el cartel, mi ánimo decayó, sentía que había corrido mucho más, que ya iba cansada y que aún faltaba mucho. Mi pensamiento se sorprendió cuando la ruta se desvió hacia la izquierda en una nueva pendiente. La recordaba porque la había corrido anteriormente. Vino a mi mente entonces, aquella vez en que de plano ya iba con las manos hinchadas, y también recordé que de ahí, ya no faltaba tanto.

Me decidí a hacer la cuesta con el corazón y a pesar del cansancio, mis piernas resistieron muy bien. La verdad es que yo venía no sólo corriendo, sino también dando una pelea conmigo misma. Un parte de mi me pedía ir más despacio y la otra me gritaba que no podía dejarme alcanzar por Juanito y Malili. Llegué al final de la cuesta y comenzó el descenso, a los pocos metros, del otro lado miré a mis comañeros, seguían a escasos metros de mi. Animé a seguir a Malili, pues yo sabía que traía con qué dar la pelea.

Cuando terminé de bajar la calle, fui la más feliz al ver el letrero de los 19 kilómetros, para darme cuenta que aún entraríamos hacia la tequilera de José Cuervo. Ahí volví a ver a los corredores que vestían de negro y decidí darles alcance, la corredora apretó el paso y dejó a su compañero atrás, así que me decidí a ir tras ella y ya para cuando veníamos hacia a fuera, la alcancé y choqué con ella. “Lo siento”, le dije “intento ir a tu paso· y ella respondió “vengo tronada, tu vienes bien, dale más” así lo hice, salí de la tequilaza viendo ya el cartel de los 20 kilómetros y ahí pude ver a Gaby, la esposa del Coach tomando fotos y animándome. Ya estaba a casi nada, corría con todas mis fuerzas.

La ruta dentro de la Tequilera

Ya avanzábamos por las calles empedradas, con dificultad para mantener el paso, así que tuve que subirme a la banqueta y continuar por ahí la ruta. Pronto volvimos a salir a la calle principal en donde están todas las tiendas y yo me sentía grandiosa. Estaba a escasos metros de alcanzar mi meta cuando por fin las vallas cercanas a la meta hicieron su aparición. Yo venía corriendo con todas mis fuerzas pero intentando no pisar las piedras, las personas se arremolinaba a los costados de las vayas gritando a los corredores. Miré a Roberto con su paliacate al cuello y escuché cómo me gritaba “Vamos, Mar es lo último” y sonreí. Le hice una seña con la mano para que me gritara más y entonces, toda la gente a su alrededor comenzó a gritarme y animarme. Fue un momento grandioso. Apreté mi paso, la corredora de negro tras de mi, yo con todas mis fuerzas en mi cierre y entonces crucé mi meta. 2:05 marcaba el reloj. Wow, dos minutos menos que en Querétaro, 5 menos que la vez pasada y para el terreno que habíamos corrido, me sentí como si hubiera sido la primera en llegar a la meta.

¡Ya no me debes nada, Tequila! Y sin embargo, te digo que volveré a correrte y a disfrutarte y a pensarte. ¡Amé correrte este año!

Lo que pesó después

Caminé hacia la zona de abastecimiento y tomé agua. Ahí esperé a Juanito y a Malili para chocar nuestras palmas “Bien corrido” fue el saludo que nos dimos los tres cuando llegamos. Avanzamos hasta recibir nuestras medallas y luego a donde estarían los demás compañeros y nos recibió Adrián con un choque de Palmas “Amo esos entrenamientos en cuesta” le dije “gracias por eso” y se rió.

La medalla

Entrenar pendiente es sumamente agotador y la verdad me choca porque termino hasta adolorida, pero ese domingo, después de haber corrido en un terreno así, más de la mitad de una carrera, esas cuestas de los jueves, fueron una bendición pues gracias a ellas, había podido mantener ese paso.

Poco a poco llegaron los demás Vo2Max y tomamos una foto. Luego cada quien se fue a su hotel a cambiar para la premiación (en que por supuesto estuvieron algunos compañeros Vo2Max. Cris y yo nos quedamos esperando a Yadis, quien comenzaba a preocuparnos. Llegó, llegó cansadisima pero feliz de cruzar la meta.

El equipo después de la carrera

Cuentas saldadas

Para mi, esta aventura en Tequila era más que necesaria, obligatoria. Me la debía a mí misma por no haberla hecho la primera vez y por todo lo que alrededor de ella había sucedido el primer año que la corrí. Me trajo enormes recuerdos y ala vez fue inmensamente diferente, lo que me da nuevos aspectos que recordar con mucha más alegría.

Quiero Agradecer a mi amiga Yadis que fue conmigo a esta aventura y quien ya prometió volver para hacerlo mejor, tal vez el año que entra. También quiero agradecer a Cristopher por su paciencia con Yadis y conmigo en nuestro paseo en Guadalajara y por todas las tonterías que dijimos e hicimos ese día. ¡Nos divertimos como locos!

Aquí, sólo faltó una cosa: Sandra, te extrañamos. No fue lo mismo sin ti.


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.