¿Vivir o tener?


¡Te ha pasado que todos dicen que tu único tema de conversación es el maratón o tu próxima carrera?, ¿qué logra el running que toda la gente prefiere hablar de eso que de sus objetos personales? Aquí una editorial: Del quiero TENERLO al quiero VIVIRLO, la diferencia entre ser ordinario y ser distinto.La opinión de una corredora que solo habla de correr.

En estos tiempos, donde la loca carrera por comprar cosas ocupa gran parte del pensamiento de la gente y de sus conversaciones, me parece pertinente tomarnos un tiempo para hablar de lo valioso de la vida. La verdad es que no pretendo hacerla de “evangelizadora”, sin duda alguna me falta mucho por aprender, pero creo que correr me ha dado ciertas pautas para sentir lo que verdaderamente importa. Aquello que otros escriben o describen para hacernos cambiar de rumbo, yo lo vivo a diario cuando mis piernas vuelan el asfalto.

En las últimas semanas he escuchado cientos de veces la misma conversación sobre la compra de un refrigerador de 17 pies que, además, ya hasta amerita la toma de fotografías. Las tres mujeres que hablan del tema hasta ovacionan “ooooH qué lindo” “¡wow que oferta!” y yo pienso ¿neta son tan huecas para llevar 3 semanas hablando de algo así?

Mi vida no es digna de una biografía, me queda claro, pero hace años, un día de lluvia como los que hemos tenido últimamente mi mente se hizo consciente de lo que llevaba unos minutos haciendo: estaba corriendo. Corría por lo que queda del Bosque de los Remedios, en el parque La Hoja, cuando aún crecían los girasoles silvestres a un lado de “la pista” que los corredores del norte de la ciudad habíamos hecho con nuestros pasos y recuerdo haber pensado: “wow, estoy corriendo, mis piernas son fuertes, casi podría decir que me despego del suelo y mis manos y brazos se llenan del rocío de las flores tras la lluvia” y agradecí. Juro que agradecí a Dios la infinita bendición de ese día y de tanto otros en que me permite ver esas cosas tan hermosas.

Corro hacia el amanecer y eso me permite ver las estrellas, ok, son pocos las que lograr verse en esta gran ciudad pero las veo, también suelo mirar la Luna que me acompaña en gran parte del trayecto y luego miro salir el sol ¿cuántas personas pueden ser así de afortunadas? Y si corro con más suerte aún, puedo ver los volcanes, eso que ya no se ve cuando la mayoría de la gente ya está en el auto yendo a trabajar.

Cada vez más, la gente está absorta en lo nuevo, en lo que ofrece la tecnología: celulares “inteligentes” ipads, ipods, ¿refrigeradores? Pantallas planas y un montón de cosas materiales, que deberían figurar como herramientas, no como objetivos, no como vivencias, por qué de hecho ¿son vivencias? Yo no cambiaría nunca en el mundo la sensación de entrar a una meta totalmente fatigada después de haberlo dado todo por un refrigerador o un iphone, por más lindas que estas cosas sean.

Hace años la gente salía a mirar las estrellas, se fascinaban por esas luces diminutas que alumbraban la tierra y se preguntaban sus nombres, la distancia a la que estaban, por qué aparecían en ciertas épocas del año. Esa curiosidad llevó al hombre a estudiarlas, a darle forma a las constelaciones. La Luna, el objeto de miles de cuentos y leyendas, la Luna de queso que aún fascina a los científicos ha dejado de ser importante para dejar pasar al smartphone, el ipad, las computadoras portátiles.

He comido en restaurantes donde he visto familias enteras sin hablar entre ellos, absortos en las maquinitas estas. Y sí, lo acepto, son maravillosas, pero ¿qué tipo de experiencia o sensación aportan a la vida? ¡estoy desvariando!

Es cierto, cada persona elige su forma de vida y tampoco puedo decir que está mal comprar cosas. Yo misma tengo un auto al que he cuidado mucho y es importante para mi, pero no es mi vida. También tengo un celular que se ha caído 20 mil veces y tengo un ipod con el que corro todos los días. Para mi, son mis herramientas porque al comprar estas cosas no compro la vida. Esa es la diferencia para mi entre tener y vivir.
Vivir es experimentar el cuerpo, las sensaciones, aquellas que cosas que te hacen vibrar, que te ponen la piel chinita, que te retan a mejorar tu temple, tu espíritu. Tu ser más allá del cuerpo. No lo voy a negar, comprar mi auto y salir de la agencia con él fue sensacional, pero jamás podría decir que eso es tan espectacular como haber cruzado la meta del maratón llorando de alegría.

Sin duda, además de correr hay un montón de cosas importantes que me generan sensaciones de vida: conocer nuevos lugares, ir al bosque, oler el campo, sentir la lluvia en mi rostro, el sol. Abrazar a mi gente cercana, a mis seres queridos, mis perrijas incluidas.

La gente en mi trabajo dice que soy aburrida porque hablo de correr o porque me apasiono de las cosas. Sigo pensando que no podría vivir de otra manera. He encontrado en correr esa forma de alimentar mis sensaciones, de experimentar retos, de ganar y de fracasar también; de levantarme y caer y levantarme de nuevo. De amar el poder hacerlo, amar a Dios, amar la vida, sentirme viva y diferente, de ser yo misma, de dejar de ser ordinaria para ser diferente.

Correr tal vez no lo sea todo, pero para mi son los pasos que me llevan a construirme día con día, reinventarme, agradecer la vida y experimentarla. Para mi, esa es la diferencia entre tener y vivir y eso me convierte, junto con otros tantos amigos corredores, en un ser extraordinario.


Acerca de Mariana Fonteboa

Mariana Fonteboa es Periodista egresada de la UNAM. Se ha desempeñado como editora web para diversas publicaciones. Sus distancias favoritas son Medio Maratón y Maratón, con tiempos de 1:52 y 3:47 respectivamente. Actualmente se desempeña como jefa de contenidos y comunicación interna en Grupo GIN y en sus ratos libres es editora de este sitio.

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