Trail de Villa del Carbón 2016


Por Mariana Fonteboa
TT @Barbie_runner

Eran las 9 de la mañana y la Presa El Llano, con sus puestos de café y quesadillas nos recibía con frío, sí, pero con un sol espectacular. Desde ahí correríamos 14 kilómetros por veredas, subidas, magueyales y bosques antes de llegar a ese Pueblo Mágico que alguien llamó alguna vez Villa del Carbón.

Miré la presa detenidamente mientras tomaba el sol en lo que sería la salida del Trail de Villa del Carbón. No era la primera vez que lo corría, así que sabía muy bien a lo que me enfrentaba. Pero también sabía que no iba preparada. Aún así, aquella tierra, aquella agua se convertirían en mi primera experiencia de running en el año, así que había razones de sobra para disfrutarla en cada paso.

La Presa El Llano

La Presa El Llano

Lo mejor de ese día es que habría alguien a quien quiero mucho corriendo esa misma ruta: Sandy, mi amiga. Cris comenzaría en el pueblo para hacer la ruta de los 26 kilómetros, así que de alguna forma me sentía sola esperando el disparo de salida. El tiempo transcurrió rápido y algo pasadas de las 10 esperábamos con ansia el sonido que nos haría salir, literalmente como balas a conquistar la meta de esta ruta que sí, es Sólo para Salvajes.

La carrera comienza con un kilómetro estrecho que lleva a los corredores a dar una vuelta completa a la presa, pasando por escaleras, rampas, puentes de madera y hasta saltos por el agua. Yo sabía que ni de broma podría hacer el tiempo del año pasado, así que me rendí a la sensación de observarlo todo.

Trail de Villa del Carbón

Con Sandy

Había viento frío, pero el sol calentó la ruta. Una vez que salimos de la presa y comenzamos por el camino de terracería me di cuenta que había cometido el error de no llevar lentes y sí demasiada ropa. La naturaleza es así: un año hace un frío espantoso y al otro, el sol está en pleno. Así que me quemé la cara. En principio, me acompañó sobre la ruta Malili, una compañera Vo2 máx, pero al cabo de unos cuantos kilómetros ella me dejó atrás, sobre todo porque buena parte de ese tiempo corrimos en subida.

Cansada y respirando con dificultad debido a mi poco entrenamiento y al frío, comencé a quejarme. Así fue como conocí a Lety, una chica muy amable que vive en Villa del Carbón y quien me acompañó gran parte de la carrera.

Lo mejor de este trail es que todo es sorpresa: no sabes en qué kilómetro estás, ni en cual te darán agua, ni en donde habrá gente, porra o perros animándote a ir más rápido. La parte buena es que hay muuuuucho espacio para ir al baño.

Parte de la ruta recorre un valle en donde hay casas muy pobres, ahí un grupo de niños ya se preparaba felices para aplaudir y gritar el “sí se puede” a todos los corredores. Es la mejor parte de la ruta. Es como si fueras un artista de cine que llega a una ciudad para protagonizar una serie de entrevistas. Todos te reciben como si se tratara de un acontecimiento importante.

Pronto comenzamos a bajar por un sendero estrecho. Ahí vimos a los primeros corredores de 26 que iban hacia la Presa El Llano. Los gritos eran de poyo total al número uno: Eugenio, quien entró a la meta unos cuantos segundo adelante de mi, sí el hizo 26 en el mismo tiempo que yo corrí 14.

No me importaba el tiempo que llevaba corriendo. Me paré y tomé fotos del paisaje cada que me dio la gana, también le di apoyo a los que corrían en sentido contrario. Hasta ahí el ánimo iba al tope aunque mi paso era lento. Lety y yo platicábamos como si nos conociéramos de hace años.

