Tercer Eco Medio Maratón de Tajín


Por Mariana Fonteboa
TT @Barbie_runner

Era como entrar a una burbuja de vapor caliente que me impedía respirar con normalidad y sin embargo me mantenía corriendo…

Una bruma de vapor se levantaba ante mi mirada, todo lo que veía era esa espesa capa de calor que no me permitía respirar con normalidad. Tras el silencio del camino, lo único que podía oír era la dificultad con la que mis pulmones jalaban el aire caliente que me rodeaba, era agotador y asfixiante , sin embargo, me mantenía corriendo; abstraída, enfrascada en una pelea que se levantaba en mi mente queriendo abandonar. No, no era un sueño, eran apenas los primeros kilómetros del medio maratón de Tajín, exigiéndome no sólo a nivel físico, sino también a nivel mental.

Pero el reto había comenzado varios minutos antes…

Llegamos a Tecolutla el sábado por la mañana. Yo jamás había viajado a Veracruz, así que el paseo me resultaba espectacular. Conocimos el Río Tecolutla y la playa, que ya para la hora en que llegamos estaba llena de gente. Todo era una sorpresa para mi. Desde la maravillosa vista en la carretera como el estar disfrutando esos momentos entre amigos. Estuvimos buena parte del día ahí, cubriéndonos del sol para luego viajar hacia Tajín.

Nuestro hotel se encontraba en una zona conocida como El Chote, así que pasamos buena parte de la tarde perdidos entre los caminos y el calor, hasta que, ya entrada la noche pudimos llegar. Decidimos ir a Papantla para saber desde dónde saldría la ruta y el recorrido que, unas cuantas horas después haríamos en el coche para llegar a nuestra prueba. El calor no era muy fuerte, pero a pesar de la noche, se sentía. Cuando por fin regresamos al hotel a descansar, comenzó al tormenta.

Yo pensé que aquella lluvia copiosa era benévola con nosotros y que por tanto, al día siguiente mientras corríamos, el calor sería minúsculo. ¡Qué inocencia!

Domingo

Despertamos a las 5 y nos alistamos para ir hacia Papantla. Nos habían dicho que cerrarían las calles a las 5:30 así que teníamos que llegar temprano. De alguna forma, el tiempo se nos escurrió entre las manos y apenas tuve algunos minutos para trotar un poco e irme a los corrales.

Todavía no comenzaba a correr y ya sudaba copiosamente. Estaba en las primeras filas, escuchando la austera bienvenida a los corredores, las recomendaciones y saludos. Estaba nerviosa porque había leído algunas crónicas sobre lo terrible de la ruta, pero estaba ahí para probarme una cosa: mi capacidad para correr el maratón de Tamarindo en Costa Rica, un clima similar.

Salida del Medio Maratón en Papantla, Veracruz

Salida del Medio Maratón en Papantla, Veracruz

Se escuchó el disparo de salida, crucé el tapete y accioné mi reloj. Mis pies no habían ni recorrido 50 metros cuando ya estaba en una pendiente, aún dentro de Papantla. Todos corriendo a una velocidad que me era imposible alcanzar. Iba subiendo a un ritmo calmado cuando se emparejó a mi Juan, el esposo de una de mis amigas “Todos empezaron muy rápido”, me dijo y era verdad. Yo me había quedado atrás. Subiendo lentamente. De pronto el primer puesto de hidratación. El calor ya era fuerte y aún no había salido el sol. Estiré la mano y me dieron una botella completa de agua, tomé un sorbo y me la llevé… “¿para qué cargas cosas?”, preguntó Juan, “ comenzaste a cargarla y baste el ritmo”. La dejé entonces en el pavimento, pensando en lo que sería de los siguientes kilómetros con el tema de la hidratación, quizá en algún momento de la ruta me arrepentiría de no haber llevado esa botella de agua…

Juan, Mica y todos me abandonaron. Me quedé intentando correr lo más rápido posible en medio de un día nublado con un calorón y aún no comenzaba lo bueno. Me sentía pesada, sudorosa, mojada y con una gran falta de aire. Recuerdo a mi mente decirme una y otra vez “¡No quiero ir a Costa Rica”! Pronto ya estábamos en una bajada, era increíble, sólo dejarme llevar y los kilómetros se iban sumando. La carretera era amplia y la vegetación era leve. De alguna manera estos detalles hacían que el calor fuera menos intenso… hasta que…