Pronto llegamos a la temible Cuesta de enero. Como podrán imaginar por su nombre, es un camino empinado que muy difícilmente puede ser recorrido corriendo. Este año me costó más trabajo que el anterior, así que lamenté el haber comenzando el año echando la flojera. Subí lentamente concentrada en lo que veía al mirar hacia arriba y pensando en la hermoso valle que comenzaba en la cima.

Trail de Villa del Carbón

Después de la “cuesta de enero”

Por ahí, mientras intentaba apretar el paso, me detuve a sentir el sol en mi cara combinado con ráfagas de viento helado. Tomé algunas fotos, incluso algunos corredores que iban hacia la presa se detuvieron a preguntarme por la ruta.

-Una bajada enorme los espera, les comentaba y ellos lo agradecían mucho porque llevaban mucho tiempo subiendo.

Pronto el valle comenzó a bajar por un sendero estrecho, el sol se iba escondiendo a medida que los árboles se hacían más altos. Estábamos por fin en el bosque y aunque no había señalización, yo sabía que eran los últimos kilómetros.

El silencio de la ruta, interrumpido sólo por los pasos de algunos corredores que se acercaban a mi para rebasarme, era reconfortante para mi alma. Podía escuchar mi respiración, calmada en las partes planas y agitada cuando subía. De vez en vez estiraba los brazos para tocar la maleza y la hierba crecida apenas mojada por un tenue rocío que el sol no había alcanzado a secar.

Trail de Villa del Carbón

Con Lety, la amiga que hice mientras iba corriendo

Era un momento hermoso. Me hacía a un lado cuando otros corredores llegaban y no apretaba el paso: estaba decidida a seguir disfrutando de la soledad del bosque.

-Pensar que no querías venir, me dije a mi misma mientras me acercaba al final del trayecto.

Ese soliloquio que venía cantando en mi mente de pronto dejó de escucharse para dar paso a un voz que me era familiar.

-Faltan 3 kilómetros me dijo. Era Lupita, la mamá de una de las chicas del grupo de corredores al que pertenezco. Verla ahí, sentada con su cámara apuntando a los corredores y animando a todos, fue como gasolina para mis piernas. Seguí el sendero un poco más rápido, el bosque parecía no tener fin, pero de pronto como en una de esas películas de túneles, la luz del sol comenzó a ser mucho más clara. Llegamos a la carretera y con eso al inicio de la ruta por el pueblo, atrás había quedado el bosque.

Trail de Villa del Carbón

En el bosque

Subimos por una calle empedrada. La memoria me jugó muy chueco porque no recordaba lo dificil y larga que sería la ruta desde ahí. Troté muy lento. Una chica subió conmigo a paso lento. Cuando terminó el empedrado, comenzamos a subir por otra calle un poca más estrecha pero pavimentada. Al inicio un grupo de 7 niños de todas las edades y estatura imaginables gritaban con sus vocecitas a los corredores y estiraban sus manitas para estrecharlas con nosotros. Tuve que correr en diagonal para alcanzarlos, pero no podía dejar pasar ese lindo momento en donde te contagian su alegría por vivir.

Seguí subiendo. Entramos a un calle estrecha y yo sabía que ahí, doblando la esquina la meta estaría cerca. Llegué lentamente y luego cuando ya se escucha al sonido local dando la bienvenida, comencé a cerrar con la energía que quedaba. Adelante de mi, de camiseta roja Eugenio, el ganador indiscutible de una carrera Sólo para Salvajes. Y como dato: la ha ganado 3 veces.

Ficha técnica del Trail de Villa del Carbón:

Organización: Excelente.
Paquete de corredor: Regular (la playera es enorme y no hay chip).
Ruta: Excelente. Está bien marcada y es retadora
Paquete de recuperación: Excelente. Además de la tradicional agua, te dan cerveza y fruta.
Hidratación: Mala. Hay sólo dos puestos en toda la ruta. Lleva tu hidratación.
Medalla: Regular. No es muy vistosa, pero la agradecerás cuando te la cuelgues.
¿Te recomendamos correrla?: Definitivamente.

 


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.

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