Entramos en una pequeña carretera, muy angosta y una especie de selva nos envolvió. Mi primer recuerdo es mirar a los corredores que venían delante de mi, sumergirse en una nube de vapor que me impedía seguirlos observando. Era como una neblina calurosa que no nos dejaba ver más allá de unos cuantos pasos. Me asusté. ¡Los de 21 sigan derecho, los de 10 vuelta a la derecha!, escuché y miré a Juan que venía de regreso. Él correría sólo 10K. “Malili ya se te fue,” me dijo, “¡Sí la alcanzas!” Fue el grito que se quedó en mi mente cuando por fin, yo entré en esa nueve de vapor…

Y ahí estaba yo, sin compañía, entre ese calor entrando a mis pulmones, la soledad de la ruta y mis pensamientos. De alguna forma extraña escuchaba mi corazón y mi respirar. Era como si estuviera dentro de mi misma, intentando salir para tener aire fresco. Entonces sólo podía pensar en que no podía ir más rápido, en que Costa Rica era imposible y que tenía que regresar. Estaba corriendo adentro de un sauna, y por tanto mi ropa ya estaba tan mojada que era literalmente como traer piedras. Añoraba a cada paso los puntos de hidratación, no sólo para beber agua, sino para mojarme la cabeza y la cara. Cada que pasaba uno, veía a los corredores de adelante dejar las botellas en el suelo con apenas haberles dado un sorbo… sí, era un error no dar el agua en bolsitas.

Tercer Eco Medio Maratón de Tajín

Tratando de dar mi máximo esfuerzo durante la retadora ruta

Así transcurrían los kilómetros… no estaban marcados, así que era una suerte de adivinanza pensar en qué kilómetro iba, sólo tenía la certeza de que en las mesitas que eran los puestos de hidratación habría un cartel que quizá más o menos sería exacto en el kilómetro en que íbamos. Me sorprendía lo que iba viendo en el camino: vegetación cada vez más densa y algunos pequeños ranchitos donde la gente nos miraba pasar sin el mayor asombro; vacas pastando, perros que cruzaban el camino sin importarles nuestra presencia, niños jugando y mucha pobreza. Así es México, contraste tras contraste. Y aunque no tenga nada que ver con correr, eso hería mi corazón.

Conforme pasaban los kilómetros y el regreso no se veía por ninguna parte, mi mente se concentraba en la ropa que traía: la camiseta me pesaba y en el short parecían estar atadatadas dos piedras, mi ropa estaba empapada en sudor. Pensaba “quítate la playera y sigue corriendo” pero luego recordaba la gorra, los lentes sobre mi cabeza y se me hacía complicado detenerme. ·”¿Dónde llevaré la playera si me la quito, en la mano? ¡Será peor” Pronto noté que los punteros venía al otro lado. Me concentré. Miré primero a Charly, iba en quinto, luego a Beto y así fui viendo a mis compañeros de equipo volver por el camino que yo apenas andaba, entre respiraciones cortas y un calor insostenible. Mary, Cristopher, Malili y Toñita y a otros tantos que no pude ver. Toñita iba a escasos 100 metros detrás de Malili y recuerdo haberle gritado que la alcanzara. Ellas dos en particular me llevaban por lo menos un kilómetro de distancia. Por fin llegué al retorno, creo que era el kilómetro 13, al menos era lo que podía calcular basándome en el tiempo que llevaba corriendo y en los escasos carteles que avisaban en qué distancia nos encontrábamos. Me prometí alcanzar a Toñita y Malili.

Había que recorrer el camino de regreso entre columpios, bajadas y subidas. Seguía mi mente pensando en la posibilidad de quitarme la playera. Recorrí algunos kilómetros en solitario con la mirada clavada hacia delante, para ver a Maili o a Toñita, simplemente habían desaparecido, entre el vapor y lo lejos que iban de mi, simplemente no podía verlas. Curva tras curva, en subida o bajada, intentaba mirar si alguien portaba la playera de la Marea Azul.

Conforme mi mirada alcanzaba aún más allá y mi respiración mejoraba, noté que la bruma pesada comenzaba a subir, permitiéndome jalar más aire que se sentía un poco menos caliente. Aún cuando el calor no había disminuido en nada, al contrario, era más fuerte, ya podía respirar sin tanta dificultad, además no había sol. Fue cuando por fin pude apretar mi paso. Me pegué a un chavo de playera fosforescente, subía a su paso y luego lo dejaba atrás en las bajadas, era mi conejito o pacer personal: tratando de aguantar su ritmo tenía la esperanza de alcanzar a las chicas. Pensaba esto cuando en una curva miré una playera azul ¿será Toñita?, pensé y comencé a apretar el paso. Por momentos la perdía de vista, luego la volvía a ver pero no estaba segura, la única forma de saberlo era llegar hasta ella.

Logré alcanzarla con un gran esfuerzo y al pasar junto a ella le dije, ¡vamos por Malili! Pero ella no quiso ir conmigo. El chico de la playera fosforescente seguía siendo mi rabbit sin saberlo, pero en una subida, me dejó atrás. Estaba yo dispuesta a darme por vencida, debido al cansancio, pero decidí volver, ahora con la mirada clavada en él. No dejé de mirarlo, subida tras subida y bajada tras bajada y en cada curva. Hasta que lo vi pasar junto a Malili y rebasarla. “Si hubiera aguantado su ritmo, ya la hubiera alcanzado” pensaba cada vez que la veía alejarse de mi.

Seguí corriendo. De alguna manera comencé a sentir que me acercaba, aunque no quería cansarme demasiado, así que mantuve el ritmo. Del chico que sin querer fue mi conejo, no supe más. Me concentré en llegar hasta mi amiga que aunque ya podía ver, se encontraba lejos. Fueron varios kilómetros de un gran esfuerzo. De pronto comencé a notar que salíamos de la parte selvática. Estábamos muy cerca del cruce donde los de 10k habían regresado. Yo seguía atenta a cada punto de hidratación, pensando que quizá no encontraría agua. Para mi buena suerte, alcancé agua siempre. Pero tuve que dejar las botellas casi llenas, intentando que si alguien de atrás necesitaba agua, tomaría de la mía.

De pronto una subida pequeña que anunciaba que ya estábamos cerca. Lo siguiente era una recta que conducía hacia Tajín y por ende hacia la meta. Miré a Malili, cada vez estaba más cerca pero yo no podía darle alcance. Intenté acortar la distancia entre ella y yo lo más que pudiera para en el cierre alcanzarla o pasarla.

Ese último kilómetro se me hizo eterno. A lo lejos veía un montón de gente que cerca de una manta se aglomeraba y yo pensaba que aquello era la meta. Me concentré en llegar a ella, pero el camino se alargaba. Aunque cada paso me acercaba más a Malili. Sin embargo, a unos cuantos metros pude ver a Beto “Ay no” pensé “la va a jalar”. Mis posibilidades de alcanzarla con Beto, era muy pocas, así que intenté apretar el paso para emparejarme con ellos.

Tercer Eco Medio Maratón de Tajín

Malili y Beto cerrando

Beto marcó un paso muy rápido y yo hacía enormes esfuerzos por mantenerme cerca. Corrí pegada atrás de ellos y cuando nos acercábamos a la manta, noté que esa no era la meta y que aún había que dar vuelta a la derecha.

Entramos por un camino a lo que ya era la zona arqueológica y ahí no aguanté más. Disminuí mi paso y Beto y Malili lograron sacarme varios metros. Estaba vencida y decidida a cruzar la meta después.

Estando unos 10 metros atrás, comencé a notar que a lo lejos había mucha gente, pensé entonces que la meta estaba cerca, así que intenté apretar el paso. Corrí lo más rápido que pude y en una curva, pasé a Malili…

Grave error, pues la meta no estaba ahí y no estaba cerca, aún faltaba correr un tramo en un camino de terracería que, por la lluvia, era un lodazal, así que tuve que mantener el ritmo rápido, mientras me fijaba por donde pisar para evitar resbalarme. Y así, con el corazón al mil, crucé la meta. 1:55 marcaba el reloj. No había sido mi mejor tiempo, pero en verdad fue el Medio maratón más demandante del mundo.

Tercer Eco Medio Maratón de Tajín

Con mi medalla de la más dura prueba que haya corrido hasta ahora.

“No, no quiero ir a Costa Rica, pensé”. Y aún me faltaba correr Córdoba…

Tercer Eco Medio Maratón de Tajín

Tercer Eco Medio Maratón de Tajín


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.

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